La Iniciativa de Budapest para el Acceso Abierto (2002) definió el “acceso abierto” como la disponibilidad gratuita de archivos cientı́ficos para ser consultados y reutilizados sin
restricciones legales, técnicas ni financieras. La Declaración de Berlı́n sobre Acceso Abierto al Conocimiento en Ciencias y Humanidades (2003), lo ratificó como garantı́a de acceso al trabajo
para usarlo, copiarlo, distribuirlo, transmitirlo y exhibirlo; ası́ como para crear y distribuir
obras derivadas con fines responsables.
Tales declaraciones surgieron en medio de un debate en torno al acceso al conocimiento
cientı́fico, técnico y humanı́stico, cuando la mercantilización del saber enturbiaba los procesos
de producción académica, de forma que los centros de investigación encontraban obstáculos
para acceder a las publicaciones. Como resultado, comenzaron surgir iniciativas de acceso
abierto en diferentes lugares del mundo, lo que marcó un hito en la democratización del
conocimiento.
Años después, la discusión tomó otro cariz en medio de la pandemia por la COVID-19,
cuando organizaciones como Creative Commons abogaron por una mayor adopción de polı́ticas de acceso abierto para atender la emergencia sanitaria. El panorama ha cambiado tanto, que en 2022 el gobierno estadounidense aprobó un mandato para liberar las publicaciones cientı́ficas financiadas con recursos públicos. Con lo cual, resulta claro que el acceso abierto es también
una cuestión de justicia humana.
Hoy, la Recomendación de la UNESCO sobre la Ciencia Abierta (2021) concibe el “conocimiento cientı́fico abierto” como uno de los pilares de la ciencia abierta, junto con
infraestructuras, comunicación cientı́fica, participación y diálogo de saberes. El conocimiento
cientı́fico abierto incluye publicaciones cientı́ficas, datos y metadatos, recursos educativos,
programas y equipos informáticos de código abierto. Por lo tanto, ya se cuenta con un concepto
que abarca y sistematiza diferentes prácticas de conocimiento libre en una categorı́a común.
Si bien se han logrado avances en el acceso a la investigación, aún quedan asuntos
pendientes. Parafraseando a un conocido activista del software libre, el propósito del acceso
abierto es que el conocimiento sea “libre” en el sentido de “libre expresión” y no solo de “libre
consumo”. El programa de democratización del conocimiento sigue vigente en áreas como
género, jerarquı́a, inclusión ciudadana, financiamiento, procesos de investigación, formación de
agenda e intercambio geopolı́tico, entre otros.
En más de 10 años de existencia, la Revista Conocimiento Libre y Licenciamiento
(CLIC) ha hecho parte del esfuerzo de democratizar el conocimiento en forma y fondo,
dado que contribuye a que vean luz los resultados de investigaciones con temas o contextos
socio-territoriales especı́ficos. Con ello aporta al diálogo de saberes en el marco del acceso abierto y la ciencia abierta.
Saludamos este nuevo número de la Revista Conocimiento Libre y Licenciamiento
(CLIC), que sigue con la misión de impulsar la ciencia abierta y la democratización del conocimiento,
e invitamos a todas y todos a contribuir con el proyecto editorial apoyando su crecimiento y
divulgación.
Santiago Roca
Comité Editorial