Valores emergentes del patrimonio cultural en la mirada de la mujer galipanera

Valores emergentes del patrimonio cultural en la mirada de la mujer galipanera


Valores emergentes do patrimônio cultural sob a perspectiva das mulheres de Galipán


Emerging values of cultural heritage through the eyes of women from Galipán


Dionys RivasORCID logo1
Fabiola VelascoORCID logo2
José AguiarORCID logo3
Fundación Instituto de Estudios Avanzados, Miranda, Venezuela1, 2, 3
dionysrivasarmas@gmail.com1
fabiolavelascoperez.arquitecta@gmail.com2
aguiarlopez01@gmail.com3

Fecha de recepción: 02/02/2026
Fecha de aceptación: 13/05/2026
Pág: 136 – 168
DOI: 10.5281/zenodo.20448321

Resumen

Las mujeres galipaneras constituyen un pilar fundamental en la preservación de la memoria y la identidad cultural que configuran la esencia social y patrimonial de esta localidad, el cual es valorado como un modelo sostenible de patrimonio. En este marco, el propósito de esta investigación radica en interpretar las percepciones de las mujeres de esta comunidad, ubicada en el estado La Guaira, respecto a los nuevos valores asociados al patrimonio cultural dentro de su entorno social y comunitario. El desarrollo de la labor investigativa se planteó a partir de los principios del paradigma cualitativo, bajo el enfoque epistemológico del socioconstruccionismo y experiencialismo. Durante el trabajo de campo se contempló la relación directa con las mujeres galipaneras, con énfasis en la hermenéutica de la fotografía, a través de seis visitas de campo, dos encuentros de saberes, trece entrevistas (11 mujeres y 2 hombres) en complementariedad con nueve (9) testimonios de sus habitantes, consolidados a través de encuentros conversacionales y reconocimiento del lugar, para contrastar con la información relevada del arqueo bibliográfico y documental existente. La presente investigación pretende develar y entronizar a la mujer galipanera, como pilar social, ambiental, cultural, político y económico del sector, desde su perspectiva patrimonial y significación a los nuevos valores patrimoniales a través de la memoria y la oralidad.

Palabras clave: Galipán, identidad, memoria, mujeres, nuevos valores del patrimonio cultural.



Resumo

As mulheres de Galipán constituem um pilar fundamental na preservação da memória e da identidade cultural que moldam a essência social e patrimonial desta cidade, valorizada como um modelo sustentável de patrimônio. Dentro deste contexto, o objetivo desta pesquisa é interpretar as percepções das mulheres desta comunidade, localizada no estado de La Guaira, a respeito dos novos valores associados ao patrimônio cultural em seu ambiente social e comunitário. A pesquisa foi conduzida com base nos princípios do paradigma qualitativo, sob a abordagem epistemológica do construcionismo social e do experiencialismo. O trabalho de campo envolveu interação direta com as mulheres de Galipán, com ênfase na hermenêutica da fotografia, por meio de seis visitas de campo, duas sessões de compartilhamento de conhecimento e treze entrevistas (onze com mulheres e duas com homens). Estas foram complementadas por nove (9) depoimentos de moradores, consolidados por meio de encontros conversacionais e visitas aos locais, para serem comparados com informações coletadas em pesquisas bibliográficas e documentais existentes. Esta pesquisa visa revelar e celebrar as mulheres de Galipán como um pilar social, ambiental, cultural, político e econômico da região, a partir de sua perspectiva patrimonial e sua contribuição para novos valores culturais por meio da memória e da tradição oral.

Palavras-chave: Galipán, identidade, memória, mulheres, novos valores do patrimônio cultural.



Abstract

The women of Galipán are a fundamental pillar in preserving the memory and cultural identity that shape the social and heritage essence of this town, which is valued as a sustainable model of heritage. Within this framework, the purpose of this research is to interpret the perceptions of the women of this community, located in the state of La Guaira, regarding the new values associated with cultural heritage within their social and community environment. The research was conducted based on the principles of the qualitative paradigm, under the epistemological approach of social constructionism and experientialism. Fieldwork involved direct interaction with the women of Galipán, with an emphasis on the hermeneutics of photography, through six field visits, two knowledge-sharing sessions, and thirteen interviews (eleven with women and two with men). These were complemented by nine (9) testimonies from residents, consolidated through conversational encounters and site visits, to be compared with information gathered from existing bibliographic and documentary sources. This research aims to reveal and celebrate the women of Galipán as a social, environmental, cultural, political, and economic pillar of the region, from their heritage perspective and their contribution to new cultural values through memory and oral tradition.

Keywords: Galipán, identity, memory, women, new cultural heritage values.



Esta obra está bajo licencia CC BY-NC-SA 4.0

Preludio a la mirada de la Mujer Galipanera

En las alturas del majestuoso Waraira Repano, custodiando el valle caraqueño y mirando hacia el mar Caribe del estado La Guaira, se asienta Galipán: una población que trasciende su geografía para erigirse como un testimonio vivo de la resiliencia y el ingenio humano. Más allá de sus paisajes de ensueño y su reconocida oferta agroturística, Galipán revela una profunda conexión con la figura de la mujer, quien se ha convertido en el eje articulador de su existencia y la guardiana de su patrimonio cultural. Este artículo se embarca en un periplo conversacional, explorando las voces y experiencias que, desde la cotidianidad de este enclave montañés, develan cómo la mujer galipanera teje la trama de su identidad, preserva sus saberes ancestrales y proyecta el futuro de una comunidad que es, en esencia, una comuna mujer.

Como parte del proceso de descolonización, es relevante visibilizar a las mujeres como portadoras y transmisoras del patrimonio cultural, desde sus saberes y prácticas de vida, ya que cumplen un papel fundamental en la construcción de nuevas rutas y valores para la protección y conservación del patrimonio cultural venezolano con un sentido de sostenibilidad y de respeto.

El pueblo de Galipán representa un destacado ejemplo de relaciones sociocomunitarias que comparten los principios de solidaridad, equidad y respeto, de reconocimiento del valor del ámbito espacial donde se desenvuelven, de su huella cultural que trasciende constantemente, de organización, participación y de ascenso económico para los lugareños. Estos aspectos, cargados de patrimonialidad, representan las dimensiones de sostenibilidad propuestos por la GSTC, Global Sustainable Tourism Council (Consejo Global de Turismo Sostenible). Es por ello que Galipán significa un referente patrimonial sostenible para la región central, el resto del país y los visitantes foráneos.

Para que Galipán generará estos aspectos destacados, fue esencial la participación y labor creadora de la mujer galipanera, quien ha abrazado la búsqueda permanente de la identidad y el arraigo territorial como bienes sociales, espirituales y culturales, dejando su rúbrica en la historia que hoy por hoy posee Galipán. La galipanera se destaca por ser lideresa comunitaria, impulsar procesos de organización y participación, formar parte de las festividades y fiestas tradicionales de su localidad, preservar y cuidar los espacios naturales, brindar cordialidad, amabilidad, simpatía y atención a sus visitantes, ser portadora y transmisora de los valores de su comunidad.


Objetivos de la investigación

El presente estudio pretende mostrar los nuevos valores patrimoniales desde la cosmovisión, percepción e interpretación de la mujer galipanera, lo cual contribuirá a la proyección de este espacio territorial, para su desarrollo socioproductivo sostenido en el turismo, el cultivo de la tierra y en su riqueza cultural, lo que contribuirá a mejorar la calidad de vida de su gente bajo una perspectiva del desarrollo sostenible, donde el patrimonio es un bien a conservar, salvaguardar y preservar para las nuevas generaciones. Para lo cual se plantean los siguientes objetivos:


Objetivo general

Interpretar la percepción de la mujer galipanera en cuanto a los nuevos valores del patrimonio cultural en su entorno sociocomunitario, a los fines de develarlo, entronizarlo y socializarlo.


Objetivos específicos

Develar los nuevos valores del patrimonio cultural desde la mirada de la galipanera, a partir de su cosmovisión.

Entronizar los procesos relacionales que desde la mujer galipanera emergen, a los fines de reconocer el patrimonio cultural del sector.

Socializar las experiencias derivadas del ejercicio relacional con la mujer galipanera, en el entendido de la develación y entronización del patrimonio cultural local.


Estudios inspiradores

La conceptualización del patrimonio cultural con un sentido descolonial, permite una reflexión y construcción teórica más amplia y sensible sobre el patrimonio, develando nuevas dimensiones y nuevas significaciones desde las experiencias, vivencias, tradiciones y expresiones recreadas por las comunidades. Desde esta preocupación, los investigadores del presente proyecto durante su formación en patrimonio cultural iniciaron indagaciones, exploraciones teóricas y de campo con otros enfoques para visibilizar los nuevos valores sobre el patrimonio. De esta manera, dos trabajos previos publicados sobre la temática son antecedentes inspiradores para continuar profundizando sobre el tema y en esta oportunidad desde la mirada de la mujer galipanera.

El artículo de Aguiar (2018), titulado: “Nuevos valores del patrimonio. Epistemes emergentes”, publicado en la Revista Caribeña de Ciencias Sociales, con el objetivo de construir epistemes emergentes en relación con los nuevos valores del patrimonio. El ensayo de Rivas y Piñango (2018), titulado: “Nuevos Valores Patrimoniales: Aproximación a un relato vivido en San Isidro de Galipán”, publicado en la Revista Venezolana de Investigación Sinopsis Educativa. Este ensayo producto de las entrevistas conversacionales con los habitantes de San Isidro de Galipán, ha pretendido explorar los nuevos valores patrimoniales expresados en: los testimonios espirituales y materiales de la identidad social, la creación de las tradiciones culturales, la pluralidad de las identidades y la relación especial con los sentimientos de las personas.

También se destaca la tesis doctoral de Velasco (2023) “Redes de conocimiento para la gestión de saberes patrimoniales”, donde se desarrollan nuevas categorías sobre el concepto de patrimonio cultural, que germinan fundamentalmente del ser, como portador o portadora de los saberes y conocimientos transmisibles a las generaciones futuras, contemplando a la mujer como eje formador de valores patrimoniales en sentido horizontal, dentro de las relaciones de la vida en sociedad.


Sendero metodológico

El presente estudio parte del paradigma cualitativo, “centra su atención en las relaciones y roles que desempeñan las personas en un contexto vital” (Palella y Martins, 2011, párr. 40). Los autores plantean que “el investigador interpreta la forma como se interrelacionan los referentes sociales, sus actividades y pensamiento con el ámbito social y cultural donde se desenvuelven y cómo manejan dentro de éste sus problemas individuales” (p. 41), considerando la recopilación de información desde diversas fuentes y documentos (escritos u orales).

Para esta investigación, se ha planteado una hermenéutica de la imagen, con énfasis en la fotografía, donde emergen cuatro dimensiones inherentes a este ejercicio: La fotografía como documento tangible o digital, la fotografía como la verdad aparente y observada, la fotografía que captó quien aprehendió ese preciso instante y la fotografía que percibe un tercero, que viene a ser el primero. Aproximándonos así, a la propuesta de Erwin Panofsky (1936), quien dispone tres dimensiones de significado: formal, narrativa y simbólica (Como se citó en Bech, 1995, párr. 1).

Por otra parte, desde la perspectiva epistemológica socioconstruccionista, Márquez (2004) señala que se tiene “la idea de que existe una verdad objetiva en la realidad social esperando ser descubierta por el investigador” (p. 8). Esto sucede a partir de la vida relacional y sus significados, donde aquella se gesta intersubjetivamente entre los actores sociales y el investigador. El principal argumento investigativo en este enfoque epistemológico es la entrevista cualitativa conversacional. El andamiaje metodológico del presente estudio, centra su estructura, más que en Galipán como territorio geográfico, en las relatoras y actores sociales, sus distintas concepciones y percepciones.


Recorrido histórico: Huellas memorísticas y signos metafóricos de la Mujer Galipanera

Dar inicio a este recorrido histórico, nos invita acercarnos a las diversas expresiones y manifestaciones inmateriales que se desgranan en este territorio, conformado por cinco sectores, donde el primer caserío organizado y formalmente constituido fue “Llano Grande”, según nos comentó Iván Duque, habitante y cultor de la zona.

Estos entornos se anidan en la montaña, entre la ciudad y el mar, para dibujar los acontecimientos de su historia. “La curiosidad por los lugares donde se cristaliza y se refugia la memoria está ligada a este momento particular de nuestra historia” (Nora, 1984, p. 1). En Galipán, el monte florece y la tierra desértica agrieta el verdor de un paisaje que ha germinado en infinitos sonidos que nos hablan de los colores de sus flores, el cultivo de la tierra, el trabajo familiar, el cuido de la montaña y la espiritualidad tejida a través de las tradiciones y festividades que resguardan.

La historia de Galipán emerge desde la parte más alta, donde se asienta la comunidad de San Francisco hasta la zona más baja llamada San José. Este territorio nos devela lo que significa el silencio arrullado con la naturaleza con voz y manos de mujer: “manos de esas mujeres, manos que trabajan las tierras, manos que cuidan las personas, manos que acarician rostros, que elaboran alimentos, manos que, en definitiva, reflejan una historia de vínculos y de tierra” (Di Donato, 2019, p. 184).

De acuerdo a fuentes orales el nombre del pueblo de Galipán, proviene de un cacique indígena llamado “Galipa”, que pertenecía a la nación Caribe, pueblo originario de estas tierras, quienes ocuparon principalmente la parte baja del sistema montañoso de la cordillera de la costa y que, a partir de la colonización española durante el siglo XVI, fueron desplazados y víctimas de un etnocidio, lo cual desdibujo sus huellas en este territorio.

En 1589 a partir de la construcción del puerto de La Guaira se propicia la ampliación de las vías de comunicación y el poblamiento de la zona norte del cerro El Ávila, partiendo desde la Punta de Mulatos, recorriendo San José de Galipán, Boca e’Tigre, Río Anauco hasta la Puerta de Caracas.

En el libro Los Amos del Valle, Herrera (2005) hace referencia a Galipán en dos momentos de su narrativa. En el apartado titulado “Con banderas enlutadas y tambores a sordina”, relata la invasión del pirata Amyas Preston, corsario de Inglaterra en 1595, donde describe su llegada a Macuto hasta la cumbre del Valle y un cañonazo del Castillo anuncia su llegada a la explanada de Cotiza, al norte de Caracas. Este hecho se divisa desde el picacho de Galipán: “Hernán Mijares, el hijo de Soledad, desde el picacho de Galipán con la ciudad a su espalda, mira hacia el mar. Ya los cañones le han advertido la presencia de los piratas. Un brillo metálico abajo, salta entre los pajonales. Más brillo, hombres en fila india suben la cuesta” (p. 448).

Otra reseña la encontramos en el relato que hace el autor sobre la muerte del “Gran Amo del Valle, Señor de los Cuatro Frentes” (p. 572), donde todas las campanas y cañones tristes retumbaban desde La Vega a Petare. Caracas, se convierte en el lugar de duelo donde concurren muchas personas de lejanos pueblos en procesión y rezando para acompañar a Diego García junto a los otros “Amos del Valle”, donde la gente de Galipán identificada con el cultivo de las fresas se unen al sepelio para su final sepultura: “De todos los lugares circunvecinos, en romería, a pie, a caballo, acudió la gente: labriegos sucios de fresas bajaron de Galipán y Los Teques; matronas enlutadas salieron de sus haciendas en un escuadrón de nietos” (p. 572).

En este recorrido, es importante destacar el indicio histórico de mayor relevancia sobre la existencia de Galipán se aprecia en el plano de Caracas de fecha 15 de marzo de 1778, denominado Plano de la Serranía de Caracas y la Costa de la Guaira, elaborado por Agustín Cramé (Fig.1), donde se visualiza como una extensión de terreno ubicada en la vertiente norte del tramo central de la Cordillera de la Costa, comprendida entre la cima de la montaña hasta Punta de Mulatos.

Entre los años 1778 - 1780, el pueblo más cercano a La Guaira, San José de Galipán recibe una importante migración procedente de las Islas Canarias y de allí empiezan a desplazarse para poblar la parte alta de la montaña, desarrollando actividades agrícolas, como el cultivo del café, hortalizas y árboles frutales. Posteriormente, la tierra muestra sus atributos para la siembra de flores y fresas, siendo hoy el cultivo representativo del pueblo de Galipán.

Según escrito elaborado por Pérez (1994), sobre la fundación de Galipán, se señala que en el Archivo Histórico del Ayuntamiento de Caracas, se resguardan documentos que dan indicio de la importancia de este territorio: “como uno de Mayo de 1855, del Juzgado de Paz de Macuto, que trata sobre límites del Caserío de Galipán y un oficio de la Jefatura Política del Cantón, de Enero del mismo año, donde se participa la elección del Comisario de la Policía para el Caserío de Galipán” (p. 2).

Otro documento de relevancia, de fecha 18 de noviembre de 1875, que reposa en el Registro del antiguo Departamento Vargas, nos indica la pertenencia originaria de estas tierras y la compra-venta de terrenos en Galipán, durante el siglo XIX, que demuestra como las familias fundadoras de este pueblo fueron traspasando sus tierras a otras personas y familiares. En dicho documento, se registra la venta de un lote de tierras (30 hectáreas), con un rancho de paja y todas las cementeras existentes (tierras sembradas), por parte de un francés llamado Juan Bautista Jacquet, de profesión peluquero a los hermanos canarios, Evaristo y Ulpiano Pérez, dice así:

(...) cuya posesión está ubicada en el sitio de Galipán – Jurisdicción del Municipio Bolívar, del Distrito Vargas, y linda por el Naciente desde el picacho por toda la cuchilla abajo hacia Barlovento con tierras de los indígenas de Macuto, por el Poniente con tierras de los herederos del Señor José Tomás Bueno, por el Norte con los mismos terrenos de los indígenas de Macuto y quebrada de los Naranjos, y por el Sur, con el filo de la Cuchilla desde el primer picacho de Galipán.

El 12 de diciembre de 1958, se emite el decreto 473, que declara Parque Nacional y área protegida a la formación montañosa de El Ávila, hoy “Waraira Repano”. Al mismo tiempo, se crea una comisión interministerial para definir las propiedades privadas, que serían sometidas a la expropiación y las que serían reglamentadas.

En este sentido, los galipaneros se sometieron al riesgo de ser desalojados de sus tierras, herencia ancestral de los primeros habitantes y fundadores provenientes de las islas Canarias. Esta situación implicó la lucha y organización del pueblo de Galipán para el reconocimiento oficial de sus derechos originarios de ocupar estas tierras, considerando lo aprobado en el Congreso Mundial sobre Conservacionismo (1971) celebrado en Roma, donde los parques nacionales podían ser habitados, siempre y cuando sus pobladores contribuyan a su conservación y preservación. De esta manera, en 1982, se funda la “Asociación de Vecinos de Galipán”, que hizo público el problema de expulsión de los galipaneros de sus territorios.

Durante el proceso de reconocimiento de los derechos de los galipaneros de seguir ocupando sus tierras, se lograron algunos beneficios para el mejoramiento de su calidad de vida, que creemos pertinente mencionar: instalación de red telefónica, construcción del dispensario médico “Doña Isabel Herrera”, recuperación y ampliación de la escuela de San Isidro, construcción del puente El Lirón para conectar la comunidad de San Isidro y San Francisco, pavimentación de kilómetros de la carretera Caracas - La Guaira y de Puntas de Mulatos al Pavero y reparación de algunas viviendas.

Es importante destacar, que el proceso de organización a través de la “Asociación de Vecinos”, impulsó la celebración de la hermosa tradición de los Reyes Magos, a partir del año 1989, a la cual se sumaron los Consejos Comunales y todas las familias de Galipán. Es una tradición de más de 35 años en el pueblo de Galipán, que se celebra el fin de semana más cercano al 6 de enero. Los Reyes Magos son personificados por los propios galipaneros, quienes recorren a caballo, distintos caminos, carreteras, grutas y senderos de la montaña, ofreciendo regalos que simbolizan incienso, mirra y oro. Es un momento para el encuentro y para la alegría de toda la comunidad.

Finalmente, en 1992, luego de una serie de documentos emitidos por las asociaciones vecinales de Galipán y El Ávila, reuniones con funcionarios de INPARQUES y el Fiscal General de la República, se consagra el derecho de los Galipaneros de seguir ocupando estas extensiones de tierra, que durante 200 años han resguardando y cuidado, siendo “guardianes naturales”. Acordándose, que Galipán y los galipaneros se convierten en “poblados autóctonos”, que se encuentran en territorio de los parques nacionales según la Ley Orgánica para la Ordenación del Territorio 1983, y formaran parte de la zona especial dentro del parque, demarcándole sus límites y la correspondiente área de expansión para la convivencia armónica de los Galipaneros con la naturaleza y el territorio.


Revelaciones y develaciones de los sentidos y lo sentido desde la Mujer Galipanera

Los lugareños en sus relatos desde imágenes múltiples que retratan objetos visibles e invisibles como emociones, deseos, pájaros, flores y montañas, nos bosquejan la huella profunda de la caída libre y continua de la experiencia del vuelo onírico y el viaje imaginario, que no es más que la verdadera marca de nuestro devenir, donde el sueño y la realidad se enlazan: “marca el ser con más constancia que un deseo fugaz (...) continua de día la experiencia de la noche” (Bachelard, 2012, p. 34).

La vivencia íntima y dinámica de estas imágenes revelan y develan la unión de la imaginación y la memoria para ir al pasado y volver al presente: “En nuestro ensueño que imagina mediante el recuerdo, nuestro pasado recupera sustancia. (...) lo que vive en nosotros no es una memoria de la historia sino una memoria del cosmos” (Bachelard, 2011, p. 182). El recuerdo compuesto de imágenes confía a la memoria el tiempo y las sensaciones del pasado para reencarnarlas hoy en las voces vivas de mujeres y hombres que nos cuentan la historia de Galipán.

Sobre la presencia indígena en Galipán, específicamente en las cuevas y manantiales que abrigan el Cerro El Picacho, el testimonio de Yelitza Guánchez, es revelador:

Muy debajo del Picacho, se encontraban como unas cuevas, porque Galipán, viene de Galipa, porque los primeros fundadores, las primeras personas que llegaron acá fueron indios, y es allí donde viene el nombre de Galipán, porque el indio se llamaba Galipa, y bueno quedó así, y entonces allí, llegó un tiempo en que debajo de esa montaña, llegaron a vivir muchos indios, y por eso todavía se encuentran cuevas y agua al pie de la montaña (Comunicación personal, 30 de octubre de 2024).

Para describir lo asombroso y sagrado de la montaña rocosa del Picacho de Galipán, Eneida Aguilar nos dice: “El Picacho es una montaña mágica, algunos galipaneros, le decían la montaña sagrada, otros decían que había misterios allí en el Picacho de Galipán, puesto que algunas personas podían ver imágenes de rostros en las piedras, eso no lo ve todo el mundo” (Comunicación personal, 30 de octubre de 2024).

Pérez (1994), presidente de la Asociación de Vecinos de Galipán, llamado el “Cacique de Galipán”, nos relata que “los primeros pobladores que llegaron a estas tierras, durante el siglo XVIII, provenían de las Islas Canarias y se dedicaron al cultivo del café y árboles frutales, cuyo producto era vendido en La Guaira y en el célebre mercado de San Jacinto” (p. 2).

Por su parte, Verónica Perrone sobre el poblamiento en San Francisco de Galipán, nos cuenta que: “los españoles según, fueron los primeros en que llegaron (...), mi abuelo era italiano, él trabajó aquí toda la vida, y no salió para ninguna otra parte, aquí se quedó a conformar familia” (Comunicación personal, 09 de octubre de 2024).

Su hija Nancy Aquino, sobre la fundación de este territorio nos narra:

Su hija Nancy Aquino, sobre la fundación(...) lo habitaron los españoles, y de allí viene mi abuela, de esos españoles que habitaron, mi abuela materna, y mi abuelo paterno, era italiano, que llegaron acá, pero sé un poquito de la historia, donde los españoles fueron los primeros que habitaron aquí, mi abuela viene de esa descendencia de españoles de las Islas Canarias (Comunicación personal, 09 de octubre de 2024).

Dora Ferrone, nos relata sobre la llegada de sus bisabuelos y abuelos desde España: “Galipán es una colonia española” y Adelaida Viana, confirma: “los españoles empezaron a poblar Galipán, somos descendientes de españoles”.

En cuanto a los primeros pobladores que se asentaron en el pueblo de San José de Galipán, Eleonora Guánchez, recuerda la historia que le contaba su papá sobre las primeras familias que se dedicaron al cultivo de esta tierra:

(...) les puedo hablar es de los Guánchez, que cuando ellos llegaron, eran muy pocas las familias aquí, estaban los Aguilares. Esto era una zona algo como de indios, después fue que llegaron los españoles, la mayoría de los que llegaron aquí porque mis abuelos, mis tatarabuelos, esa gente era española, ellos fueron los que fueron conformando San José, y arriba pues, arriba algunas personas que quedaron y otras que se vinieron para acá. Arriba sembraban las flores, el clima se prestaba más para eso, para frutas, y flor, en cambio, esto como es más cálida, no es tan fría, ahora si esta fría, se da otro tipo, que si legumbres, frutas que si cambures, naranjas, mandarinas, mientras arriba es duraznos y fresas, ese tipo, las flores, en cambio aquí en San José es más cálido y se dan otros rubros (Comunicación personal, 30 de octubre de 2024).

Igualmente, Eneida Aguilar del pueblo de San José de Galipán, nos cuenta que los primeros pobladores eran de origen español, específicamente de las islas Canarias y de apellido Guánchez: “Guánchez, es uno de los apellidos que viene de los primeros pobladores de Galipán (...) Acuérdense que Galipán está fundado desde 1800 y algo, y ellos son de generación en generación galipaneros, de esas familias que vinieron, algunos de las Islas Canarias” (Comunicación personal, 30 de octubre de 2024).

Sobre la migración europea de origen campesino a Galipán, específicamente en el sector de Manzanares, Judith Guevara nos ilustra:

Porque aquí también vinieron los vascos y fundaron una parte de Galipán (...), yo vivía con mi esposo que era un vasco, todo esto eran vascos, todos vinimos juntos y nosotros nos asentamos aquí pues, y se hicieron ahí tres familias y otras cuatro aquí conmigo, eso hace como 40 años, eso fue entre 1982 y 1983 (Comunicación personal, 13 de septiembre de 2024).

Además, la maestra Judith Guevara, nos cuenta sobre las primeras familias que poblaron Galipán desde las faldas de Caracas y La Guaira hasta lo más alto, dedicándose a la siembra de café y cacao:

(...) originarios son los Pérez, que fueron los que compraron este terreno, esta montaña se la compraron a un francés, que el francés por supuesto se lo compró a un español, a Ávila, por eso esto se llama El Ávila. Jacques se llamaba el francés, y los Pérez, algún Pérez se lo compró a Jacques. Entonces, la gente que pobló Galipán son las gentes que vivían en las faldas, que eran obreros que trabajaban el café y el cacao (...), eso fue en los inicios en 1800, y esa gente subió a Galipán, porque abajo en la Hacienda de “Los Venados”, no los dejaban los dueños de la Hacienda constituirse, entonces ellos subieron, los pobres subían, los ricos estaban ahí en la zona más privilegiada, más accesible (...). Ellos subieron hacer sus conucos, sus cosas aquí y a vivir. Los Pérez le arrendaban, se le pagaba arriendo a los Pérez (...) de casa en casa se pagaba la renta, feudal completamente. Entonces, nosotros éramos arrendados. De hecho, aquí no se llamada nunca propiedad, sino que eran posesiones (...) aquí todo el mundo tiene su pedacito (Comunicación personal, 13 de septiembre de 2024).

Finalmente, en su relato Judith Guevara nos amplia sobre la Declaración de Parque Nacional a la montaña El Ávila en 1959 y la lucha de sus habitantes para no ser desalojados de sus tierras. Así nos relata:

(...) toma el asunto del Parque, fue, yo vine cuando eso, Carlos Andrés Pérez en su segundo gobierno que trata de desalojar a los galipaneros, ejecutando unos artículos sobre los parques nacionales no debieran estar habitados, entonces aquí la población si se puso en pie de lucha y eso fue una lucha ardua me acuerdo que lo encabezó José Luis Soldine, él era profesor de la Universidad, fue un tipo que aquí políticamente luchó y luchó porque el galipanero no fuera desplazado (Comunicación personal, 13 de septiembre de 2024).

Estos relatos revelan y develan la historia de Galipán desde lo sentido y los sentidos abrigados en relatos heredados de sus ancestros. Siendo ello la cualidad más destacada del galipanero, quien se ha aferrado a su ámbito espacial, no por estoicismo, sino por haber aprehendido su propio proceso memorístico e histórico: eso es ser galipanero.


Rostros y voces de las Mujeres Galipaneras

La montaña que resguarda al pueblo de Galipán nos ofrece una mirada íntima y personal de la labor creadora de las mujeres, donde las imágenes familiares están vinculadas a la fertilidad de la tierra que aman, respetan y cuidan profundamente acompañadas unas de las otras: “mujeres productoras, agricultoras, cuidadoras de la salud, transformadoras, amantes de los pueblos y de nuestros entornos naturales, mujeres hacedoras de todo” (Di Donato, 2019, p. 184).

Lazos y tejidos que se crean entre mujeres, brotan de un pacto colectivo invisible, donde juntas quieren voz y espacio para poner de relieve lo que hacen ligadas a la naturaleza, sostén de la vida propia, para el “cuidado de sí como práctica de libertad” y para el cuidado ético de los otros-otras como acción colectiva y de justicia (Foucault, 1994, p. 263).

Estas mujeres en una “poética de la ensoñación” acarician este territorio y lo avivan como activistas patrimoniales y “cuidadoras de la memoria” desde sus experiencias de vida y palabras que dan significado a la permanencia de la feminidad en la enunciación de las cosas en su mundo, sueños, ilusiones, recuerdos y rememoración: “La mujer es el ideal de la naturaleza humana (...) el Otro esencial, porque la mujer es la figura sensible de la alteridad; por eso casi todas las alegorías, en el lenguaje como en la iconografía, son mujeres” (Bachelard, 1982, p. 58).

Las mujeres galipaneras desde sus voces y experiencias nos han revelado su hacer patrimonial desde el cuido y la preservación de las memorias en su territorio, convirtiéndose en referentes comunitarios para rescatar el tejido social, prefigurando el sentido identitario, aunque en disputa, resignifican indeleblemente como activadoras de la memoria: “recuperando experiencias de memorias colectivas que buscan legitimarse en los territorios y, sobre todo, crear conciencia de la importancia de recuperar la historia de los lugares para transmitirla como herencia cultural a las generaciones futuras” (Brito, 2024, p. 6-7).

Este cuido y puesta en valor del patrimonio como esencia viva es una experiencia emocional que se toca y siente en la palabra retratada de las mujeres galipaneras, auténtica fuente de revelación de conocimiento y saber: “Revelar es la interpelación del otro, que irrumpe desde más allá del mundo, de la totalidad. La voz, el clamor, la palabra del otro, irrumpe en mi mundo trastornándolo” (Dussel, 2011, p. 246).


Figura 1: Figura 1: Familia Aquino en San Francisco de Galipán.
Fuente: Los autores (2024).


Miradas de mujeres sobre “Ser Mujer” en Galipán

Recorrer los relatos y retratos de las mujeres galipaneras junto al recorrido del territorio que abrazan, resguardan y cuidan día a día es el encuentro con el tiempo de los lugares que erigen y dan latencia a partir de una creación colectiva y plural que las convierte en mujeres-memoria que revitalizan el patrimonio cultural para habitar la memoria ancestral, tomando como timón la experiencia vivida: “En este proceso los recuerdos se van fortaleciendo y haciendo más resistentes en la memoria colectiva, como narraciones que sedimentan la experiencia de la comunidad” (Brito, 2024, p. 15). Vamos a leerlas:

Judith Guevara: “La mujer se ha apropiado de la actividad turística, del hacer, del emprender, del aprender con lo culinario, con las mermeladas y con los licores, con caña blanca, le echaban hierbas de aquí (...) esas elaboraciones son centenarias, las de las ramas (...) con el impulso del turismo ellas empezaron a crear, a inventar (...) casi todos los emprendimientos que tienen que ver con el servicio al turismo son de mujeres, elaboran chocolates, bombones, dulcería, comida. Hay un peso de las mujeres a empoderarse, porque el rollo económico en un aspecto que a ellas las ha independizado del yugo masculino”.

Nancy Aquino: “Yo estoy muy orgullosa de ser galipanera, de ser mujer y de pertenecer a esta montaña tan increíble, rodeada de manantiales, de naturaleza”.

Yaritza Aquino: “La mujer galipanera, es una mujer trabajadora y guerrera, ellas se enfrentan a todo lo que venga, sea lo que sea, trabajar la tierra, criar sus muchachos, hasta acomodar los carros (...) trabajábamos todo en familia, nos divertíamos trabajando, desde chiquita nos pusieron a trabajar, esa es mi infancia”.

María Angélica Sánchez: “En mi familia hay mujeres guerreras, como mi mamá, mi abuela, que nos han enseñado lo que es el trabajo, el compromiso con nosotras mismas, trabajar para conseguir lo que queremos”.

Dora Ferrone: “Mi mamá y mis hermanas mayores me enseñaron a sembrar flores y a trabajar el campo desde que estaba pequeña”.

Deysi Marín: “La galipanera es una mujer luchadora, yo creo que desde que nace, nacen con ese ahínco y con ese arraigo a la tierra, a nuestro territorio, a cuidar nuestros espacios, sobre todo eso, a protegernos”.

Eneida Aguilar: “La mujer galipanera es echada para adelante le puedo decir, la mayoría de las mujeres manejan, la mayoría de las mujeres hacemos de todo (...) Bueno tan es así que hay organizaciones comunitarias, las cuales siempre están lideradas por mujeres y en los proyectos en este caso turístico, pues podemos ver que allá arriba esta que si posada Teresa, posada de Norma, nombres de mujeres, porque fueron las fundadoras de estos proyectos, yo soy Cabañas Eneida, y todo es creado por la mujer, con la ayuda del hombre, por supuesto no podemos discriminar (sonríe) pero somos muy emprendedoras, muchas echadas hacia adelante, gracias a Dios”.

Yelitza Guánchez: “Las mujeres de acá de Galipán, nos caracterizamos por ser mujeres emprendedoras y trabajadoras desde niñas, yo recuerdo que ya desde los 12 años, yo estaba ayudando a mi mamá, a mi papá, me dedicaba a la casa, íbamos al mercado, a vender lo que aquí se cosechaba (...) desde muy pequeña ayudábamos a nuestros abuelos a recoger la fruta, a desgranar las caraotas que sembramos, mira, luego me iba con mi abuela al mercado a ayudarle”.

Josefina Toro: “Las mujeres hay algunas que nos dedicamos al trabajo del campo a sembrar las flores, eucaliptos y los pinos, pero hay un 50 % de la mujer galipanera que está trabajando en los puestos de comercio”.

Marlene Pérez: “La mujer Galipanera es trabajadora 100 %, trabajan la tierra, en sus puestos de flores, sus restaurantes, en los puestos de artesanía, en el turismo trabaja la mayoría también”.

Williange Almeida: “La mujer Galipanera es trabajadora, todo terreno, luchadora”.

Karina Parada: “He visto mujeres que trabajan la tierra igual que un hombre, es un trabajo bastante duro, fuerte y agotador. Se meten en ese monte feliz y contenta, porque lo hacen con amor, lo tienen como en la sangre”.


Figura 2: Eneida Aguilar y Yelitza Guánchez en San José.
Fuente: Los autores (2024).


Figura 3: María Angélica Sánchez, su mamá y su hija en San Francisco.
Fuente: Los autores (2024).


Figura 4: Dora Ferrone en San Francisco.
Fuente: Los autores (2024).


El ser mujer en Galipán tiene una reflexión profunda, donde el trabajo no es un objeto útil para el alcance solo de una necesidad, sino como actividad encaminada a la producción de la vida y a la producción de un objeto para su utilidad en la condición del ser comunitario, tal como lo expresa Dussel (2011) sobre la ética del trabajo: “una teología del trabajo es el punto de partida carnal o material de una ética comunitaria. Sin ella todo es abstracto e irreal” (p. 128). Esta ética como afirmación de la vida es la experiencia de proximidad entre personas, donde el otro-otra se constituye en complemento de mi acción: “En la comunidad todos son personas para personas; las relaciones son prácticas, y la praxis es de amor de caridad: cada uno sirve al otro por el otro mismo en la amistad de todos en todo. Por ello todo es común” (p. 13).

Esta praxis que define el “Ser” mujer en Galipán desde el nosotros-nosotras y en comunidad, se convierte en un nuevo valor patrimonial a partir del horizonte práctico que emerge del territorio común y el acto de existencia compartida para reproducir la vida plena y en alianza.


Figura 5: Adelaida Viana en su sembradío de café en Galipán.
Fuente: Los autores (2024).


¿Qué define a Galipán?

Muchos valores patrimoniales materiales e inmateriales definen a Galipán para gestar su identidad, cultura, cultivar la memoria y la espiritualidad. Estos valores emergentes emanan del liderazgo de las mujeres en su territorio a través de la herencia familiar y el legado de la praxis comunitaria: “es la manera actual de estar en nuestro mundo ante otro; es la presencia real de una persona ante otra (...) obrar con y en otro u otros” (Dussel, 2011, p. 11). El trabajo familiar y colaborativo de la tierra a través de la siembra de flores, hortalizas y frutas genera una economía colectiva que propicia la gestión familiar para la vida. El sentido ecológico desde el amor, cuido a la naturaleza y la contemplación del paisaje montañoso mirando al mar, forma parte del “ser galipanero y ser galipanera”.

A viva voz, sus testimonios nos describen a Galipán, donde se teje la humildad, la solidaridad, la unión, el trabajo y lo común como horizonte: “potencia creativa de nuevos ordenes sociales, territoriales, culturales, relacionales y temporales” (Diez, 2025, p. 364).

Judith Guevara: “El trabajo es un valor que los cobija a todos (...) es una inspiración, pero creo que no conciben la vida sin trabajo (...) siempre trabajan la tierra”.

Yaritza Aquino: “Para mi es el paraíso, de verdad es lo más bello que hay en mi vida, no lo cambió por nada, me siento muy agradecida de haber nacido aquí y de vivir aquí”.

María Angélica Sánchez: “Galipán para mi significa todo en realidad, para mí es paz, es tranquilidad, es un recurso para trabajar, porque tenemos muchas posibilidades de hacer un emprendimiento, conseguir un trabajo. Significa familia, porque aquí todos somos familia, siempre somos unidos, siempre nos apoyamos mutuamente (...) para mí es humildad, es empatía y familia, porque todos somos familia, eso es lo que significa Galipán para mí”.

Dora Ferrone: “Galipán es mi paraíso, donde yo nací, me crie, crie a mis hijos, a mis nietos, a mis bisnietos y todavía estoy aquí”.

Deysi Marín: “Galipán es un lugar bendecido, yo siempre le digo a mis hijos, de Galipán no nos vamos, y ustedes tampoco. La tranquilidad y familiaridad de Galipán no la van a conseguir en ninguna otra parte”.

Yelitza Guánchez: “Vemos a Galipán como un pedacito de Paraíso, como les decimos todos los galipaneros: Galipán, tierra amada... ese es nuestro grito”.

Adelaida Viana: “Galipán es un paraíso, una bendición de dios, demasiado grande, yo amo a Galipán (...) lo mejor que tiene es su naturaleza, el clima, la altura, es un sitio sano, tranquilo, lejos de la ciudad”.


Figura 6: Maestra Judith Guevara.
Fuente: Los autores (2024).


El recorrido de la palabra como expresión viva de creación material y simbólica en el pueblo de Galipán se funda en torno al trabajo cotidiano, la solidaridad comunitaria y la fecundidad de la tierra. Esta praxis sostenida en la poiesis para mostrar la obra creada a partir de la acción práctica de la relación persona-tierra, persona-naturaleza, persona-trabajo define el “Ser Galipanero” en reconocimiento a la naturaleza, como morada para estar, vivir y como espacio para la producción cultural: “La tierra como paisaje, como lugar donde comer, vestir, habitar; como horizonte todavía sin fronteras (...) es la naturaleza que toca nuestra piel, donde el hombre hace su casa. Se origina así la dialéctica persona-cosmos, el surgimiento de la naturaleza como hábitat” (Dussel, 2011, p. 218). Esta mirada de la madre tierra, que nutre, acoge, protege, más allá de su esplendor y brillantez estética, es el lugar de la encarnación de la existencia y de fe, donde el pueblo galipanero se congrega, realiza, crece y vive en un arraigo de la “ética ecológico - cultural” como lo define Enrique Dussel.


Nuevos valores patrimoniales culturales en Galipán: Un legado femenino tejido en la montaña

La historia de Galipán no puede contarse sin reconocer el papel central de sus mujeres. Desde la llegada de las primeras familias canarias que se asentaron en estas laderas, fueron ellas quienes, con su laboriosidad y visión, sentaron las bases de la comunidad. Cultivaron la tierra, manejaron los hogares y transmitieron oralmente las tradiciones, recetas y saberes que hoy definen la identidad galipanera. Esta matrifocalidad no es solo una característica demográfica, sino una estructura social y cultural profundamente arraigada, donde la mujer no solo es pilar de la familia, sino también motor económico y social. Su capacidad para gestionar los recursos, emprender pequeños negocios y mantener las redes comunitarias ha sido fundamental para la sostenibilidad del pueblo.

En la actualidad, la comprensión del patrimonio cultural ha trascendido las visiones restrictivas que lo limitaban a monumentos o grandes obras de arte. Hoy, se reconoce como un entramado vivo y dinámico que incluye expresiones intangibles, prácticas sociales y la relación intrínseca de una comunidad con su entorno. Así, la define la UNESCO (2003):

(...) que se transmite de generación en generación, es recreado constantemente por las comunidades y grupos en función de su entorno, su interacción con la naturaleza y su historia, infundiéndoles un sentimiento de identidad y continuidad y contribuyendo así a promover el respeto de la diversidad cultural y la creatividad humana (p. 5).


1. La Matrifocalidad

La Matrifocalidad es un patrimonio cultural inmaterial que erige la mujer de Galipán, donde la figura femenina y materna, no solo es el eje del desenvolvimiento del quehacer diario, sino también, el núcleo organizador y transformador de los días por venir. Más allá de una simple división de tareas, es una forma de darle a cada día su respectiva forma y a la vez, propiciar los valores más profundos que destacan a la galipanera y al galipanero. Se arraiga en la sabiduría intergeneracional transmitida por las mujeres, en su capacidad de nutrir, gestionar y sostener la vida en sus múltiples expresiones.

En este paradigma, el trabajo no es una mera labor de subsistencia, sino un acto intrínsecamente ligado al cuidado, la resiliencia, la cohesión comunitaria y familiar, incluso, el juego de niños y niñas que se incorporan alegremente. Las manos femeninas, a menudo, son las guardianas de oficios ancestrales, las tejedoras de redes de apoyo, las innovadoras en la gestión de recursos y las transmisoras de conocimientos, cuyo origen es el amor, que aseguran la continuidad cultural, económica y relacional.

El trabajo, la familia, la comunidad y el amor se conciben como fuente de vida desde las acciones cotidianas entretejidas para la praxis vivificante: “el trabajo como creación y prolongación de la vida; es una satisfacción, porque es la vida que se realiza en otros menesteres creativos (...) Es el trabajo como creación fruto de la creación bella del trabajador” (Dussel, 2021, p. 114).


2. Trashumancia de la bondad

La Trashumancia de la Bondad es un patrimonio cultural inmaterial que se teje en el alma colectiva de aquellos que, movidos por una profunda conexión con el otro y con su entorno, eligen trascender los límites de lo meramente racional. No es solo un viaje físico, sino una migración del espíritu donde la hermandad se convierte en la brújula y la consecuencia en el camino.

Es la sabiduría ancestral que reside en el acto de compartir sin cálculo, de ofrecer apoyo más allá de las fronteras visibles, y de actuar con una responsabilidad que no emana de la norma, sino del corazón. Como los rebaños que en antaño cruzaban montañas en busca de mejores pastos, este patrimonio implica un constante desplazamiento hacia el bien común, donde cada paso reafirma el vínculo inquebrantable entre seres humanos y la tierra que los sustenta. Es una manifestación poética de que la verdadera riqueza reside en el dar, en el cuidar, y en la construcción de puentes invisibles que conectan almas en un tejido de respeto y empatía, más allá de lo que comúnmente se conoce o se espera.

Al respecto, Dussel (2011) nos aporta sobre la bondad como servicio y la praxis comunitaria para el bien en alianza para la reconstitución de la “bondad comunitaria” como la praxis ética de servir al otro y acto de relación: “el bien no es solo la buena voluntad de una persona, ni siquiera el acto aislado y personal de alguien bondadoso, no. Ahora es también una comunidad que tiene consistencia real, empírica, sociológica” (p. 50). Como bien nos dice Judith Guevara: “Ser galipanero te une” y Adelaida Viana lo confirma: “Todos somos familia. Galipán es amor”.


3. La Familia en Galipán

El concepto fundamental de la familia está suscrito, en algunos casos, a alguna constitución política, en consecuencia, su comprensión en las realidades sociales resulta incipientemente administrativa en el ámbito patrimonial. Sin embargo, el concepto de familia en el pueblo de Galipán despliega complejas relaciones, construidas desde el mundo intersubjetivo en la vida cotidiana y en el cúmulo social de conocimientos que se genera con todo el entorno vivo (humano, vegetal, animal). Siendo el núcleo familiar y la cohesión comunitaria pilares indisolubles del patrimonio galipanero: “en aquella gama de necesidades comunes (espirituales, religiosas, morales, políticas, profesionales, culturales, económicas, educativas, deportivas, recreativas...), para tratar de satisfacerlas a través del principio de participación, que constituye una facultad activa de sociabilidad por exigencia de su naturaleza)” (Rodríguez, 1980, p. 98).

La estructura social de Galipán, marcada por lazos familiares fuertes y un profundo sentido de ayuda mutua, conforma un patrimonio social intangible. Las mingas para la siembra o la cosecha, las celebraciones compartidas y la solidaridad en tiempos difíciles, son expresiones de un valor comunitario que se ha forjado a lo largo del tiempo. Este tejido social no solo asegura la supervivencia del pueblo, sino que es el andamiaje sobre el cual se construyen y mantienen todas las demás manifestaciones culturales.

Conversando con Verónica Perrones, nos encontramos con este lienzo trazado de historia familiar que se traslada al entorno comunitario y geográfico para edificarse en heredad colectiva:

Nací aquí en Galipán, mi mamá desde pequeña estuvo aquí en Galipán, y no salimos de aquí, todos nacimos aquí (...) No me he salido más de aquí, hemos trabajado la tierra toda la vida, se cortaban muchas flores, se bajaban y se llevaban para el comercio (...) Yo ahora más que todo vivo en mis jardines metida, y siembro algunas cositas para la casa, que si zanahorias, lechuga, cosas así. Mi mamá me enseñó la siembra de las flores. Mi mamá era fanática a su jardín, ella fue la que me transmitió eso, y después se murió y quedé yo, y yo las siembro en el nombre de ella (Comunicación personal, 09 de octubre de 2024).

Las vidas historiadas encontradas en Galipán develan diversas dimensiones que confluyen en la familia y, por ende, en lo que es la comunidad. La dimensión de amor al otro: existe un amor que representa un preámbulo al reconocimiento, no precisa de argumentos, ni razones, solo se manifiesta como un cielo abierto. La dimensión afectiva del vínculo: aunque las generaciones poseen una direccionalidad particular, se vuelve al origen, una y otra vez, cada vez, no se distancian de su lugar de nacimiento, aunque no se viva allí, pero todo gira en torno a Galipán. La dimensión de la construcción, la preservación y el cuido, la dimensión de la perennidad: Galipán es primero, es como la madre de todos, donde la historia se erige como una geografía dibujada por cada uno de los nacidos allí.


4. Cultivo de la tierra: Un saber ancestral y un acto de identidad

La relación con la tierra y la práctica del cultivo trascienden la mera subsistencia económica; son una forma de vida, una expresión de identidad y un saber patrimonial. El conocimiento sobre los ciclos de la siembra y la cosecha, las técnicas agrícolas transmitidas de generación en generación y el respeto por los ritmos de la naturaleza son parte fundamental de la cosmovisión galipanera. Cultivar la tierra es un acto de continuidad, una conexión con los ancestros y una manifestación de la autonomía y el arraigo al lugar. Es, en esencia, la práctica que ha modelado el paisaje y el carácter de sus habitantes.

Nancy Aquino nos deslumbra con este testimonio:

Bueno yo estoy muy orgullosa de ser galipanera, de ser mujer, y de pertenecer a esta montaña tan increíble, rodeada de manantiales, de naturaleza, me encanta, me siento feliz de la enseñanza que me dio mi abuela y mi mamá, de trabajar la tierra, de cocinar, de mantenernos en familia siempre en todo momento (Comunicación personal, 09 de octubre de 2024).


5. Niebla, silencio y luz: Poesía de la altura

La niebla, visitante frecuente, envuelve las cumbres y los valles en un misterio plateado, transformando los árboles en siluetas espectrales y las casas en refugios casi fantásticos. Este velo etéreo no es un obstáculo, sino un elemento más de su misticismo, invitando a la introspección y al asombro. El silencio, roto solo por el canto de los pájaros o el lejano murmullo del viento entre las hojas, se convierte en un eco del alma del lugar: “El viento, en su exceso, es la cólera que está en todos lados y en ninguna parte, que nace y renace de sí misma, que gira y se vuelca” (Bachelard, 1958, p. 278 – 279).

Y cuando el sol rompe a través de las nubes, la luz se derrama sobre las laderas, tiñendo el paisaje con dorados y ocres, revelando la majestuosidad de la naturaleza en su máxima expresión. Galipán es, así, una geografía que se siente más que se ve: un poema esculpido en la montaña, donde cada elemento natural cuenta una historia de paz, belleza y conexión profunda con el alma del Waraira Repano.


6. La naturaleza: Flores, cerro “El Picacho” y el clima como patrimonio vivo

La naturaleza es, quizá, el primer y más evidente patrimonio de Galipán. Las flores, cultivadas con esmero y que adornan cada rincón, no son solo un producto económico, sino un símbolo de la belleza y la dedicación de sus habitantes. El Cerro El Picacho, imponente y desafiante, no solo es un referente geográfico, sino un hito espiritual, un guardián que define el horizonte y la identidad del lugar. Y el clima, con su particular bruma y su frescura constante, no es solo una condición meteorológica, sino un elemento que moldea la vida diaria, las costumbres y hasta el temperamento de los galipaneros. La interacción con estos elementos naturales crea un patrimonio vivo, cambiante y profundamente arraigado en la existencia de la comunidad. Bachelard (1958) nos ilustra sobre la memoria de la naturaleza y su continuidad en la vida humana:

La vida vegetal, si está en nosotros, nos da la tranquilidad del ritmo lento, de su gran ritmo tranquilo. El árbol es el ser del gran ritmo, el verdadero ser del ritmo anual. Es el más claro, el más exacto, el más seguro, el más rico, el más exuberante en sus manifestaciones rítmicas. La vegetación no conoce la contradicción (p. 276).


7. Paisaje: Un lienzo vivo de “Memoria y Resistencia”

El paisaje de Galipán, abrazado por el Waraira Repano y con vista al Caribe, es mucho más que un mero escenario natural; es un paisaje cultural. Las terrazas de cultivo, los senderos que serpentean la montaña y las vistas que se pierden en el horizonte son el resultado de siglos de interacción entre el ser humano y su entorno. Este paisaje no solo evoca belleza, sino que encierra la memoria de las generaciones pasadas, sus luchas, sus saberes y su capacidad de adaptación. Es un patrimonio que se respira en el aire puro, se siente en la brisa y se admira en cada amanecer y atardecer, contando silenciosamente la historia de un pueblo resiliente.


8. “Ser Galipanero”: La identidad forjada en la montaña

El concepto de “Ser Galipanero” es la síntesis de todos estos valores. El propio concepto de identidad es el más complejo de valorar (Martínez, 2006, p. 763). Va más allá de haber nacido o vivido en el lugar; es una identidad forjada en la interacción con el paisaje, en la práctica de la oralidad, en el fuerte sentido comunitario, en el cultivo de la tierra y en el respeto por las tradiciones.

La identidad parte de un sentido relacional, se forja en relación al otro, “la identidad se procesa en la interacción, la cuestión del reconocimiento es clave. (...) La identidad, es situacional (...) las identidades cambian” (Grimson, 2011, p. 75). En relación a estos presupuestos teóricos de la identidad, en torno a la cultura, Grimson señala que se deben considerar: “la desigual distribución de poder entre personas y grupos, los procesos de sedimentación y estructuración, la heterogeneidad cultural de los grupos que construyen identidades homogéneas, y la distribución socioeconómica” (p. 76).

De esta manera, el “Ser Galipanero” implica una forma particular de ver el mundo, de relacionarse con la naturaleza y con los demás. Es un patrimonio inmaterial que se manifiesta en el carácter, la resiliencia y el orgullo de pertenecer a este enclave montañés frente a la diversidad y abierto a sus significaciones para la existencia y re-existencia: “Bueno me siento muy feliz de ser galipanera, nací aquí, me quiero morir aquí en Galipán” (Aquino, Nancy comunicación personal, 09 de octubre de 2024).


9. Geografía: Entretejidos de historia viva, desde su geografía y su territorio

Enclavado en las faldas del Waraira Repano, el imponente pulmón vegetal que abraza a Caracas, Galipán se revela como un secreto susurrado entre la neblina y el verdor. No es solo un punto en el mapa del estado La Guaira, sino un umbral donde la montaña y el cielo se encuentran en un abrazo etéreo. Aquí, la geografía se diluye en poesía: cada curva del camino es un verso que asciende, cada mirador una estrofa que se abre al infinito.

La geografía, espacialmente hablando, abraza a la historia, o mejor aún, la historia erige a la geografía misma. Los espacios se mueven al ritmo de la temporalidad que transcurre. Ambas se hacen patrimonio y se hacen cultura. En relación a ello, Martínez (2006) precisa:

(...) el concepto del patrimonio se proyecta, no sólo hacia el pasado representado por aquellos bienes y valores que ya han sido reconocidos como integrantes de su dimensión histórica, sino también hacia el momento presente, al reelaborarse continuamente el significado que el patrimonio tiene en la actualidad y reconocerse nuevas dimensiones del mismo que probablemente integrarán el futuro concepto de patrimonio, como una noción histórica, unitaria y acumulativa (p. 759).

A su vez, en cuanto al territorio, es a través del paisaje que llegamos al territorio y a la sociedad, algo que no siempre se entiende por el lego en estas materias y que puede confundirlo: el paisaje, como otras unidades espaciales que utiliza el geógrafo, no es un objeto existente en sí, aunque pudiera parecerlo, y aunque algunas líneas de estudio del mismo así traten de considerarlo (Checa y Sunyer, 2017, p. 10). Checa et al. (2015), complementan señalando:


Es un artificio geográfico, que pese a que presupone una base material original, el medio físico natural, depende de la mirada que lo contempla: la mirada humana, clave de su acción posterior, como expuso en su momento el geógrafo italiano Eugenio Turri: “Donde falte el hombre que sabe mirar y tomar conciencia de sí como presencia y como agente territorial, no habría paisaje, sino sólo naturaleza, mero espacio biótico, hasta el punto de hacernos considerar que entre las dos acciones teatrales del hombre, actuar y mirar, nos aparece como más importante, más exquisitamente humana la segunda, con su capacidad de guiar la anterior” (Checa et al., 2015, p. 10).

En este sentido, el paisaje será tal, una vez que la comunidad organizada, en ente humano en plena actividad relacional, le reconoce como tal, así mismo sucede con el patrimonio, en consecuencia, paisaje y patrimonio resultarán conceptos que articulan, para prevalecer.


10. Diálogo entre cielo, tierra y mar

Desde sus alturas, el paisaje es un lienzo mutable. Por un lado, la vertiente que mira al Ávila se sumerge en un tapiz esmeralda, salpicado por las terrazas de cultivo que dibujan la perseverancia de sus habitantes. Es una geografía que respira a ritmo de flor, de fresa, de durazno; una tierra fértil que eleva sus ofrendas al sol. Por el otro, al voltear la mirada, el horizonte se expande en la inmensidad azul del Mar Caribe, que desde esta altitud parece un sueño lejano y brillante. Así lo siente Yelitza Guánchez: “Admiro al mar, lo amo y respeto, pero me inclino más hacia mi montaña, el Picacho de Galipán” (Comunicación personal, 30 de octubre de 2024).

El aire aquí tiene el aroma de pino y tierra húmeda, mezclado con la brisa salina que el viento arrastra desde la costa, creando una sinfonía olfativa única. Así: “La mirada humana del territorio y la acción que sobre él se desencadena es lo que permite entender las características especiales del paisaje, su polisemia, su encrucijada entre lo natural y lo cultural, y que pueda y deba abordarse desde puntos de vista diversos” (Checa y Sunyer, 2017, p. 11).

Estos autores especialistas en paisaje, complementan: “(...) Para unos, es el medio físico y natural; para otros, los procesos históricos y sociales; otros ponen su acento en el conflicto y la resistencia de pueblos y comunidades” (Checa y Sunyer, 2017, p. 10).


11. Oralidad: La voz que preserva y transmite

En Galipán, la oralidad es un tesoro inmaterial y un vehículo esencial del patrimonio. Las historias, leyendas, canciones y refranes que se transmiten de boca en boca son el archivo vivo de la comunidad. Es a través de la palabra hablada que se preservan las recetas ancestrales, los métodos de cultivo, las creencias populares y las experiencias colectivas. Cada conversación en el porche de una casa, cada relato compartido alrededor del fuego, es un acto de preservación cultural. La oralidad no solo informa, sino que conecta a las generaciones, fortaleciendo el sentido de pertenencia y continuidad.

La oralidad permite atesorar el saber, conservarlo y darlo a conocer de generación en generación, para contar la historia y dar permanencia a la voz de la tradición ancestral que revela la vida de los pueblos y da continuidad a los procesos inagotables de creación, recreación e imaginación de mujeres y hombres que heredan y hacen suyas estas historias y aprendizajes para la crianza de sus hijas e hijos (Rivas, 2017, p. 26).

En los relatos de Eneida Aguilar exploramos esta conexión de la tradición oral y la fuerza de la palabra entregada por nuestras madres y padres, herencia para nuestros hijos e hijas:

Mis padres, a pesar de no haber ido a una escuela o culminar unos estudios de primaria, sin tener una formación académica, nos enseñaron valores, no sé cómo, pero nos enseñaron valores, y uno ve que a veces llega más de lo que uno dice, y lo que uno vio en ellos, hizo como que en cada uno de nosotras, una personalidad, un valor hacia a todo, fundamentalmente el respeto hacia las cosas, hacia las personas, hacia el medio ambiente, y yo creo que una de las cosas que tenemos que seguir nosotros luchando acá, que prevalezca en la juventud, lo que están después de nosotros es el sentido de pertenencia hacia esta comunidad de Galipán, yo creo que esa es una de las cosas fundamentales que esto se mantenga en el tiempo (Comunicación personal, 30 de octubre de 2024).

Es por ello que, más allá de que “la oralidad es el primer sistema comunicativo que adquiere el individuo dentro de esa actividad semiótica compleja que es la producción textual y discursiva” (Mostacero, 2011, párr. 3), en Galipán emerge un nuevo tipo de oralidad, desde donde ésta se erige como “la primera experiencia interactiva porque surge con la vida y se repite cada vez que nace un niño o una niña” (Mostacero, 2011, párr. 3).


12. Relatoras y actores sociales: Mujeres en Galipán

La mujer galipanera, sin lugar a dudas y a partir de lo expresado por ellas mismas durante nuestros encuentros conversacionales, ha desempeñado un papel trascendental y de relevancia inigualable en la configuración y embellecimiento del espacio protagónico de la presente investigación. Su influencia ha incidiendo directamente en la forma de vida, la armonía emocional y la identidad cultural del entorno familiar.

A partir de allí, sus relatos se han erigido como una fuente inacabada de sus historias vividas: “El relato de una vida debe verse como resultado acumulado de las múltiples redes de relaciones en los que, día a día, los grupos humanos entran, salen y se vinculan por diversas necesidades (...) nos permite descubrir lo cotidiano” (Mallimaci y Giménez, 2006, párr. 11).

Es así como en la perspectiva femenina y mejor aún, lo que simboliza la madre galipanera, a menudo se enfoca en la creación de una atmósfera que prioriza el bienestar, la seguridad y la emocionalidad afectiva: “lo femenino es quietud, conservación y misterio (...) aquello que crece, se asegura y se reproduce” (Rísquez, 1991, párr. 39).

La mujer tiene una habilidad innata para percibir y atender los detalles sutiles que transforman su entorno en un verdadero santuario. El testimonio de Nancy Aquino lo demuestra:

Mi abuelita era muy linda, aparte que yo era su consentida, ella era un amor, para ella nada era malo, siempre rezaba y nos decía; mija eso no importa lo que pasó, para adelante. Ella no le veía nada malo a nada y también era muy trabajadora. Ella también fue una columna en su familia, y nos enseñó también unión en la familia, mucho amor, mucha paciencia, ella nos enseñó eso (Comunicación personal, 09 de octubre de 2024).


13. Tradiciones: Rituales que refuerzan el sentido de pertenencia

Las tradiciones de Galipán, desde las fiestas patronales hasta las costumbres cotidianas, son el esqueleto que sostiene la identidad cultural. Estas prácticas colectivas, que a menudo combinan elementos religiosos, agrícolas y festivos, no solo conmemoran eventos pasados, sino que refuerzan el sentido de comunidad y pertenencia. Son momentos en los que el pasado y el presente se encuentran, donde los rituales se repiten y los lazos sociales se renuevan. Las tradiciones son el pulso del pueblo, asegurando que los valores y las formas de vida se mantengan vivos y relevantes para las nuevas generaciones:

Aunque en cada pueblito haya una iglesia, más bien, cada sector posee nombre de santo, donde la religiosidad se hace presente, haciendo de los lugares y sus habitantes, un ambiente relacional supremamente religioso.

(...) casi todos los pueblitos tienen su iglesia. Y esa iglesia, tiene el patrón, en este caso es San José. En la Iglesia, tienen su imagen grande, y cada año, el 19 de marzo se celebra acá en este sector de San José. Se celebra una misa, anteriormente hacían las fiestas patronales, hoy se conserva solamente la misa y la procesión. Después de la misa, se realizan bautizos y comuniones, sacan al santo, a San José, lo traen hasta el río y bueno eso por años, se convirtió en una tradición, alguien en su momento lo hizo así, y después se fue haciendo de generación en generación y se sigue haciendo acá, que traen el Santo al río, y se le echa agua con un vasito, para que nunca nos falte el agua en el río, obviamente en el río para que tengamos nuestra fuente de vida aquí (Guánchez, Yelitza, comunicación personal, 30 de octubre de 2024).


14. Historias de amor: La dimensión humana del patrimonio

Aunque no siempre explícitamente reconocidas como patrimonio, las historias de amor, tanto las de pareja como las de la comunidad con su tierra, añaden una dimensión profundamente humana y emocional a la definición de patrimonio cultural. La memoria, entonces, no se basa en valores artísticos, históricos o culturales, sino que se relaciona especialmente con los sentimientos de los individuos (...) convirtiéndose en una noción universal y, en este sentido, acercándose al concepto de identidad cuando se aplica a la reflexión sobre los valores patrimoniales (Martínez, 2006, p. 770).

Estas narrativas, a menudo parte de la oralidad, revelan los afectos, los desafíos y las alegrías que han tejido la vida en Galipán. Hablan de un amor por el lugar, por la familia y por la vida, que impulsa a sus habitantes a seguir adelante y a preservar su legado. Son el alma intangible que da sentido a todas las demás expresiones culturales. En este contexto, Aguiar (2017), argumenta que: “un patrimonio es en primer momento, reconocido, luego respetado, pasa a ser admirado, posteriormente valorado y, por lo tanto, finalmente amado, definitivamente amado. Etapas por las que transita de manera indefectible” (p. 17).


15. Patrimonio vivo: Saberes y narrativas de la Mujer Galipanera

El concepto de “Comuna Mujer” en Galipán alude a esta sinergia entre el territorio y el género femenino. Se manifiesta en las huertas cuidadas con esmero, en la elaboración artesanal de sus dulces típicos y licores, en el conocimiento profundo de las plantas medicinales que la montaña ofrece, y en la memoria colectiva que custodian. Cada conversación con una mujer galipanera es un hilo más en el tejido de este patrimonio vivo: historias de superación, anécdotas de la vida cotidiana, relatos de cómo el pueblo ha enfrentado desafíos y preservado su esencia. Uno de los aspectos más interesantes del actual reconocimiento de la dimensión inmaterial del patrimonio la conforma la protección de los llamados “tesoros vivos” de la Humanidad que no están constituidos por valores, sino por personas que son depositarias de una determinada tradición que se perpetúa a través de sus enseñanzas, de sus actividades, etc. (Martínez, 2006, p. 770).

Son ellas quienes mantienen vivas las fiestas patronales, las leyendas locales y las prácticas comunitarias que fortalecen el tejido social:

En aquellos tiempos cuando se hacían las fiestas de San José, eso era algo muy increíble, algo muy bonito, todas las familias se unían para que eso quedará perfecto, se hacía un sancocho y todo el mundo tenían que ver con eso, había esa unión (...) cuando es la fiesta del 19, que es la fiesta de San José, ese día la muchacherita que está por allí, que este naciendo, todos ese día de San José, son los bautizos y las comuniones, y si van hacer algunas reuniones, en las casas y eso, todo con sencillez (Guánchez, Eleonora, comunicación personal, 30 de octubre de 2024).

Este artículo se adentra en ese periplo conversacional, buscando no solo documentar, sino también honrar la sabiduría y la resiliencia de estas mujeres. A través de sus voces, develamos las capas que componen el invaluable patrimonio de Galipán, comprendiendo que el futuro de esta comunidad está intrínsecamente ligado a la continuidad del liderazgo y la visión femenina que la ha caracterizado históricamente.


Reflexiones finales

El patrimonio cultural en el pueblo de Galipán muestra una gran riqueza de experiencias que se encuentran presentes en diversos aspectos de la vida cotidiana, trascendiendo los límites del arte y la belleza convencional expresada en la materialidad. Este espectro patrimonial se reconoce y visibiliza en el poder de la feminidad: “la creación es femenina. La feminidad es el alimento de la existencia misma” (Rísquez, 1991, p. 190).

Estos nuevos valores patrimoniales se expresan principalmente en la naturaleza, en toda su vastedad y complejidad, ofreciendo una fuente inagotable de experiencias desde la majestuosidad de las montañas hasta la delicadeza de una flor tocando la tierra fértil. El mundo natural en Galipán se vuelve patrimonial, pues nos conmueve y nos inspira con su belleza para la afirmación, reproducción y crecimiento de la vida en el plano subjetivo y objetivo. La subjetividad expresada en la capacidad de emoción sensible y de sensibilidad estética y la objetividad en la sustantividad del objeto real, visible, que se toca, pero al mismo tiempo que se siente en el esplendor de su belleza natural.

El espacio natural y el paisaje se convierten en “lugares de memoria en los tres sentidos de la palabra, material, simbólico y funcional, pero simultáneamente en grados diversos (...) solo es lugar de memoria si la imaginación le confiere un aura simbólica” (Nora, 2008, p. 33).

Desde un enfoque empírico que explica y describe el desenvolvimiento espacial de las relaciones sociales, el territorio se expresa como un recurso cultural y económico, donde el patrimonio cultural forma parte de esa herencia generacional. El patrimonio territorial de acuerdo a Orozco (2020), se despliega como ese conjunto significativo de elementos que se articulan entre sí como sistema, a partir de tres enfoques: 1. Patrimonio territorial como reconocimiento y valoración social 2. Patrimonio territorial como sistema 3. Patrimonio territorial y sostenibilidad. Primeramente, el patrimonio territorial demanda la aceptación de la comunidad, como espacio donde se construye la memoria colectiva relacionada con la herencia cultural, social y natural (Orozco, 2020; Ortega, 1998). Así, el territorio se constituye como la base de la identidad de la población de Galipán, arraigada en la memoria y los saberes de sus mujeres de generación en generación.

El fulgor de la vida cotidiana es el escenario para el despliegue de los momentos más ordinarios de la vida diaria y los momentos más extraordinarios para encontrar el momento prístino de experiencias patrimoniales gratificantes que se tejen desde la forma en que la luz se filtra a través de una ventana, en el aroma de un café o en el sonido del viento filtrando el techo. La experiencia humana enriquece estos “lugares de memoria”, donde lo patrimonial subyace en las formas de comprensión del mundo a través de los sentidos (el tacto, el gusto, el olfato, la vista), las emociones, ideas y acciones: “Es un mundo que se origina en sus pensamientos y acciones, y que está sustentado como real por éstos” (Berger y Luckmann, 1995, p. 37).

El patrimonio cultural de Galipán se erige sobre estos pilares vivos e interconectados. No es una reliquia del pasado, sino un continuo fluir de saberes, prácticas y relaciones que se renuevan constantemente, garantizando la identidad y el futuro de esta singular comunidad en las alturas del Waraira Repano donde la Matrifocalidad es el eco de una fuerza laboral que, sin buscar el reconocimiento externo, establece las bases de una economía solidaria y sostenible, donde la eficiencia se entrelaza con la empatía y la productividad se mide también por el bienestar colectivo. Es la demostración viva de que la capacidad de crear, administrar y liderar puede florecer desde un centro que prioriza la vida y el futuro de la comunidad.

Las mujeres conciben al patrimonio un espacio vivo para habitar y resguardar, ya que les permite defender su territorio, cuidar su paisaje, potenciar el desarrollo comunitario, preservar saberes propios y proteger a su familia “Son cuidadoras de memorias, se activan para resguardar la experiencia vivida. La forma de abordar esa memoria social parte de una mirada más amplia, que incorpora a toda la comunidad y se configura desde espacios múltiples” (Brito, 2024, p. 17).


Nota

El presente estudio emana de un proyecto financiado por el Fondo Nacional de Ciencia, Tecnología e Innovación (Fonacit), a partir de la convocatoria realizada por el Ministerio del Poder Popular para Ciencia y Tecnología – MINCYT, dirigida a la priorización de proyectos enmarcados en el liderazgo de mujeres científicas (2023-2024, Venezuela). Durante el proceso investigativo se presentaron resultados parciales en la X Conferencia Latinoamericana y Caribeña de Ciencias Sociales – CLACSO, Bogotá 2025.


Referencias

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