Fundamentos geopolı́ticos del conflicto por la Guayana Esequiba

Fundamentos geopolı́ticos del conflicto por la Guayana Esequiba


Geopolitical grounds behind the conflict for Guayana Essequiba


David BastardoORCID logo1

Instituto de Estudios Avanzados, Miranda, Venezuela1

dbastmart@gmail.com1

Fecha de recepción: 10/09/2024

Fecha de aceptación: 15/10/2024

Pág: 2 – 34

Resumen

De todas las controversias relacionadas con los lı́mites fronterizos de Venezuela, la reclamación histórica por el territorio de la Guayana Esequiba es la más longeva y compleja. Múltiples variables geopolı́ticas, históricas y geológicas hacen que la conformación de esta región sea notablemente intrincada en el espacio geográfico de América del Sur. Una serie de adversidades limitó la polı́tica exterior de Venezuela desde décadas antes de la negociación del disputado Laudo Arbitral de Parı́s de 1899, en tanto que el paı́s procuró reiteradamente concertar junto a Gran Bretaña una reconciliación en la disputa territorial que respetase los lı́mites geográficos establecidos por la Monarquı́a Hispánica con la Real Cédula de 1777. A resultas de la negociación del Acuerdo de Ginebra de 1966, Venezuela y la Guyana independiente han coexistido en un estado de permanente tensión geopolı́tica, alternado con una bilateralidad funcional, y esa tensión se ha visto agravada en los últimos años. La mayorı́a de los estudios que se han propuesto abordar este problema lo han hecho desde el enfoque historiográfico o jurı́dico, limitándose a una comparación del derecho de los tratados para explicar las causas del conflicto. El aporte de este trabajo reside en el enfoque teórico especı́fico de la geopolı́tica, entendiendo la teorı́a en el marco del Orden Mundial del siglo XXI y su proceso actual de transformación desde la unipolaridad hacia la multipolaridad. Abordando las causas geohistóricas de la conformación polı́tica de la Guayana Esequiba, este estudio ofrece nuevos medios para comprender el conflicto desde la perspectiva de Venezuela.

Palabras clave: geopolı́tica, Guayana Esequiba, multipolaridad, relaciones internacionales, Venezuela.



Abstract

Out of all controversies surrounding Venezuela’s border limits, the historic reclamation for the Guayana Esequiba territory is by far the oldest and most complex one. Different geopolitical, historical and geological variables render the formation of this region notoriously intricate within the South American geographic theater. A series of adversities limited Venezuelan foreign policy for decades before the negotiations that led to the disputed Paris Arbitrary Award of 1899. During this period, Venezuela repeatedly attempted to accomplish a diplomatic solution to the territorial dispute with Great Britain’s acquiescence. Its ultimate goal was to enforce recognition of Spain’s original territorial governance of Guyana per the Royal Decree of 1777. Ever since the negotiation of the Geneva Accord of 1966, Venezuela and independent Guyana Essequiba have co-existed in a state of permanent geopolitical tension, which alternates with a functional bilateral relationship. This tension, however, has exacerbated in recent years. Most of the studies that have tackled this issue have dealt exclusively with historiography or jurisprudence, specifically analyzing the conflict by comparing the treaties and international legislation. This paper’s contribution lies in the theoric focus, which specifically deals with geopolitics, understanding the theory in the framework of the 21st century’s World Order and its current process of transition from Unipolarity to Multipolarity. By taking on the geohistorical causes and the political formation of Guayana Esequiba, this study offers new means of understanding the conflict from Venezuela’s perspective.

Key words: geopolitics, Guyana Essequiba, multipolarity, international relations, Venezuela.



Esta obra está bajo licencia CC BY-NC-SA 4.0

Introducción


Sin restar importancia a las particularidades del contexto latinoamericano, que son comprometedoras, es necesario aclarar que con el nombre de “geopolı́tica” se designa a una escuela de pensamiento polı́tico, geográfico y de Filosofı́a de la Historia que se gestó en Europa durante el siglo XIX, y que está enraizada con el positivismo filosófico y la teorı́a de las Relaciones Internacionales (Renouvin y Duroselle, 2000). Esta disciplina, no obstante, no está limitada por su origen, sino que se ha extendido desde entonces al interés conceptual de todos los paı́ses, gracias a la aplicabilidad universal de sus premisas. Se atribuye al geógrafo prusiano Ratzel (1896), en primera instancia, una teorı́a precursora de la influencia de la geografı́a y los caracteres permanentes del relieve, que estudie la influencia que estos agentes ejercen sobre las decisiones polı́ticas, la conformación y desaparición de las sociedades y sus cuerpos polı́ticos, además de la dinámica entre actores internacionales. La obra original de Ratzel se tituló Una historia de la humanidad, y su influencia sobre disciplinas como la geografı́a, la antropologı́a, las Relaciones Internacionales, ası́ como la sociologı́a polı́tica, continúan siendo fundamentales hasta el dı́a de hoy.

Resumiendo los principios de la teorı́a geopolı́tica, Renouvin y Duroselle (2000, p. 15) señalan lo siguiente:

La vida de los grupos humanos está sujeta a la influencia del clima, el relieve, la hidrografı́a, la calidad de los suelos y la naturaleza del subsuelo, que determinan las caracterı́sticas de la vegetación y las condiciones de los recursos minerales; también depende de las facilidades de circulación, más grandes por la vı́a acuática que por la terrestre.

Es ası́ como se admite la validez de una serie de supuestos esenciales: la presencia de un rı́o, por ejemplo, es indispensable para la conformación de las ciudades, y por lo tanto de las unidades polı́ticas (Chamberlain, 1911). Hay factores clave que diferencian las sociedades continentales de las que surgen en islas, penı́nsulas o archipiélagos, y estos factores determinan el modo en que estas sociedades comprenden las prioridades de la polı́tica y el desempeño de los cursos históricos, cómo administran y explotan los recursos naturales, o cómo interpretan y clasifican a los grupos humanos (Ratzel, 1896). En el mismo ámbito, Renouvin y Duroselle (2000, p. 15) dicen que “la historia de las sociedades humanas, trátese de sociedades primitivas o de sociedades organizadas en el marco de un Estado, no puede nunca olvidar el examen de las condiciones geográficas”.

En la época contemporánea, merced a la influencia de la tradición idealista de la filosofı́a, diversas disciplinas adoptaron el método hegeliano de emitir juicios predictivos sobre la historia, siempre que el comentario a emitir partiera desde un postulado epistémico que tome en cuenta estas caracterı́sticas esenciales (Hegel, 2004). Aunque este enfoque no es inmune a la crı́tica, ello no ha evitado que diferentes exponentes del positivismo y del idealismo hicieran sus contribuciones en este sentido. Para Ortega y Gasset (Spengler, 1928), la geopolı́tica o geohistoria no es la única teorı́a que presenta este modelo. De manera que la sı́ntesis entre análisis geográfico e histórico de Ratzel (1896) se compagina con el histórico-antropológico de Chamberlain (1911), o el histórico-civilizacional de Spengler (1928).

En tiempos más recientes, autores de diferentes corrientes han procurado ampliar el alcance de esta teorı́a para confrontar los problemas del orden internacional posteriores a la disolución de la Unión Soviética, en 1991. Encontramos, entre ellos, a Huntington (1997), que renueva los argumentos de la teorı́a civilizacional teniendo en cuenta los desafı́os del siglo XXI, y a Todd (2024), que directamente responsabiliza de las crisis recientes de la globalización a Occidente y a la pretendida Unipolaridad hegemónica de Estados Unidos. Por otro lado, Dugin (2011) postula que la solución a la crisis de la sociedad global es la consolidación de un Orden Mundial Multipolar, lo que exige abolir la hegemonı́a atlántica-norteamericana y establecer una valoración igualitaria de las civilizaciones conforme a sus fuerzas profundas.

En el curso de esta investigación, las premisas de la teorı́a geopolı́tica y geohistórica servirán de enfoque para determinar las causas fundamentales del conflicto por la Guayana Esequiba, el más antiguo y continuo de Sudamérica y, en particular, de la historiografı́a de Venezuela. Se puede hacer eco del postulado de Ratzel (1896, p. 33) al señalar que: “La concepción geográfica de lo que rodea (a los pueblos), ası́ como las consideraciones históricas de su desarrollo, tienden a ir emparentados. Solamente combinando ambos elementos puede formarse una estimación correcta”. En el caso de Guayana, se observa que la presencia de comunidades indı́genas aborı́genes, como arawakos (llamados aruacos por los españoles) y waraos, se compagina con el asentamiento progresivo de conquistadores españoles y expedicionarios holandeses (Ojer, 1982), y esta movilidad humana precede a la conformación de las identidades polı́ticas estadocéntricas que dan fruto a la controversia contemporánea sobre el territorio (R. Rojas, 1965).

El desafı́o principal que enfrenta la teorı́a de la geopolı́tica abarca la relación del medio fı́sico y las relaciones internacionales, más precisamente entre Estados. La influencia del medio fı́sico se observa casi de modo universal en el comportamiento de los pueblos, y ası́ como éstos se ven afectados a nivel etnológico o psicológico, también se transforma el potencial de poder de los Estados a partir de las caracterı́sticas fı́sicas de su territorio (Renouvin y Duroselle, 2000). Comúnmente se observa que los Estados con mayor presencia de recursos no renovables tienden a revestir interés de las potencias mundiales, que compiten activamente en el sistema internacional (Mearsheimer, 2024). Sin embargo, lo opuesto también sucede: al carecer de los medios fı́sicos para su propia manutención, Estados poco favorecidos por la naturaleza construyen alternativas que compensen estas deficiencias, y ello explica, desde un punto de vista geohistórico, el interés de las potencias europeas por Guayana y Venezuela. De tal manera se explica también el poderı́o naval de casos como el antiguo Imperio Británico, o el Imperio Japonés previo al fin de la Segunda Guerra Mundial (Renouvin y Duroselle, 2000).

En tanto que disciplina, las Relaciones Internacionales se dividen en distintas escuelas de pensamiento polı́tico, que han establecido entre ellas los denominados ‘Grandes Debates’ a nivel epistemológico, relativos a los fundamentos de la polı́tica internacional (Benneyworth, 2011). Generalmente, los albores de la teorı́a de las Relaciones Internacionales se atribuyen al fin de la Primera Guerra Mundial y la firma del Tratado de Versalles; sin embargo, lo cierto es que el fenómeno de las relaciones internacionales (en minúscula) es tan antiguo como la polı́tica en sı́ misma (Renouvin y Duroselle, 2000).

La geopolı́tica constituye una de múltiples teorı́as que componen el orden gnoseológico de las Relaciones Internacionales. Corresponde a esta vertiente el análisis de la influencia de la geografı́a y de la historia natural en la composición y el desempeño de los Estados. A partir de juicios lógicos fundados en premisas universales que comprenden de manera razonable este tipo de influencia, la teorı́a en cuestión ofrece una forma verosı́mil de predecir los cambios históricos.

Para la presente investigación, se ha elegido el problema de la Guayana Esequiba debido a la prioridad que representa para Venezuela en términos de su interés nacional, ası́ como la longevidad y permanencia del conflicto (Ojer, 1982). Como se explicará en los apartados siguientes, la Guayana Esequiba venezolana es una entidad tan antigua como la propia unidad polı́tica que conocemos con el nombre de Venezuela (R. Rojas, 1965). La historia de acciones diplomáticas que el Estado venezolano moderno ha emprendido en la procura de recuperar este territorio no ha rendido el éxito esperado, y las causas de dicho fenómeno constituyen el interés de este artı́culo. En el curso de estas páginas se demostrará que las causas del conflicto sólo se comprenderán acertadamente desde la teorı́a de la geopolı́tica, contemplando todos los aspectos presentes en este enfoque, incluyendo las caracterı́sticas inamovibles del relieve, la complejidad etnosociológica de la región, las particularidades del teatro de operaciones sudamericano, la insuficiencia de la actuación particular de los Estados, y la composición del Orden Mundial Unipolar que ha impedido, desde el final de la Guerra Frı́a, una repatriación efectiva de la Guayana Esequiba al Estado venezolano.


Método


La presente investigación se ha basado en una metodologı́a de tipo analı́tico y descriptivo, con enfoque cualitativo, como corresponde a la teorı́a geopolı́tica y a las Relaciones Internacionales. Se consultó la bibliografı́a más autorizada de la teorı́a, apoyando los argumentos en fuentes historiográficas pertinentes.

Asimismo, la metodologı́a de esta investigación ha optado por utilizar tanto fuentes teóricas clásicas como contemporáneas. Esto permite fortalecer el enfoque del estudio, sin encasillar el problema en caracterı́sticas históricas o temporales. Del mismo modo, al contar con referencias epistémicas fundamentales, el análisis de las variables geopolı́ticas en el caso del conflicto por la Guayana Esequiba permitió reconocer los factores contemporáneos y el rol que desempeñan en el marco más general de la teorı́a.

Se accedió también a publicaciones internacionales contemporáneas sobre la etnosociologı́a de Guyana, lo que dio paso a un análisis comparativo entre esta y la Guayana Esequiba de origen hispánico, que ha sido históricamente reclamada por Venezuela.


Particularidades y relieve de la Guayana Esequiba


Parte de la vasta extensión territorial que involucra a los actuales Estados de Venezuela, Guyana y Surinam, el territorio conocido históricamente como Guayana ha suscitado gran interés de cartógrafos y exploradores desde comienzos del siglo XVI (Ojer, 1982). Donis (1961)atribuye a España directamente la conformación de los primeros proyectos cartográficos del área, obstaculizados por diferencias de interpretación que adjudicaban al territorio prodigios milagrosos y escatológicos. No obstante, debe hacerse énfasis en la división interna de la Guayana conforme se conoce actualmente, la cual complejiza notablemente la distribución y percepción geográfica de acuerdo a factores naturales y geológicos.

De acuerdo con el Diccionario de Historia de Venezuela de la Fundación Empresas Polar (en adelante FEP), “Guayana es una tierra antigua y homogénea que se encuentra rodeada por los grandes rı́os Amazonas y Orinoco y por el océano Atlántico.” Debido a aspectos relativos a su composición geográfica, es posible denominar a la Guayana Esequiba como un saliente fluvial, “una gran isla entre el océano y los 2 rı́os que se comunican extrañamente para rubricar su insularidad” (FEP, 2008, p. 260).

Si bien las expediciones aventuristas holandesas no discriminaban la composición territorial, lo que actualmente conocemos con el nombre de “Esequibo” hace referencia a una demarcación geográficamente diferenciada, ubicada al oeste del Orinoco y al este del rı́o que comparte su nombre, bautizado de este modo en alusión al conquistador Juan de Esquivel (R. Rojas, 1965). En diferentes momentos se ha señalado que la denominación “Guayana Esequiba” obedece a la tradición hispánica más bien que a la cartografı́a, por lo que puede hablarse, sin malinterpretaciones, de un término politizado con rasgos de “impropiedad lingüı́stica” (FEP, 2008, p. 260). Sin embargo, acaso debido a la disparidad existente entre el poderı́o polı́tico y militar español después del siglo XVI, los primeros grabados cartográficos producidos por los conquistadores sólo derivaron en una forma autorizada con otras reproducciones siguientes (Friede, 1961).

Aunque la región se conoce con el nombre del rı́o Esequibo, lo cierto es que múltiples rı́os convergen de modo prominente en ella. Notablemente, una parte cuantiosa del territorio guayanés escurre hacia el rı́o Orinoco a lo largo de varios rı́os menores, entre ellos el Amacuro y el Barima. En un tenor similar, distintos rı́os que integran el sistema deltaico del Orinoco convergen directamente en el Esequibo, como es el caso del Guainı́a o Guaminı́, ası́ como el rı́o Moruca, también llamado Moroco. Este último desemboca ya en el Océano Atlántico, mucho más hacia el este; sin embargo, se intercomunica por el canal de Morajuana con el Guainı́a y el Barima, por lo que forma parte del mismo sistema fluvial (FEP, 2008).

En relación a la etimologı́a del nombre “Guayana”, la hipótesis más aceptada afirma que es una voz indı́gena que significa “tierra de aguas” (Cardozo, 1983). Quien mejor elabora este punto es Ojer (1982, p. 9) en su libro Sumario histórico de la Guayana Esequiba, cuando fundamenta las reclamaciones venezolanas por el territorio argumentando: “Hasta el nombre mismo (de Guayana) es venezolano, porque Guayana, término que aparece en la exploración del Orinoco por Diego de Ordaz (1531) correspondı́a originalmente a la cuenca del Caronı́, llamado por los indios Caronı́cuar, es decir salto del agua”. Esta denominación cobra un sentido polisémico, si se considera que Guayana no sólo está rodeada por las aguas de los rı́os que conducen a ella, sino que también está regada por grandes lluvias. De acuerdo con el Diccionario de la FEP (2008), la Guayana Esequiba es una de las regiones geográficas que reciben la mayor cantidad de precipitaciones pluviales de la Tierra. En lo que a la nomenclatura se refiere, se habla de Guayana para referirse a la región histórica conforme a su acepción hispánica y amerindia, mientras que “Guyana” es la transliteración inglesa adoptada en tiempos de la Guayana Británica (R. Rojas, 1965).

Además de las vastas cuencas del Amazonas y del Orinoco, la Guayana Esequiba es atravesada por muchos rı́os de considerable magnitud, generalmente desde el sur hacia el norte. Las tierras guayanesas se encuentran cubiertas de una floresta muy espesa y tienen propensión a desembocar en el mar por rápidos o saltos que se suceden unos a otros. Las tierras de esta región tienen también la particularidad de no ser muy altas, y esta caracterı́stica influye en la convergencia simultánea de las aguas (FEP, 2008).

Como ocurre con todos los contextos geográficos densamente compuestos de boscosidad y con deltas de rı́os, penetrar al interior de la zona resulta extraordinariamente complejo. A causa de esta particularidad, la Guayana Esequiba se ha conservado históricamente agreste y con una presencia humana muy escasa. A lo largo del delta subacuo y subaéreo, los depósitos de barro y las aguas estancas reciben el vasto flujo de sedimentos que vacı́an los grandes rı́os de la zona (FEP, 2008). Toda la costa de la Guayana Esequiba tiene esta caracterı́stica (Ojer, 1982).

Es importante aclarar que la mayorı́a de la costa de la Guayana Esequiba se encuentra más allá de los lı́mites reclamados históricamente por Venezuela. Sin embargo, al tratarse de un contexto geográfico móvil y profundamente interconectado, no es posible aislar las caracterı́sticas geográficas del mismo según el caso. La costa de la Guayana Esequiba se divide entre los rı́os Esequibo y Corentı́n, que latinizamos de este modo para evitar la acepción francófila “Courantyne”, con la que se ha buscado desarraigar el territorio del contexto hispanoamericano. Los nativos de las islas del Caribe han descrito la costa esequibana como “una planicie de barro”, según recogen los documentos históricos (FEP, 2008, p. 260).

La composición geológica de la costa guayanesa está hecha en su mayorı́a de las arcillas formadas en los depósitos aluvionales procedentes del Amazonas, que las corrientes empujan al oeste de la región. Este proceso tiene lugar a lo largo de cientos de kilómetros, impulsado por las corrientes oceánicas. En términos estrictamente naturales, esta costa se compone de vegetación, de ciénagas y de manglares. Sin embargo, la intervención sostenida del ser humano a lo largo de la historia ha alterado el ecosistema con el fin de establecer plantaciones fértiles de arroz y de caña de azúcar. Este proceso ha implicado un considerable costo económico y humano, teniendo lugar tanto en la época colonial como en la etapa contemporánea (FEP, 2008).

Resulta de interés que la mayorı́a de las plantaciones de cultivos en la Guayana Esequiba se encuentran por debajo del nivel del mar, prodigio que puede atribuirse a cómo se han implementado las innovaciones heredadas de la administración holandesa del territorio. La construcción de una muralla marina, o seawall, frente al Océano Atlántico ha impedido que la vaguada inundase los lugares de los cultivos. Asimismo, las fincas establecidas entre la muralla y los pantanos más agrestes del territorio se extienden por varios kilómetros, distribuidas a lo largo de dos niveles de canales, uno superior en el que tiene lugar la irrigación y el transporte de bienes y personal en barcazas, más uno inferior de drenaje, Ambos canales son conectados por ductos, en un frágil sistema logı́stico de interconexión.

Cuando hay marea baja, un sistema de compuertas ubicado en la boca de los rı́os Esequibo y Corentı́n se abre para dar paso a las aguas dulces. De la misma manera, las compuertas se cierran durante la marea alta para evitar que el mar penetre al interior. El seawall que cubre toda la costa de la Guayana Esequiba es responsable de retener las aguas dulces que buscan el mar, proceso que es indispensable para la manutención de la vida y de la irrigación en el territorio (FEP, 2008).

Teniendo en cuenta los factores geoestratégicos presentes en el territorio esequibo, debe hacerse mención aquı́ de la presencia de actores no estatales en la administración de los recursos guayaneses. En el Diccionario de Historia de Venezuela (FEP, 2008, p. 260) se lee:

Es obvio que tal sistema de cultivos supuso y supone grandes inversiones de capital que, si bien son compensadas por la mantenida fertilidad de los suelos, no puede ser enfrentada individualmente sino en asociación con otra institución poderosa como una compañı́a azucarera, una cooperativa, o una agencia gubernamental que financie el sistema de drenaje.


Los indicadores de desarrollo del territorio guayanés, incluyendo la polı́tica doméstica de la actual República Cooperativa de Guyana en cuanto a Estado, parecen respaldar este enunciado. De forma paralela a la actuación del Estado, compañı́as transnacionales y multinacionales dedicadas a la extracción petrolera, principalmente de origen estadounidense y europeo, se han dedicado a explotar y administrar recursos a lo largo de esta distribución geográfica con aquiescencia de las autoridades. La necesidad de esto se debe, por una parte, a la gobernabilidad interna del Imperio Británico durante el siglo en que administró el territorio de la antigua Guayana holandesa, ası́ como a la complejidad de factores caracterı́sticos del terreno (Dugin, 2023).

No obstante, a pesar de estos elementos, no puede hablarse de una técnica de contención marı́tima similar en la zona en reclamación, que comprende especı́ficamente la margen izquierda del rı́o Esequibo y el Guainı́a, donde no puede hablarse de muralla marı́tima. Tres rı́os: el Kukenan, el Pomerún, o Pomerón, y el Moruca, o Moroco, cubren la zona de la faja costera, anterior a la desembocadura del Orinoco (FEP, 2008).

Las plantaciones de arroz presentes en esta región cuentan con protección de la marea, gracias al sistema de desagües “trenchas”, que drena las aguas salobres, ası́ como a diferentes estructuras artificiales terrestres erigidas para proteger la zona. En esta región especı́ficamente se encuentra concentrada en su mayorı́a la población del Esequibo, cuya composición etnológica procede de la región del Indostán, y, en virtud de su ascendencia y de comunicarse en lengua inglesa, no posee caracterı́sticas identitarias asimilables al continente (FEP, 2008).

Respecto a la composición etnográfica de la región, debe hablarse de cinco grupos étnicos principales en todo el territorio guayanés, incluyendo los habitantes de la República Cooperativa de Guyana. Esta distribución se origina en los tiempos de la administración británica del territorio, y está compuesta de indostanos, africanos, amerindios, europeos (de nacionalidad británica y portuguesa), y chinos. En total, conforman una población de 804.567 personas distribuidas en la costa, la cual alberga 90 % de toda la población guayanesa (Harry, 2024).

Incluso en la literatura guyanesa contemporánea se percibe un descontento social con la forma en la que el Estado ha permitido que empresas transnacionales y multinacionales exploten los recursos del territorio. Aunque el impacto macroeconómico de estas inversiones repercuta a largo plazo en la calidad de vida de las personas, lo cierto es que, lejos de la autoridad polı́tica conferida por la propiedad pública de los recursos, la situación genera inseguridad e insatisfacción en la identidad nacional guyanesa (Harry, 2024).

En tiempos recientes, la creación del Bloque Stabroek a cargo de la Exxon Mobil, entre otras contingencias del mismo orden, anuncian una apertura inevitable del Estado guyanés a los intereses corporativos no estatales en la dinámica internacional (Ferrer, 2023). Sin embargo, un análisis historiográfico completo revela que los planes para convertir la economı́a guyanesa en una fuente de materia prima para Occidente datan desde, al menos, la década de 1990 (Medovárov, 2023).


Gobernanza y distribución polı́tica de la Guayana Esequiba antes de la historia republicana de Venezuela


Si bien la historia natural del actual territorio venezolano es más antigua, la historia polı́tica generalmente se registra a partir de los comienzos del perı́odo colonial, entre el siglo XVI y el XVIII (Perera, 2006). Al señalar esto, no se desestima la autonomı́a ni la identidad de las comunidades aborı́genes, sino que se hace hincapié de manera especı́fica en la continuidad del cuerpo polı́tico — es decir, la forma polı́tica concreta que gobernaba el territorio colonial — del que procede la identidad nacional venezolana que, después de la independencia en el siglo XIX, se asocia con el Estado-nación que existe dentro del mismo territorio en la época contemporánea.

En términos etnográficos, los primeros habitantes del territorio de lo que más tarde se llamarı́a Guayana Esequiba presumiblemente fueron las etnias warao, a las que siguieron las arawaco y las kalina (o caribes continentales) (Edwards y Gibson, 1979). Existen diversas teorı́as etnológicas concernientes al desplazamiento y asentamiento de las etnias aborı́genes en el enclave guayanés. Para Rogozinski (1979), lo más probable es que las comunidades continentales en el territorio actual de Venezuela se desplazaran por las corriente de los rı́os Esequibo y Orinoco hacia tierra firme, finalmente asentándose en las islas, donde serı́an reemplazados por tribus guerreras Caribe, lo que se corresponde con su posterior composición etnográfica. Ojer (1982) señala que las tribus arawakos fueron comprendidas por los españoles con el gentilicio Aruaco, y que, durante gran parte de la administración colonial, esta fue la designación etnográfica más aceptada y común.

Aclarados estos puntos, es necesario resaltar un aspecto crı́tico de la administración polı́tica de Guayana y su relación con Venezuela. A lo largo de la historia polı́tica del territorio venezolano, la Monarquı́a Hispánica estableció diversos departamentos regionales para la administración de las provincias, aunque muchos no habrı́an de sobrevivir con el paso del tiempo y, a fines del siglo XVIII, en 1777, se crearı́a la Capitanı́a General de Venezuela mediante un decreto real de Carlos III de Borbón. No obstante, el departamento de Guayana tiene antecedentes tan antiguos como el propio siglo XV, encontrándose entre una de las identidades geopolı́ticamente definidas más antiguas, no sólo de Venezuela, sino de todo el continente (FEP, 2008).

El antecedente jurı́dico más importante para la reclamación de la Guayana Esequiba es el Tratado de Tordesillas, elaborado por el Papa Alejandro VI el 7 de junio de 1494. Si bien este tratado no era reconocido por todas las potencias de la época, el principal efecto que produjo fue la distribución bipartita de las tierras americanas entre España y Portugal, y este hecho habrı́a de definir significativamente la polı́tica colonial de ambas potencias ultramarinas (Kennedy, 2004). Entre las disposiciones de este tratado, ası́ como de las bulas papales anteriores de Alejandro VI, España tenı́a posesión legı́tima de las Guayanas y de la cuenca amazónica (Ojer, 1982).

Asimismo, Ojer (1982) señala que el viaje de reconocimiento emprendido por Alonso de Ojeda a lo largo del litoral venezolano, acaecido en 1499, resultó en la toma de posesión de toda la costa guayanesa hasta Paria. El primer mapa elaborado por los españoles fue elaborado en 1500 por el timonel Juan de La Cosa, integrante de la expedición de Alonso de Ojeda, en el que figura la región que más tarde se conocerı́a con el nombre de Esequibo, bautizado como “rı́o de la Posesión desembocando en un mar de agua dulce” (Ojer, 1982, p. 9).

El nombre del rı́o Esequibo fue puesto por los corregidores españoles, en alusión a Juan de Esquivel, uno de los lugartenientes de Diego de Colón, quien fuera almirante de las Indias u primer avistamiento a Esquivel, durante el tercer viaje de Cristóbal Colón en 1498 (R. Rojas, 1965).

Los primeros intercambios comerciales entre los pobladores de la isla de Margarita y los de Guayana datan de 1538, proceso con el que también tuvieron lugar expediciones de reconocimiento hasta el saliente de la isla. Hay evidencia que señala que la presencia española en el rı́o Esequibo se remonta a 1553, “llegando hasta los primeros saltos a unas 55 o 60 millas de la costa” (R. Rojas, 1965, p. 7); sin embargo, la fiabilidad y solidez de esta presencia es disputada por algunos autores de la historiografı́a colonial, como Ojer (1966) y Perera (2006).

La familia Quesada de corregidores dirigirı́a múltiples expediciones hacia el territorio de la Guayana a partir de 1541, siendo el primero de ellos Hernán Pérez de Quesada. Esta empresa, descrita por Ojer (1966, p. 468) como “dirección doradista” de la expedición neogranadina, estableció en el territorio de Guayana una corregidurı́a regida drásticamente hasta que, dos siglos más tarde, darı́a paso a formas de gobernabilidad más complejas con los primeros acuerdos entre holandeses y españoles.

Ya en 1569 se registra que Gonzalo Jiménez de Quesada, corregidor español y hermano de Hernán, obtuvo una capitulación emitida por la Audiencia de Santa Fe para la conquista y el gobierno de la región entre los rı́os Pauto y Papamene en la provincia de El Dorado. Sin embargo, la empresa acabarı́a por desempeñarla su sobrino polı́tico, Antonio de Berrı́o, producto de una capitulación de 1582. Como resultado de las expediciones de este proyecto, Antonio de Berrı́o atravesó los llanos del Casanare entre 1584 y 1594, cruzando el Orinoco y logrando salir hasta el Atlántico (FEP, 2008).

En 1582 se produce también una expedición comercial desde Margarita encabezada por Jorge Griego, que los autores han atribuido menos a la iniciativa de corregidores por encontrar indicios de El Dorado que a una práctica de intercambio mercantil posibilitada por la amistad entre arawakos y españoles. Margarita y los primeros asentamientos de la isla cultivaban una versión del mito de El Dorado que lo ubicaba en Guayana, pero éste no resultó tan atractivo para los exploradores como los yacimientos de perlas en la propia isla (Ojer, 1966).

Conforme se lee en R. Rojas (1965), los corregidores españoles levantaron en 1591 el fuerte de “El Burgo”, en el punto de confluencia entre los rı́os Cuyunı́ y Mazaruni. A esto seguirı́a la instalación de cinco fuertes adicionales en 1596. Vale la pena referirse a Ojer (1966) por el detallado análisis que proporciona en torno a la evolución sucesiva de las expediciones previas a las empresas de Guayana. La existencia de esta región y sus mı́ticas propiedades no supuso mayor interés para los margariteños o cubagüenses debido a la extracción de perlas, razón por la cual los navegantes de las islas vadeaban la región de la Guayana o la trataban utilitariamente sin interesarse por poblarla. Esto habrı́a de cambiar con la llegada de Antonio de Berrı́o y sus llamadas “jornadas”, entre las que destaca la fundación de Santo Tomé de Guayana en 1595, ciudad que serı́a la capital de la provincia del mismo nombre. Es aquı́ donde encontramos el vı́nculo geohistórico directo con la reclamación del Estado venezolano respecto al territorio de la Guayana Esequiba, tomando en cuenta la antigüedad incomparable de estos acontecimientos, sin mencionar que las incursiones holandesas al oeste del rı́o no empezarı́an antes de 1595 (FEP, 2008).

Sin embargo, también es imprescindible recordar al lector que el problema de la reclamación histórica no se limita a la antigüedad de la presencia en el territorio, sino especialmente a la institucionalidad visible en la administración polı́tica de las provincias, ya que esto sirve lo mismo como argumento jurı́dico del utis possidetis iuris que como un antecedente para la composición territorial del Estado.

La motivación principal de Berrı́o para incorporar el vasto enclave guayanés a su expedición residı́a en el mito aborigen de El Dorado, puesto que la administración colonial creı́a que se hallaba dentro de Guayana, al punto de que el Departamento de Guayana también era conocido como Departamento de El Dorado (Brewer-Carias, 2020). De este modo, se justificaba polı́ticamente incorporar la región al gobierno hispánico, hecho que forjarı́a el antecedente polı́tico más importante de la administración local con respecto al territorio (FEP, 2008).

Existe un vı́nculo histórico importante entre la Guayana Esequiba y la isla de Trinidad, ya que ambas integraron originalmente el territorio de Venezuela y constituı́an, por estimaciones geográficas de los conquistadores, el mismo sistema fluvial. A tal respecto, la razón que se esgrimió fue que el rı́o Orinoco, llamado entonces Barraguán, conducı́a las aguas de dos rı́os que comenzaban en Guayana: el Pauto y el Meta. A su vez, las aguas del Orinoco conducı́an al Atlántico, desembocando en la costa de la isla de Trinidad, de lo que se deducı́a que era un mismo rı́o, y que el mismo interés geográfico unı́a a la región. Esta justificación fue planteada por Jiménez de Quesada y condujo a conflictos polı́ticos dentro de la administración colonial con el gobierno de Cumaná. Sin embargo, fue respetada, a pesar de que casi duplicaba la capitulación original de 400 leguas cuadradas en un territorio tan vasto que abarcaba desde Casanares hasta Trinidad (FEP, 2008).

Más tarde, durante la corregidurı́a de Agustı́n de Arredondo, la administración trinitaria durante la colonia pasó a llamarse “Trinidad de la Guayana”. No obstante, esto tendrı́a una nueva modificación, puesto que la región de Guayana, sin Trinidad, pasarı́a a incluirse dentro del departamento de Nueva Andalucı́a, según la Real Cédula de 1729. Trinidad se convertirı́a tiempo después en una administración insular independiente, con lo que Guayana conservarı́a su unidad territorial (FEP, 2008).

Parte de la historiografı́a venezolana dedicada a la provincia de Guayana se ha propuesto deslegitimar la pretendida soberanı́a española sobre el territorio. Se lee en Perera (2006), como parte de la investigación documental del poblamiento y colonización de la Guayana española, que más del 60 % de la superficie territorial sobre la que formalmente gobernaba la Monarquı́a Hispánica continuaba sin explorarse ni conocerse hacia el siglo XVIII, por no decir que los esfuerzos geográficos por cartografiar la provincia desmentı́an cada vez más la mitologı́a utopiana de El Dorado que justificó el expansionismo durante los dos siglos anteriores.

A mediados del siglo XVIII, tendrı́a lugar un acontecimiento decisivo: el Tratado Hispano-Portugués de 1750, que pondrı́a fin a los lı́mites fronterizos de ambigua determinación establecidos más de dos siglos antes por el Tratado de Tordesillas. A este acuerdo seguirı́a la Expedición de Lı́mites, con la que tendrı́a lugar el ordenamiento definitivo de Guayana como región bajo la administración hispánica (R. Rojas, 1965).

Con el Tratado de 1750, los lı́mites coloniales de Portugal quedaban confinados al Amazonas, alterando los términos de Tordesillas, y esto representa otro importante antecedente geohistórico de la unidad del territorio, puesto que las únicas dos potencias que entonces se distribuı́an la autoridad de la región eran España y Portugal. Si bien los mapas holandeses del territorio esequibo existı́an desde un siglo antes, no entraban dentro del mismo cálculo de intereses geoestratégicos (FEP, 2008).

Desde 1754, los esfuerzos de colonización española serán progresivamente más laicos, abandonando el modelo de las órdenes monásticas precedentes (Perera, 2006). Una consecuencia directa de la Expedición de Lı́mites y el Tratado Hispano-Portugués fueron los progresos en poblamiento de la provincia de Guayana, con notable expansión hacia el este. Estos esfuerzos se sumaron a proyectos cartográficos igualmente exitosos, si bien el objetivo inicial de la expedición era delimitar de manera efectiva las fronteras territoriales entre España y Portugal.

En 1761-1762 sucede un importante cambio en la configuración polı́tico-territorial de Guayana, puesto que el comisario de Lı́mites y futuro gobernador de la provincia de Venezuela, José Solano y Bote, propuso la separación de Guayana del departamento de Nueva Andalucı́a. A partir de esta división, en relación a Guayana se establecerı́an dos comandancias administrativas adicionales: una en Guayana propiamente dicha, a cargo del coronel Joaquı́n Moreno de Mendoza, y otra denominada Comandancia General de Nuevas Fundaciones del Alto y Bajo Orinoco y Rı́o Negro, gobernada por el antiguo comisario de Lı́mites José de Iturriaga (FEP, 2008).

Estudiar detenidamente la distribución administrativa de las comandancias de Guayana permitirá comprender el alcance de la pertenencia del territorio hacia las autoridades que, en diferentes momentos, han estado presentes en Venezuela. Es ası́ como, conforme se lee en el Diccionario de Historia de Venezuela de FEP (2008, p. 235): “Estas 2 comandancias sobre la misma provincia de Guayana, tenı́an diverso grado de jurisdicción, estando sometidas al virreinato de Santa Fe, pero una de ellas, la de Mendoza, lo estaba además al gobernador de Caracas”. En abril de 1765, una Real Orden subordinaba al comandante de Guayana al gobernador y capitán general de Venezuela, cambio jerárquico que se harı́a efectivo dos años más tarde. Sin embargo, las dos comandancias se fusionarı́an en 1767 cuando el gobernador Iturriaga delegaba sus poderes al comandante de Guayana (FEP, 2008).

Algo que reviste interés para la historiografı́a venezolana en relación a la Guayana Esequiba es la Real Cédula de Aranjuez, de 5 de mayo de 1768, puesto que establece los lı́mites de la gobernación de Guayana con más de una década de anterioridad a la Real Cédula que crearı́a la Capitanı́a General de Venezuela. Este decreto organizaba la administración interna de la comandancia de Guayana teniendo “por el septentrión el Bajo Orinoco, lindero meridional de las provincias de Cumaná y Venezuela; por el occidente el Alto Orinoco, el Casiquiare, y el rı́o Negro, por el mediodı́a el rı́o Amazonas; y por el oriente el océano Atlántico...” (RC de 5 de mayo de 1768), lo cual desmiente la tesis irredentista guyanesa que de forma sostenida ha intentado deslindar el territorio de la Guayana Esequiba a los lı́mites fronterizos de Venezuela (FEP, 2008).

La comandancia unificada que se creó a partir de estas modificaciones reales pasarı́a a depender al mando absoluto del virrey, ya en 1771. Cinco años más tarde, se registró un ataque portugués a la cuenca del rı́o Branco, que impactó severamente la defensa de la provincia de Guayana y expuso la incapacidad del virrey en la defensa del este del territorio. A consecuencia de esto, la Corona española segregó en 1777 a Guayana del Virreinato de la Nueva Granada y la unió a la recién creada Capitanı́a General de Venezuela con la Real Cédula del mismo año (FEP, 2008).

Al pasar a discutir la historia republicana de Venezuela y el lugar que ocupa la Guayana Esequiba en ella, deben comentarse las disposiciones de la Constitución Federal de los Estados de Venezuela (CFEV) de 1811, por razones que no se limitan al fundamento historicista. En esta carta magna se declaraba la organización de un Pacto Federal hecho de departamentos independientes y soberanos, en la justificación westfaliana contemporánea (Brewer-Carias, 2020). Estos eran Margarita, Mérida, Cumaná, Barinas, Barcelona, Trujillo y Caracas, “con el derecho exclusivo de arreglar su gobierno y administración territorial bajo las leyes que crean convenientes” (CFEV, 1811). Sin embargo, en el preámbulo de la misma constitución, se dejaba claro que “...del mismo derecho gozarán todos aquellos territorios que por división del actual o por agregación a él vengan a ser parte de esta Confederación...” (CFEV, 1811), texto que se relaciona con las disposiciones del artı́culo 128 de la misma constitución, el cual pretendı́a dirigirse a las provincias restantes que habı́an integrado la Capitanı́a General de Venezuela, es decir, Guayana y Maracaibo (FEP, 2008). La Constitución de 1819, en su tı́tulo 11 establece que: “el territorio de la República de Venezuela se divide en diez provincias, que son: Barcelona, Barinas, Caracas, Coro, Cumaná, Guayana, Maracaibo, Margarita, Mérida y Trujillo. Sus lı́mites y demarcaciones se fijarán por el Congreso” (Constitución polı́tica del Estado de Venezuela, 1819). A manera de corolario, puede citarse al Diccionario de FEP (2008), que no deja lugar a dudas en relación al estatus de la Guayana Esequiba en una organización territorial como aquella: “Este texto, en igual forma, sin definir el ámbito del territorio, al dividirlo en el de las provincias, remite al territorio de éstas para su determinación” (p. 238).


La Guayana Holandesa y su relación con la Guayana Esequiba

La narrativa guyanesa que persigue adjudicarse la autoridad sobre el Esequibo intenta establecer una genealogı́a directa entre los lı́mites fronterizos al oeste del rı́o con las primeras colonias holandesas erigidas en los cauces de los rı́os aledaños. Principalmente, atribuyen los primeros intentos holandeses de capturar y poblar el territorio del Esequibo a los colonizadores del asentamiento de Pomeroon, entendido por Venezuela y el mundo hispánico como Pomerón, liderados por Joost van der Hooge a fines del siglo XVI (De Wete via Lacode, 2020). Sin embargo, aunque esta versión de los acontecimientos pareciera simultánea a la que favorece a Venezuela, no puede juzgarse de la misma manera, ya que los colonos holandeses no ejercieron el control de su territorio de forma sostenida desde el momento de su ocupación, lo que sı́ ocurrió en el caso de las autoridades hispánicas y los departamentos de Guayana en Venezuela (FEP, 2008). Por otra parte, huelga decir que el aventurismo flamenco dentro del territorio guayanés se debió más a una serie de iniciativas particulares de poca trascendencia polı́tica que a una acción públicamente reconocida, como la que se refiere al levantamiento del fuerte Kyk-Over-Al en 1616, en la intersección entre los rı́os Mazaruni y Cuyunı́, momento que la historiografı́a guyanesa juzga fundamental en su reclamación del territorio esequibano (De Wete via Lacode, 2020).

Tal como puede verificarse historiográficamente, la administración holandesa sobre dicho territorio enfrentarı́a la resistencia indı́gena y española hasta que, con la firma del Tratado de Münster a consecuencia de la Paz de Westfalia de 1648, las potencias beligerantes en Europa reconocieron la soberanı́a territorial de Holanda sobre parte de la Guayana al este del rı́o Esequibo (Brewer-Carias, 2020). El contexto en el que se encierra este proceso histórico es el de la Guerra de los Ochenta Años, con la que la República Holandesa habı́a tratado de combatir a la Contrarreforma de la Corte de los Habsburgo en España, que a la sazón dominaba los Paı́ses Bajos. A resultas de la negociación de la Paz de Westfalia, no sólo se transformó el equilibrio de las potencias del siglo XVII, sino que se incorporaron por primera vez al derecho internacional público las nociones modernas de los Estados-nación que todavı́a tienen vigencia, principalmente la idea de soberanı́a territorial (Kennedy, 2004).

Este punto es crı́tico para comprender la importancia de los cambios polı́ticos que se gestaron en el curso del siglo XVII, sin mencionar la influencia inestimable que continúan ejerciendo al sol de hoy. Lo mismo a nivel de la teorı́a polı́tica, como del derecho internacional público, la soberanı́a territorial asociada con el Estado moderno se convierte en un elemento universalmente reconocible a partir de este hecho. Por otro lado, al existir una controversia en relación a los lı́mites geográficamente establecidos entre las potencias en disputa, ya en el siglo XVII, resulta difı́cil determinar la autoridad última de las dos partes en conflicto: la española y la holandesa. No obstante, no puede negarse que sólo la parte española actuaba con plena autoridad y consenso de todas sus autoridades, y que los cambios que se gestaban en la administración de Venezuela y del departamento de Guayana eran menos arbitrarios y estaban sujetos a derecho.

Puesto que en los términos del Tratado de Münster, tanto España como Holanda se comprometı́an a respetar sus posesiones ultramarinas, los fuertes y asentamientos de colonos que una u otra parte hubieran erigido en las Indias occidentales y orientales quedaban contemplados en el acuerdo. Sin embargo, tal como se ha dicho en párrafos anteriores, los dominios holandeses no serı́an constantes a través de la historia, y también vioları́an repetidamente los términos del Tratado al asentarse en la ribera del Orinoco durante gran parte del siglo XVII (Schoenrich, 1979). Se lee en Brewer-Carias (2020, p. 2) que “En Sudamérica, los holandeses, una vez que los portugueses les expulsaran de Brasil en 1656, concentraron todos sus esfuerzos en Guayana, lo que los llevó a establecer colonias e intercambiar regulaciones en la Costa Selvática y el Esequibo”. Para encargarse de estos asuntos, Holanda estableció la Dutch West India Company, o Compañı́a Holandesa de las Indias Occidentales, en 1621-1674, y esta organización se hizo con el control de la costa entre el Orinoco y el Amazonas durante parte del siglo XVII (Israel, 1982; Loves, 2019).

Un elemento importante a tomar en cuenta es el que se relaciona con los lı́mites disputados en torno al Esequibo, ya que siempre han sido relativamente los mismos. Como señalan algunos autores:

De manera gradual, las autoridades holandesas adoptaron al rı́o Moruca, ubicado a 125 millas al este del Orinoco, como el lı́mite último de su colonia, si bien España continuó negando esta reclamación holandesa y sólo reconocı́a que su lı́mite era el Esequibo, situado a alrededor de 185 millas al este de la ribera del Orinoco. (Schoenrich, 1979, p. 524).


Esta precisión histórica ilustra la continuidad de la reclamación por parte de Venezuela. Del mismo modo, el actual Estado guyanés no hace sino heredar el aventurismo acéfalo de las repetidas transgresiones fronterizas de los colonos holandeses (FEP, 2008).

En 1791, Holanda asumió el control directo de las tierras que antes administrara la Dutch Company, refiriéndose a estos territorios como las colonias “de Esequibo y Pomerón”. El mismo año, se celebró un Tratado de Extradición entre Holanda y España, con el fin de intercambiar recı́procamente a los fugitivos que ambas potencias tenı́an en sus colonias americanas (R. Rojas, 1965).

Para recapitular, es necesario decir que Gran Bretaña habı́a capturado brevemente la colonia de la Guayana Esequiba de manos de Holanda en 1665, y volverı́a a lograrlo más de un siglo después en 1796, ya con la existencia de la Capitanı́a General de Venezuela (FEP, 2008). Se lee en el importante libro de Rojas (1962) un registro que expone la inconsistencia de la parte holandesa y británica en cuanto a su reclamación del territorio guayanés, y es que en 1794, el Secretario de Estado de Holanda reconoció que las posesiones españolas comenzaban en el rı́o Moruca, o Moroco, en el noroeste de la Guayana Esequiba. Esta referencia por sı́ sola bastarı́a para deslegitimar las pretensiones actuales de Guyana al territorio.

En 1802, los holandeses recuperaron control de la región durante únicamente un año, antes de que los británicos reconquistaran la colonia en 1803 junto a los asentamientos de Demerara y Berbice (Schoenrich, 1979). Parte de estos cambios en la geopolı́tica de Guayana se debieron al comienzo de las Guerras Napoleónicas, que desde el comienzo del siglo XIX involucraban a todas las potencias europeas (Brewer-Carias, 2020).

Con motivo de la firma del Tratado Anglo-Holandés de 1814, que también se conoce como la Convención de Londres, se regresaban las posesiones coloniales holandesas a su estatus anterior al estallido de la guerra en enero de 1803. Además de las Américas, ası́ como las posesiones en África y en Asia, las negociaciones sólo eximı́an al Cabo de Buena Esperanza y los asentamientos de Demerara, Esequibo y Berbice, que serı́an cedidos de manera oficial al Reino Unido. Estos territorios, ya bajo el control británico, procederı́an a adquirir una nueva identidad conjunta y administrativa con el nombre de Guayana Británica hacia 1831 (Brewer-Carias, 2020). Dugin (2023) acusa a Lord Palmerston, quien a la sazón fuera Primer Ministro británico, de orquestar la partición unilateral de Guayana para concentrar el control de la costa atlántica de Sudamérica en manos británicas. De acuerdo con los mapas realizados entonces por el cartógrafo británico J. W. Norie, la superficie total de la Guayana Británica se calculaba en 20.000 millas cuadradas. Sin embargo, la superficie calculada de este territorio serı́a, a la postre, expandida arbitrariamente hasta ocupar 83.000 millas cuadradas (R. Rojas, 1965).

En el contexto final de las Guerras Napoleónicas, ocurrieron dos hechos trascendentales para la agudización de la crisis de la Guayana Esequiba. El primero fue la invasión del Imperio Francés a la penı́nsula ibérica, y la promulgación temporal de la primera constitución monárquica por las Cortes de Cádiz en 1812. Simultáneamente, tuvo lugar el comienzo de la Guerra de Independencia en Venezuela el 19 de abril de 1810, y la subsecuente firma del Acta de Independencia el 5 de julio de 1811. Este proceso darı́a nacimiento al primer Estado hispanoamericano independiente, los Estados Unidos de Venezuela, en diciembre de 1811 (Brewer-Carias, 2020).

Está claro que, debido a la Guerra de Independencia, no fue posible para el territorio venezolano oponerse en tiempo real a las negociaciones contempladas por el Tratado Anglo-Holandés de 1814 y hacer valer la soberanı́a westfaliana sobre la Guayana Esequiba. A ello se debe que las primeras reclamaciones diplomáticas por parte de Venezuela a la conformación de la Guayana Británica, ası́ como la fundamentación de que se respeten los lı́mites territoriales de la Capitanı́a General de Venezuela conforme al principio internacional del utis possidetis iuris comiencen ya con la historia republicana del paı́s (R. Rojas, 1965).


Reclamación del territorio por parte del Estado venezolano


La primera transformación polı́tica importante en el proceso de reclamación ocurre tras el fin de la Guerra de Independencia de Venezuela, en 1824, ya que, seis años más tarde se establecerı́a el Estado de Venezuela, como un Estado-nación separado de la República de Colombia que habı́a sido creada en 1821. En este momento aparece un punto fundamental en la concepción positiva del territorio nacional, que se ha mantenido en todos los textos constitucionales que ha tenido Venezuela hasta la época contemporánea: su identificación en relación con el territorio de la antigua Capitanı́a General de Venezuela antes de 1810 (Brewer-Carias, 2020).

Asimismo, es importante llamar la atención sobre un elemento de controversia histórica y jurı́dica de gran importancia: la ambigüedad en la definición fronteriza de los lı́mites occidentales de la Guayana Holandesa, tal como figuran en el Tratado Anglo-Holandés de 1814, firmado en Londres (Falcón, 1962). Esta opacidad en el contenido del tratado permitió que, lo que serı́a llamado Guayana Británica a partir de 1835, se definiera con base a los lı́mites delineados por el comisionado de origen prusiano Robert Schomburgk, que fue contratado por Gran Bretaña con el fin de establecer lı́neas cartográficas que favorecieran a los intereses británicos. En 1835, produjo las Lı́neas de Schomburgk a partir de una inspección cartográfica que fijaba el comienzo de la frontera occidental en el delta del rı́o Orinoco, con lo que el Reino Unido de forma efectiva reclamaba más de 48.000 kilómetros para la Guayana Británica (Brewer-Carias, 2020).

La disputa territorial comenzó de forma oficial tras la publicación del mapa de la Guayana Británica en 1840, tal como fue establecido por las Lı́neas de Schomburgk. El gobierno del general Páez protestó la apropiación británica del territorio venezolano ese mismo año, alegando que le correspondı́an los lı́mites territoriales establecidos al comienzo del proceso de independencia de España en 1810 (FEP, 2008). El embajador venezolano en Londres, Alejo Fortique, celebró múltiples conferencias deliberativas con el Secretario del Foreign Office de la Reina Victoria, Lord Aberdeen, que alegó en nombre de los intereses británicos que la Lı́nea Schomburgk no pretendı́a ser una solución definitiva a la controversia geográfica, y que esta se hallaba abierta a todo tipo de negociación (R. Rojas, 1965). Sin embargo, la historia demostrarı́a otra cosa, como sugieren los alegatos sobre Lord Palmerston que han hecho académicos contemporáneos como Dugin (2023). En ese momento, las fronteras de la Provincia de Guayana pertenecientes a la Capitanı́a General de Venezuela se extendı́an hasta la ribera oriental del rı́o Esequibo (Brewer-Carias, 2020).

A partir de entonces, Venezuela y el Reino Unido comenzarı́an a sostener negociaciones en materia de fronteras, todavı́a sin alcanzar un acuerdo, hasta que en 1850 se concretó de manera efectiva no ocupar la zona en reclamación por las partes (R. Rojas, 1965). A finales de esa misma década, no obstante, la disputa recrudecerı́a, puesto que Gran Bretaña instigó la inmigración de colonos de sus territorios ultramarinos para que se asentaran en la región. Con este proceso, se formó la British Guiana Mining Company (Compañı́a minera de la Guayana Británica), cuyo objetivo era minar los yacimientos de oro que se estaban descubriendo en el territorio (Harry, 2024).


Laudo arbitral de 1899

La segunda mitad del siglo XIX es significativa históricamente, puesto que la controversia por el territorio se desarrolla hasta su forma actual. Los sucesivos gobiernos de Venezuela posteriores a la Guerra Federal protestaron reiteradamente la expansión de la Guayana Británica, además de proponer un laudo arbitral internacional. En 1887, los Estados Unidos de Venezuela rompieron relaciones diplomáticas con el Reino Unido (Brewer-Carias, 2020).

En el contexto de la Doctrina Monroe de los EEUU, que el gobierno del presidente estadounidense James Monroe habı́a concebido para alejar a las potencias europeas de los conflictos en América, el gobierno de Joaquı́n Crespo en Venezuela solicitó que este paı́s interviniera en ayuda de Venezuela. El Reino Unido aceptó en 1897 de forma renuente negociar mediante la celebración de un tribunal internacional que arbitrara los laudos fronterizos, en partes gracias a la amenaza estadounidense de intervención militar en el conflicto. Este proceso formó la base del Tratado de Washington de ese mismo año, que firmaron Venezuela y el Reino Unido (Brewer-Carias, 2020).

El gobierno venezolano presentó ante el tribunal internacional establecido por el Tratado de Washington diversos argumentos, entre ellos que España habı́a sido el primer paı́s en descubrir y ocupar el territorio de Guayana. Asimismo, este territorio habı́a permanecido bajo su soberanı́a exclusiva, en los términos internacionalmente reconocidos tras la Paz de Westfalia de 1648, hasta que Venezuela logró su independencia. La cancillerı́a venezolana también alegó que, en el contexto del Tratado de Münster, la Monarquı́a Hispánica solamente habı́a reconocido los derechos en relación a los puertos marı́timos que la República Holandesa poseı́a a mediados del siglo XVII, mientras que los insignificantes fuertes y puestos de avanzada que los colonos holandeses habı́an erigido al oeste del Esequibo, como el fuerte Kyk-Over-Al, no eran más que violaciones a los términos del acuerdo (Brewer-Carias, 2020; De Wete via Lacode, 2020).

Otro de los argumentos diplomáticos que Venezuela presentó para su reclamación de la Guayana Esequiba fue el reconocimiento de España a la independencia de Venezuela, que tuvo lugar el 30 de marzo de 1845. Con esta decisión, España renunciaba formalmente a la soberanı́a, los derechos y reclamaciones del territorio que antiguamente habı́a sido conocido como la Capitanı́a General de Venezuela, ya que este cuerpo polı́tico incluı́a la región disputada. Una vez que Gran Bretaña adquirió los territorios de la Guayana Holandesa en 1814, la frontera de la colonia era originalmente el Rı́o Esequibo, tal como aparecı́an en múltiples mapas impresos en Londres antes del Tratado Anglo-Holandés de ese año. Asimismo, se alegó que el cartógrafo Robert Schomburgk habı́a dibujado la lı́nea del rı́o Esequibo como la frontera de la Guayana Británica en 1835, antes de que trabajara para intereses británicos (Brewer-Carias, 2020; R. Rojas, 1965).

La respuesta británica no negó los argumentos de la cancillerı́a venezolana, sino que se centró en el tema de la administración de los recursos y del comercio. De acuerdo con el Foreign Office británico durante las negociaciones del Laudo Arbitral de Parı́s, los derechos holandeses sobre sus asentamientos al oeste del Esequibo se basaban en la disposición del comercio y el control de los puertos hasta el delta del Orinoco, alegando que Gran Bretaña continuaba estas prácticas bajo su jurisdicción. Asimismo, los británicos intentaron refutar los lı́mites geográficos de las comandancias de Guayana durante el perı́odo del Virreinato de la Nueva Granada, puesto que la ocupación española durante la existencia del Departamento de El Dorado se limitó a la ciudad de Santo Thomé de Guayana, fundada por Antonio de Berrı́o en 1595, hasta aproximadamente 1723. De tal manera que la antigüedad que el Estado venezolano atribuı́a a las posesiones españolas sobre Guayana, según los británicos, no era mayor que la holandesa (Brewer-Carias, 2020; FEP, 2008).

El 3 de octubre 1899, el tribunal emitirı́a su decisión tras dos años de deliberaciones en Parı́s. Esta decisión tendrı́a lugar sin opinión escrita o cualquier otra explicación de los hechos y principios que motivaron al laudo arbitral. Este laudo entregaba más del 90 % del territorio de la Guayana Esequiba en reclamación al Reino Unido, y Venezuela sólo recibirı́a el delta del rı́o Orinoco y un pequeño estrecho oriental de la costa atlántica (Brewer-Carias, 2020).

El laudo arbitral de 1899 ocurrió al mismo tiempo que en Venezuela tenı́a lugar la Gran Revolución Restauradora, que condujo al general Cipriano Castro al poder y consolidó los cimientos del proyecto positivista andino. Al mismo tiempo, durante los años siguientes ocurrirı́a el bloqueo de las costas venezolanas por las armadas de Gran Bretaña, Alemania e Italia. Este bloqueo, de acuerdo con lo señalado por Brewer-Carias (2020), tuvo dos consecuencias inmediatas: la invalidación de la Doctrina Monroe de EEUU cuando se trataba de cobros por deudas, y la decisión del tribunal de La Haya en 1904, que favoreció a las potencias que habı́an impuesto el bloqueo. En el Derecho Internacional Público, esta disputa contribuyó a desarrollar la Doctrina Drago, la cual, diseñada por el ministro de relaciones exteriores de la Argentina, Luis Drago, e inspirada en las innovaciones del jurista argentino Carlos Calvo, coadyuvó a fortalecer el respeto a la soberanı́a territorial de los Estados si éstos han incurrido en default por deuda externa (Schoultz, 1998).

Como bien documenta la historiografı́a, la respuesta de EEUU a la Doctrina Drago fue la creación del Corolario Roosevelt a la Doctrina Monroe, durante el gobierno de Theodore Roosevelt. El mismo estipulaba que EEUU tenı́a legitimidad para intervenir militarmente en Latinoamérica en caso de que lo justificase la intervención de potencias europeas, o por asuntos de Estado (Schoultz, 1998).

Algunos autores consideran que la rápida sucesión de estos eventos impidió que Venezuela se opusiera de forma efectiva a la decisión del Laudo arbitral de Parı́s, tal como se señala a continuación:

La coincidencia de todos estos hechos internacionales y nacionales explica la falta de protesta por parte de Venezuela ante el laudo arbitral de 1899, el cual fue considerado como una muestra de adhesión por parte de Venezuela a la decisión del tribunal de Parı́s y, por lo tanto, se fijó la nueva frontera de la Guayana Británica para 1905 (Brewer-Carias, 2020, p. 4).


Acuerdo de Ginebra de 1966

Conforme se lee en Schoenrich (1979), las bases de la decisión del tribunal de Parı́s de 1899 pasaron a ser cuestionadas gracias al memorándum escrito por el jurista Severo Mallet-Prevost, que habı́a servido como asesor legal de Venezuela en el proceso del laudo arbitral. Este documento fue publicado póstumamente en el American Journal of International Law, y demostró que el presidente del tribunal arbitral habı́a cohartado a múltiples miembros del órgano para que aceptaran la decisión final. Esto se debió a un acuerdo polı́tico a puerta cerrada entre los representantes británicos y el Imperio Ruso, que a la sazón ejercı́a la figura de buen oficiante común en el Derecho de los Tratados (Brewer-Carias, 2020).

Este memorándum lo habrı́a dictado Mallet-Prevost al juez Otto Schoenrich cinco años antes de su muerte, debido a que ambos trabajaban para el mismo bufete. A Schoenrich se le instruyó que no publicara el memorándum antes de la muerte de Mallet-Prevost, la cual se produjo el 10 de diciembre de 1948, tras lo cual su memorándum apareció de forma impresa seis meses más tarde (Schoenrich, 1979).

Venezuela tenı́a entonces nuevos elementos jurı́dicos para disputar el fallo del laudo arbitral de Parı́s de 1899, amparándose en el artı́culo 7 de la Constitución de 1961 y valiéndose de la información recién suministrada por el memorándum de Mallet-Prevost. De este modo, en 1962, bajo el gobierno de Rómulo Betancourt, Venezuela declaró que ya no se suscribı́a al fallo de 1899 y que continuaba reclamando el territorio de la Guayana Esequiba. El argumento esgrimido por la cancillerı́a venezolana acusó al tribunal de Parı́s de adoptar intereses polı́ticos entre las partes antes que respetar los derechos de Venezuela sobre el territorio del Esequibo (Brewer-Carias, 2020). El canciller de Venezuela para entonces, Marcos Falcón Briceño, se dirigió en una alocución al 17° perı́odo de sesiones de la Asamblea General de la ONU en 1962, con motivo de la reclamación histórica de Venezuela sobre una de las provincias más antiguas de su territorio (Falcón, 1962).

A partir de esta alocución, Venezuela manifestó su reclamo territorial formal ante el secretario del Foreign Office británico de entonces, Alec Douglas-Home, en las negociaciones bilaterales que siguieron. Se celebraron deliberaciones en Londres entre el 5 y el 7 de noviembre de 1962. Las charlas habrı́an de continuar hasta el 10 de diciembre de 1965, fecha en que se emitió un comunicado oficial por los servicios de relaciones exteriores de ambos Estados (R. Rojas, 1965). En tono formal y poco comprometedor, este comunicado aseguraba que las dos partes aspiraban a evitar cualquier contingencia que rompiera las relaciones bilaterales, sin concretar mucho más. A la postre, sin embargo, fue instrumental para la concreción de lo que serı́a el Acuerdo de Ginebra un año más tarde, con la independencia de Guyana efectivamente reconocida por Gran Bretaña, asumiendo el nombre de República Cooperativa de Guyana (FEP, 2008).

El Acuerdo para Resolver la Controversia entre Venezuela y el Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda del Norte Concerniente a las Fronteras entre Venezuela y la Guayana Británica, conocido como “Acuerdo de Ginebra”, fue firmado el 17 de febrero de 1966. De acuerdo con Brewer-Carias (2020), el principal motivo detrás de la firma del acuerdo consistió en evitar que la controversia territorial obstaculizara las relaciones bilaterales, además de la inminente independencia de Guyana en el contexto de la descolonización de las antiguas posesiones británicas (Dutte, 1957). En el artı́culo 1 del Acuerdo de Ginebra se establece la creación de una Comisión Mixta para lograr una resolución amigable entre las partes. El propósito de esta comisión mixta es buscar “soluciones satisfactorias para el arreglo práctico de la controversia entre Venezuela y el Reino Unido que surgiera a consecuencia de la contención de Venezuela que invalida el Laudo Arbitral de 1899, concerniente a la frontera entre Venezuela y la Guayana Británica” (Artı́culo 1 del Acuerdo de Ginebra).

Uno de los puntos más relevantes del Acuerdo de Ginebra son las disposiciones relativas a la Comisión Mixta, puesto que, de no lograr solventar la controversia con aquiescencia de las partes en un perı́odo de cuatro años, el reporte final de la materia serı́a entonces referido a los gobiernos particulares de Venezuela y Guyana. De este modo, quedarı́a a cargo de las partes escoger una de las alternativas para soluciones pacı́ficas establecidas por el artı́culo 33 de la Carta de las Naciones Unidas (Artı́culo 4 del Acuerdo de Ginebra).


Escalada de la disputa con el Estado guyanés

El balance general entre desafı́os y oportunidades, en el contexto de la disputa por el Esequibo, adquiere una dimensión más compleja con la independencia de Guyana. Este proceso se hizo efectivo en mayo de 1966, con lo que el gobierno venezolano de entonces manifestó que no reconocerı́a los lı́mites fronterizos reclamados por Guyana como parte del reconocimiento a la existencia formal del nuevo Estado. Es decir, que reconocer la existencia de Guyana no implica abandonar la reclamación del uti possidetis iuiris, en el marco del territorio del Esequibo (Brewer-Carias, 2020).

De acuerdo con el Artı́culo VII del Acuerdo de Ginebra, Guyana pasaba a convertirse en el Estado parte que negocia la solución de la controversia con Venezuela, que habı́a reiterado su desconocimiento total del Laudo nulo de 1899. La declaración de la cancillerı́a venezolana señalaba:

ante el nuevo paı́s y la comunidad internacional que Venezuela expresamente reserva sus derechos sobre la soberanı́a de la ribera izquierda del rı́o Esequibo; en consecuencia, que el territorio de la Guayana Esequiba tiene su frontera oriental con el nuevo Estado de Guyana, en la lı́nea del rı́o Esequibo, desde sus orı́genes hasta su desembocadura en el Océano Atlántico (Brewer-Carias, 2020, p. 5).


Sin embargo, a pesar de que la Comisión Mixta fue instalada con la intención de profundizar acuerdos bilaterales en esta materia, la indeterminación de la identidad guyanesa y la ausencia de una tutela imperial en el proceso, pues Guyana ya era independiente, probablemente obstaculizaron cualquier posibilidad de acuerdo (FEP, 2008).

Tal como señala Brewer-Carias (2020), los peritos y representantes de ambos Estados encontraron mayores diferencias en las delimitaciones territoriales del Esequibo de las que serı́an capaces de solventar, amparados tanto en razones de interés geoestratégico como de atribución histórica.

El 12 de octubre de 1966, el ejército venezolano ocupó la parte oriental de la isla de Anakoko, ubicada en el rı́o Cuyunı́, una parcela de territorio que Guyana reclamaba como propia. Además de las unidades militares que se apostaron en esta región, también se instaló personal civil para la construcción de una base aérea y un grupo de instalaciones mineras. El departamento de relaciones exteriores de Guyana protestó la actuación del Estado venezolano a este respecto, pero no tuvo éxito (Brewer-Carias, 2020).

Al incidente en la isla Anakoko le siguió una polı́tica venezolana de extensión de sus aguas territoriales, hasta la distancia de 12 millas náuticas más allá de su costa. Esta medida, ejecutada en julio de 1968, incluı́a las aguas de 3 a 12 millas náuticas fuera de la costa occidental de Guyana, hecho que este Estado condenó de forma enérgica y expedita.

Un incidente importante para quebrar el irredentismo guyanés tuvo lugar el 4 de enero de 1969, cuando una serie de disturbios estalló en la región de Rupununi, al sur de Guyana. En esta área tuvo lugar una rebelión menor de aldeanos independentistas, que ya habı́an intentado repetidamente secesionarse del Estado guyanés en otras ocasiones. Como parte de la violencia contestataria, fue atacada una estación de policı́a, además de que los rebeldes tomaron control temporal de las vı́as aéreas de la región. El gobierno guyanés de entonces respondió rápidamente y persiguió a los rebeldes antes de que huyeran a Venezuela. Una vez en territorio venezolano, se refugiaron en poblaciones de la frontera oriental. Si bien el Estado venezolano negó cualquier participación en la revuelta independentista guyanesa, otorgó la ciudadanı́a venezolana a los rebeldes de Guyana, ya que provenı́an de un territorio reclamado por Venezuela. Del mismo modo, el gobierno de entonces les prometió a los nuevos ciudadanos esequibanos trabajos y parcelas de tierra (Brewer-Carias, 2020).

El gobierno guyanés continuó protestando las acciones del Estado venezolano y las deserciones de sus propios ciudadanos. Un año más tarde, estallaron nuevos incidentes a lo largo de la frontera. Las fuerzas militares de Guyana y Venezuela entablaron combates breves durante varios dı́as, hasta que, el 3 de marzo de 1970, Venezuela cerró la frontera (Brewer-Carias, 2020).

Después de la firma del Acuerdo de Ginebra de 1966, el principal antecedente jurı́dico en la disputa por el Esequibo es el Protocolo de Puerto España, que fue necesario para continuar las negociaciones directas entre Venezuela y Guyana una vez concluido el término de cuatro años en 1970, que habı́a establecido el acuerdo, sin lograr resolver la controversia. Adicionalmente, el Protocolo suspendió por un perı́odo de 12 años la aplicación del artı́culo 4 del Acuerdo de Ginebra. Las disposiciones del protocolo permitı́an que las partes negociaran una posibilidad mutuamente beneficiosa en el marco de un acuerdo propicio para dar continuidad a los términos de 1966 (FEP, 2008).

Entre las estipulaciones del Protocolo de Puerto España figuraba que, para la fecha en que expirara su término, el artı́culo 4 del Acuerdo de Ginebra entrarı́a de nuevo en funcionamiento hasta el punto de su suspensión. El protocolo debı́a culminar el 18 de julio de 1982. Sin embargo, en un comunicado del 10 de abril de 1981, el gobierno de Venezuela anunció de manera pública que decidı́a no prolongar el término del Protocolo, lo que significaba la reactivación de las disposiciones del Acuerdo de Ginebra. El siguiente comunicado, producido el 11 de diciembre de 1981, anunciaba que Venezuela sólo permitirı́a que su reclamación fuera regulada por el Acuerdo de Ginebra, en particular por el Artı́culo IV del mismo, referido a los medios de negociación pacı́fica desglosados por la Carta de las Naciones Unidas (Brewer-Carias, 2020). Aunque desde el punto de vista jurı́dico, con base al Derecho Internacional Público, este argumento tenga valor, los autores del realismo polı́tico otorgan poca importancia a estos aspectos y priorizan el potencial de poder de los Estados (Mearsheimer, 2024). Si bien la horizontalidad necesaria para este tipo de mecanismos de solución de controversias no siempre puede esperarse de las relaciones internacionales, la mejor apuesta del Estado venezolano por lograr el reconocimiento de su soberanı́a sobre la Guayana Esequiba es hacia el sistema internacional. A causa de ello, los mecanismos por los que ha optado la polı́tica exterior de Venezuela se han amparado consistentemente en el artı́culo 4 del Acuerdo de Ginebra.

La respuesta diplomática de Venezuela a la controversia de Guyana ha variado relativamente desde la llegada de la Revolución Bolivariana en 1999. El acercamiento temporal del presidente Chávez a Georgetown, que fue acompañado de una normalización total de las relaciones bilaterales, no obstante, tuvo lugar al mismo tiempo que la incorporación de la octava estrella a la bandera nacional. Esta estrella simboliza la provincia de Guayana original, que existió durante la colonia y el primer perı́odo republicano (Andrade, 2020).

En tiempos recientes, un episodio de creciente escalada en 2013 involucró al tanquero norteamericano Teknik Perdana, que exploraba las aguas venezolanas en su zona económica exclusiva mientras emprendı́a una misión de exploración petrolı́fera. Cuando la tripulación del tanquero fue interrogada, alegó que actuaba en nombre de la soberanı́a guyanesa. Más tarde, a pesar de la reclamación de la cancillerı́a venezolana, el ministerio guyanés de relaciones exteriores alegarı́a que el carguero navegaba en aguas de su paı́s (El Universal, 2013).

Tres años después, el Estado guyanés otorgarı́a la concesión a la transnacional ExxonMobil de hacer explotaciones petrolı́feras en las aguas de la Guayana Esequiba. Entre otras regiones exploradas, la transnacional afirmó haber encontrado concentraciones valiosas de recursos en el Bloque Stabroek, una región fuera de la costa del Esequibo que cuenta con una extensión territorial de 26.800 kilómetros cuadrados (ExxonMobil, 2015).

Entre otros altercados diplomáticos, la cancillerı́a guyanesa llamó a consultas a la entonces embajadora de Venezuela en Georgetown, además de retirar la concesión operativa de la lı́nea aérea Conviasa (El Universal, 2015). En enero de 2021, el presidente Maduro emitió el Decreto N° 4.415 mediante el cual se crea una Zona Estratégica de Desarrollo Nacional denominada ”Territorio para el Desarrollo de la Fachada Atlántica” (2021), para la creación de una Zona Estratégica de Desarrollo Nacional denominada “Territorio de la Fachada Atlántica”. De este modo, se pretende reafirmar la soberanı́a venezolana sobre el Esequibo. Este acontecimiento, junto con el referendo consultivo de 2023, es el más significativo en pro de este objetivo que se ha observado en años recientes.

En 2017, Antonio Gutérres, Secretario General de la Organización de Naciones Unidas, manifestó que referirı́a la controversia por la Guayana Esequiba a la autoridad de la Corte Internacional de Justicia (CIJ), a no ser que las partes de Venezuela y Guyana solicitaran de manera explı́cita que no lo hiciera. El motivo alegado fue que no habı́a suficiente progreso para la resolución del conflicto, y un año más tarde, Gutérres declaró que la CIJ tendrı́a que decidir sobre la validez o nulidad del Laudo de Parı́s de 1899. La principal reclamación por parte de Guyana era la ocupación continua de la isla de Ankoko; sin embargo, Venezuela continúa afirmando que todo el enclave del territorio esequibo le pertenece (UN, 2018).

En reiteradas protestas de la cancillerı́a venezolana, ası́ como en diferentes campañas de poder blando, Venezuela protestó la posibilidad de que la CIJ usurpara las disposiciones del artı́culo 4 del Acuerdo de Ginebra de 1966. Después del referéndum consultivo que se realizó a los ciudadanos en 2023, Venezuela no reconoce la jurisdicción de la CIJ sobre la controversia territorial de la Guayana Esequiba, de acuerdo con una nota de prensa del Ministerio del Poder Popular para Relaciones Exteriores (C. Rojas, 2023).

Una serie de reuniones multilaterales habı́an sido pautadas para comienzos de 2020. La CIJ esperaba negociar un posible arbitraje de la controversia durante estas sesiones, pero se vieron postergadas a causa de la pandemia de Covid-19. Sin embargo, a pesar de la ausencia del Estado venezolano en el proceso, la CIJ decidió que tenı́a autoridad en diciembre de 2020 (International Court of Justice, 2021). Ese mismo año, EEUU comenzó a hacer ejercicios militares juntos a las fuerzas armadas de Guyana a lo largo de la costa, un acto que fue denunciado como una amenaza militar por el Estado venezolano.

El referéndum consultivo del 30 de octubre de 2023 supuso un paso adelante en el proceso de Venezuela, en tanto que Estado-nación, para el ejercicio de su soberanı́a territorial hasta ocupar las fronteras orientales de 1810. Este proceso recibió una condena enérgica de parte de Guyana y del CARICOM, ası́ como el despliegue temporal de las fuerzas armadas de Brasil en su frontera norte. La CIJ instó a Venezuela a esperar su fallo sobre la materia antes de intentar anexar el territorio. Como parte del nuevo proceso de reclamación territorial, el presidente Maduro decretó que todas las instituciones del Estado debı́an utilizar un mapa actualizado de la República Bolivariana de Venezuela, en el que se incluye la Guayana Esequiba como un estado más (Marı́n, 2023).

La falta de consulta a los nativos del territorio de la Guayana Esequiba es un indicio de la narrativa irredentista que caracteriza las reclamaciones por la región (Perera, 2006). Lo mismo para Guyana, como para Venezuela. En general, las actuaciones de la primera se han limitado a los recursos formales de la diplomacia y el multilateralismo, mientras que para la segunda, la respuesta al problema consiste en una serie de apelaciones nacionalistas susceptibles de caer en el ritualismo formal o, como se ha llamado en determinados estudios, “banal” (por asociación al feudalismo), sin que por ello se produzca una escalada de consecuencias internacionales (Andrade, 2020).


Conclusiones


La dinámica internacional de los últimos años presenta una serie de complejidades que no son mutuamente excluyentes. Si se suscribe el paradigma de la interdependencia, se acepta la premisa de que todos los fenómenos de la dinámica internacional tienen repercusiones colaterales entre los actores, imposibilitando la precipitación de hechos completamente aislados. Esto, sin mencionar que en tales circunstancias, las organizaciones internacionales se convierten en actores que intentan tutelar la polı́tica exterior de los Estados por encima de su soberanı́a en determinados aspectos (Nye y Keohane, 1988). Refutado el provincialismo, es menester distinguir entre algunas categorı́as de las Relaciones Internacionales.

Cuando se habla de sistema internacional, se hace referencia al sistema polı́tico que fue establecido con la Carta de la Organización de las Naciones Unidas y la Declaración Universal de los Derechos Humanos al término de la Segunda Guerra Mundial. Esto, sin embargo, es distinto de lo que supone la idea de estructura internacional, la cual hace referencia a la distribución del potencial de poder entre los Estados durante un contexto determinado (Del Arenal, 1990).

La estructura internacional muta, pero el sistema no cambia del mismo modo. A partir de la desarticulación de la Unión Soviética en 1991, una idea renovada pasa a incorporarse a la teorı́a: la del Orden Mundial, a veces también llamado Orden Internacional (Kissinger, 2014). Lo que ha ocurrido en las décadas posteriores a este suceso es la competencia entre dos modelos de Orden Internacional: el unipolar, por un lado, que representa los valores del liberalismo occidental encabezado por Estados Unidos; y el multipolar, que propone un modelo horizontal, donde múltiples Estados cooperen mutuamente de acuerdo a sus capacidades en un paradigma de integración desde la teorı́a civilizacional (Dugin, 2011).

Algunos autores liberales otorgaron de forma prematura una victoria total a la Unipolaridad, siendo el más célebre de ellos Francis Fukuyama (2022), con la tesis planteada en su libro El fin de la historia y el último hombre. Sin embargo, el paso de los decenios ha demostrado que el triunfalismo liberal occidental en la época contemporánea se encuentra más disputado que nunca. Del mismo modo, la estructura internacional se ha alejado de la visión imperial atlántica, migrando hacia una distribución competitiva más tradicional, distinguida por grandes civilizaciones (Dugin, 2011; Huntington, 1997).

Desde la llegada al poder de la Revolución Bolivariana en Venezuela, el Estado venezolano se ha caracterizado por ejercer una diplomacia que persigue la consolidación del Orden Mundial Multipolar. Contemplando las caracterı́sticas geopolı́ticas del contexto latinoamericano, además de las necesarias prioridades geoestratégicas a este respecto, Venezuela procura defender sus intereses nacionales de acuerdo a su potencial de poder, que no puede compararse al de potencias mundiales hegemónicas, como es el caso de Estados Unidos. Sin embargo, gracias precisamente al paradigma de la multipolaridad, los Estados que cuentan con un alcance relativo, como Venezuela, pueden recurrir a aliados poderosos que aspiren a contrarrestar al modelo unipolar (Dugin, 2023).

Teóricos de las Relaciones Internacionales como Nye y Keohane (1988) reconocen la existencia de múltiples concepciones del poder, las cuales resultan necesarias para comprender toda la extensión teórica del problema. El poder es la capacidad que posee un actor para que otros obedezcan su voluntad, de acuerdo con el paradigma Realista de las Relaciones Internacionales. Aunque esta definición parezca egoı́sta, lo cierto es que no deja de ser necesaria para todos los actores que interactúan en la dinámica internacional, ya que tanto la distribución de poder como el equilibrio que emana de ella disminuyen la sensación de inseguridad que persiste en las relaciones internacionales (Mearsheimer y Rosato, 2023). Por consiguiente, la procura del poder es mucho más que sólo una pretensión hegemónica, y admite nociones fundamentales de seguridad y orden sin las cuales el sistema internacional no pudiera existir (Kissinger, 2014).

En este sentido, el poder no debe comprenderse únicamente en tanto que un elemento diferenciado y con un valor universal. Existen múltiples tipos de poder que varı́an según los intereses que persiga el actor que lo ejerce. Adicionalmente, las capacidades materiales o inmateriales de un Estado afectarán de modo determinante el tipo de poder que éste ejerza, las implicaciones que tiene y su posibilidad de incidencia sobre los actores. En principio, Nye (2023) reconoce tres nociones fundamentales: el poder duro (o hard power), el poder blando (o soft power), y el poder inteligente (o smart power). El poder duro sólo puede ser empleado por actores con grandes capacidades materiales ofensivas, y consta principalmente de poder militar y económico. En general, se admite que el poder duro es exclusivo de las potencias mundiales y medias. Por otra parte, lo que se denomina poder blando está al alcance de todos los Estados, e incluso de determinados actores no Estatales del sistema internacional. Consiste en la persuasión e influencia a través de métodos subjetivos: la promoción de la cultura nacional de un paı́s, de su idioma, de sus costumbres, de su historia y de su geografı́a, forma parte de los métodos del poder blando. Por último, el poder inteligente consiste en un balance pormenorizado y estratégico de los otros dos tipos de poder. Ya que el poder inteligente exige contar con capacidades materiales para librar el poder duro, también se atribuye predominantemente a las potencias mundiales o medias.

El conflicto por el Esequibo reviste interés geopolı́tico para las dos variantes de orden mundial que se disputan la hegemonı́a del siglo XXI. La unipolaridad está representada por Guyana, cuya filosofı́a económica de apertura de los mercados se traduce en la presencia directa de una transnacional como ExxonMobil que usurpa la autoridad del Estado y, por consiguiente, ignora de manera efectiva la idea de soberanı́a territorial westfaliana. Este acontecimiento supone no sólo una amenaza para las reclamaciones irredentistas de Venezuela, sino que también contribuye a erosionar la validez ontológica de los Estados-nación. Al respecto, Todd (2024) postula la hipótesis de que los Estados-nación ya no existen, y que han sido reemplazados por estructuras polı́ticas supraestatales que están detrás de las denominaciones de orden mundial. En un tenor similar, Dugin (2023) reconoce la interacción antagónica de dos ideas fundamentales: el atlantismo, cuya causa es responsable de la creación de Guyana y de la paradoja histórica que representa; y el multipolarismo, que en este contexto está representado por Venezuela.

Dugin (2023) asegura que la Guayana Esequiba es “una creación colonial artificial de los atlantistas”. Aunque esta descripción parece perjudicar también la presencia española que justifica la creación de Venezuela, es necesario recordar que las filosofı́as de ocupación territorial en los casos de España y Holanda eran totalmente distintas, como se demostró en apartados anteriores. La caracterı́stica de “creación colonial artificial” pertenece al aventurismo holandés y la trasposición británica producida tras el Tratado Anglo-Holandés de 1814.

En una publicación de la red social Telegram, el académico ruso Maxim Medovárov (2023) señaló que el Primer Ministro británico Lord Palmerston se propuso lograr “la disección de la Gran Colombia en diferentes piezas tras la muerte de (Simón) Bolı́var, incluyendo la mutilación del Esequibo y su incorporación a lo que serı́a la Guayana Británica”. La polı́tica de expansión británica es consistente con esta afirmación, ya que, en el transcurso del siglo XIX, Gran Bretaña se propuso despojar enclaves costeros de diversos Estados en ubicaciones de interés geoestratégico. Según Medovárov (2023), al convertir parte de la costa en un puesto de avanzada marı́timo, los británicos cultivaban la hegemonı́a geopolı́tica vigente en el siglo XIX. Aunque se requieren algunas precisiones cronológicas para reforzar la tesis de que Lord Palmerston es directamente responsable de la mutilación de Guayana, el argumento de Medovárov es consistente con los postulados actuales del irredentismo guyanés, el cual atribuye su identidad etnonacional a la geopolı́tica del Imperio Británico y su deliberada asimilación forzosa de pueblos de territorios indostanos al teatro de operaciones de Guayana (Harry, 2024).

La contraposición del teatro polı́tico, que involucra toda la estructura internacional, y el teatro de operaciones particular del Esequibo es fundamental para comprender el alcance del conflicto. Dugin (2023) afirma que el equilibrio de poder contemporáneo consiste de una heptarquı́a de entidades civilizacionales, a lo largo de las que tiene lugar un mismo conflicto en diferentes niveles de tensión. La distribución de esta heptarquı́a consiste de Occidente (la hegemonı́a atlantista), Rusia, China, la India, el mundo islámico, África y Latinoamérica, y esta concepción se ajusta de forma general a la división civilizacional que Spengler (1928) y Huntington (1997) ofrecen dentro de la teorı́a geopolı́tica. La invasión de Rusia a Ucrania en 2022 supone una aceleración de las condiciones de este conflicto heptárquico, dentro del cual se ubicarı́a, como un frente más del mismo proceso dialéctico, la reclamación territorial del Esequibo (Dugin, 2023).

No obstante, esta hipótesis requiere mayores elementos prácticos que permitan dilucidar su validez. El referéndum consultivo de 2023 resultó en la creación formal de una nueva entidad federada para Venezuela, que lleva el nombre de Guayana Esequiba. Sin embargo, las dificultades del relieve, ası́ como la tradición conciliarista de la diplomacia latinoamericana, impide visualizar a corto plazo una escalada de la tensión que se equipare al escenario de Ucrania, al del conflicto entre Israel y Hamas en Palestina, o a la reincorporación de Taiwán a la China continental. Imaginar que el caso venezolano se asemeja a conflictos geopolı́ticamente tan antiguos corre el riesgo de sobredimensionar sus caracterı́sticas. La principal semejanza que ofrecen estos potenciales frentes del mismo conflicto consiste en la desmovilización de imperios coloniales (España, Gran Bretaña, Rusia y China), y el irredentismo territorial de potencias que se atribuyen autoridad histórica sobre diversos territorios.

Sin embargo, Venezuela no posee capacidades materiales que le permitan una procura de su repatriarción del Esequibo por medio del poder duro. Las maniobras que han estado a su alcance se limitan al poder blando y a la influencia sensible de la causa multipolar, grupo en el que se incluyen las apelaciones a las organizaciones internacionales, al Derecho de los Tratados, a la diplomacia y a la consulta pública. Por esta razón, Dugin (2023) encierra el contexto del Esequibo en el mismo grupo que las actuales contiendas en África occidental, donde se perfila progresivamente una tendencia de descolonización atlántica y de creciente multipolarismo.


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