Entrevista a: Luis Adolfo Pérez Nava
Integrante de la Casa de la Diversidad Cultural del Zulia
Por: Carlos González
La gastronomía zuliana es ampliamente conocida en
todo el país, siendo referencia sobre comidas de una
zona en particular. Existen platos que están ligados
indisolublemente con esta región de Venezuela,
presentando una gran variedad y diversidad,
características que hacen inconfundible esta
gastronomía. A continuación se presenta una entrevista
con el profesor Luis Adolfo Pérez Nava, perteneciente a
la Casa de la Diversidad Cultural del Estado Zulia,
donde se revela un panorama acerca de los saberes
ligados a los platos tradicionales zulianos, desde un
punto de vista etnográfico el cual permite comprender
las raíces de lo que hoy en día se considera una
tradición en cuanto a gastronomía, presentando la
dicotomía entre lo tradicional y lo que hoy existe como
comida callejera, principalmente en Maracaibo, para
comprender cómo ha llegado a existir la oferta
gastronómica zuliana actual.
Para comprender las características de los platos típicos
del Zulia, es necesario hacer una precisión acerca de lo
que vamos a entender por plato típico, y los llamados
platos tradicionales. Esto puede ser comprendido desde
una perspectiva antropológica, sociológica y etnográfica
a partir de las experiencias de campo en distintas
comunidades de la cuenca del Lago de Maracaibo.
Lo considerado como tradicional, tiene que ver con
aquello transmitido de generación, en generación, de
esta forma se va recreando y resumiendo el legado, el
cual se va reproduciendo en las nuevas generaciones.
Lo considerado como típico, que es un tipo de
alimentación o un tipo de comida, sería una
clasificación, que desde un exotismo, de una distancia,
permite caracterizar una cultura u otra, a partir de unas
manifestaciones específicas que se van dando según el
objeto de estudio, tiene que ver más con esa
perspectiva folclorista, vinculada con esas características que hacemos de lo que es de uso común
o lo que es generalizado, o lo que es la voz común de
un pueblo.
Cuando entramos a la gastronomía y se intenta hacer
una caracterización de la cuenca del Lago de
Maracaibo, su paisaje humano, su población, su cultura,
se hace la vinculación a tres raíces: el maíz
prehispánico que se desarrolló desde Mesoamérica y se
expandió por todo el subcontinente suramericano, el
coco, que ahora no estamos seguros si fueron los
viajeros de India quienes los trajeron en su
embarcación, o ya estaba plantado en las orillas del
Lago de Maracaibo, lo importante es conocer que el
coco realizó un gran viaje hasta llegar al lago, ya fuese
flotando en el agua o transportado en navíos.
Del mismo modo se habla de la panela, proveniente de
la caña de azúcar, es un producto que se lo debemos a
los conquistadores y colonizadores de estas tierras,
entonces tenemos por un lado al blanco europeo,
después tenemos el aporte africano e igualmente el
aporte originario. Son tres elementos culturales que
confluyen en una paila, en torno al fuego con agua. Eso
es una caracterización de los elementos que aparecen
en lo que llamamos platos tradicionales, o gastronomía
tradicional.
La gastronomía de la cuenca del Lago de Maracaibo se
caracteriza por la abundancia y diversidad de sus
ingredientes. El coco y el maíz son elementos
fundamentales, tanto en platos dulces como salados.
Además, la región destaca por el uso de productos
derivados de la caña de azúcar, como el dulce de
panela, un endulzante tradicional que aporta un sabor
único a sus preparaciones.
Figura 1. Lago de Maracaibo
Fuente: Luis Adolfo Pérez (2024)
La gastronomía tradicional zuliana cuenta en primer
lugar con la arepa, un plato común en toda Venezuela,
el cual cuenta con distintas variantes propias de la
región, se consigue por ejemplo la arepa de coco, la
arepa de maíz amasada con leche de coco y con la
gruesa del coco, el cual para esta preparación es
tostado. Igualmente conseguimos en otra región el uso
de la carne de iguana, por no hablar de la carne de
cacería de distintos animales que todavía sobreviven en
nuestros montes, igualmente encontramos el pescado
embasurado en el sur del Lago de Maracaibo.
En las poblaciones afrodescendientes, nos conseguimos
el plátano y las diferentes posibilidades que tiene para
realizar variadas preparaciones, por ejemplo, el mofote
que es un plátano verde, sancochado y después
amasado con leche de coco y aderezado con vegetales,
en la zona de Bobures; el “pescado embasurado” que
es un pescado del Lago, puede ser bocachico o curvina
relleno de cebollín, ají, cebolla, ajo y después cocinados
en brasas, envuelto en hoja de plátano; la iguana en
coco guisada en la zona de la cañada, la arepa de coco
en Los Puertos de Alta Gracia, así mismo nos vamos
consiguiendo otras cosas en Perijá, que tienen que ver
con la presencia de los diferentes recursos de la zona.
Figura 2. Platos tradicionales hechos con pescado en el Zulia
Fuente: Luis Adolfo Pérez (2024)
Es una gastronomía bastante amplia, habría igualmente
que ver por cada región, como por cultura, porque
también encontramos la gastronomía indígena Wayuu,
presente y vigente en sus eventos funerarios, en sus
rituales y eventos sociales, donde destaca el maíz,
también sus carnes de cacería, el consumo de la lapa,
las hallacas de lapa que preparan los Yukpas, toda la
ritualidad que tiene que ver con la obtención del
alimento del río que hacen los Barí, cuando usan el
barbasco para adormecer a los peces que están
represados en el río y poder agarrarlos y pescarlos
fácilmente con sus manos.
Al explorar la gastronomía tradicional, encontramos
ingredientes que se repiten o son comunes a distintos
platos provenientes de la caza, la pesca, la cría de
bovinos y caprinos, todos ellos acompañados con maíz,
plátano, yuca, entre otros, preparados con diferentes
procedimientos, envueltos o guisados, por ejemplo.
También es recurrente el uso de los aderezos, la
manteca que nos aporte el coco, las grasas que
podemos obtener de los animales como la gallina, la
res, la grasa de los animales porcinos, por allí se refleja
la complejidad del asunto, siendo necesario realizar una
caracterización en torno a la geografía, al paisaje,
reflejando la idiosincrasia de los pueblos.
Figura 3. El plátano, ingrediente de variados platos zulianos
Fuente: Luis Adolfo Pérez (2024)
Las características particulares de esta gastronomía
tienen su origen en la homogeneidad de la región
zuliana debido principalmente a la situación de
aislamiento, pues no existió la comunicación vehicular
hasta el siglo XX, antes de eso, la comunicación de
nuestra región con el mundo, fue a través del lago, a
través de la navegación. Por esta razón Maracaibo se
constituyó en zona de tránsito de distintos productos
provenientes de Los Andes, Falcón, diversas zonas de
Colombia, y la indisoluble vinculación de esta región a
través de la cultura Wayuu.
No se puede llevar a la mesa algo desconocido o sin
haberlo probado. Entonces, el principal antecedente de
la comida tradicional zuliana actual se encuentra en la
simbiosis entre las diferentes culturas que se dieron cita
en esta región. Existen experiencias vinculadas con los
pueblos originarios que se siguen recreando, y otras
con las culturas extrañas, invasoras, colonizadoras, las
cuales van sumando aportes.
Figura 4. Maíz Cariaco, tal como lo conocen los pueblos indígenas zulianos
Fuente: Luis Adolfo Pérez (2024)
En la dinámica de ese proceso se han olvidado por
desuso, algunos de los recursos alimentarios que
nuestros pueblos originarios en algunos casos
conservan y en otros han perdido, pero están allí de
manera latente, aportando. Como ejemplo de esto, se
puede mencionar el fororo, en el maíz tostado, que a
simple vista pareciera un recurso popular consumido
generalmente en todo el territorio nacional, pero que
puede tener una variante según el territorio donde se
prepare.
En el caso de los Wayuu hay un alimento, un avío para
viajes el cual también que se usa como un postre o
como una golosina para los niños, y que también es un
alimento usado para la vitalidad de los ancianos: se
trata del Saguá hecho de maíz cariaco, el cual es un
maíz morado denominado de esta forma por los
pobladores originarios. En la Guajira se prepara el
Saguá con otro tipo de maíz morado, que es un maíz
tempranero, un maíz que se siembra con las primeras
lluvias y en cuarenta (40) días se cosecha.
Figura 5. Mermelada de pulpa de Tapara preparada con panela
Fuente: Luis Adolfo Pérez (2024)
El maíz se tuesta, se muele y se le agrega las semillas
tostadas y molidas de la tapara, las cuales le dan un
sabor y le agregan una fuerza, a esa preparación, se le agrega un poco de panela raspada o de azúcar y ya se
tiene un alimento que sirve para hacer caminatas
largas en la zona semiárida de la Península de la
Guajira. Es entonces el Saguá, un alimento que permite
desplazarse hasta llegar al sitio a donde se tiene
previsto. Si tenemos miel de abeja y la usamos en vez
de azúcar o panela, podemos hacer unas pelotitas que
se consumen como un caramelo por los niños.
De esta manera, se refleja un modo ancestral, una
relación con un producto originario una que también
puede tener adecuaciones, por ejemplo, si no hay miel
(que se consigue de manera silvestre en la Península de
la Guajira), se puede utilizar azúcar o panela, y de este
modo se ha ido asimilando a la cultura actual esa
receta.
Los platos populares que hoy en día se consiguen en los
puestos de la calle en Maracaibo son ampliamente
conocidos, se vinculan con la ciudad. Para llegar a este
tipo de comida callejera, es necesario revisar la vida
marabina de los últimos cien años, muy influenciada
por la presencia norteamericana, la cual se presenta
como el modo de vida deseado, introduciendo
transformaciones en los hábitos gastronómicos y
nutricionales de nuestro pueblo.
Basta pensar en el sándwich, el "hot dog" y la pizza,
esa comida rápida industrializada que popularizó la
comida callejera. Estos alimentos masificados
comenzaron a competir con platos tradicionales como
el pescado frito con yuca, los cuales, paradójicamente,
ahora son más difíciles de encontrar en los puestos
callejeros y se han trasladado a los restaurantes
formales.
Existe allí una arista muy importante porque dentro de
esa comida rápida callejera se introducen elementos
vinculados con la comida procesada industrialmente, lo
cual se impone como norma, mientras que lo
tradicional, tiene que ver con la cocina hogareña,
vinculada a una ritualidad familiar, comunitaria. Esta
dicotomía hace que el paladar se encuentre a medio
camino entre una memoria que necesita ser reactivada
y un consumo al que estamos siendo inducidos a través
de la publicidad y las leyes del libre mercado.
Se impone entonces la comida callejera como lo
sabroso, como lo deseado, y se relega casi que a la
vergüenza el fogón en el patio, la comida tradicional
más característica de la región. Existen algunas
hibridaciones, por ejemplo conseguimos el patacón,
igualmente el queso de año incorporado al
“tumbarrancho”, el cual es la arepa con una rodaja de
mortadela, con una rebanada de queso y envuelta en
una mezcla de harina, luego es echada a freír para
después incorporarle un poco más de proteínas, de
vegetales y salsas, haciendo un plato hipercalórico que
se consume generalmente a altas horas de la noche.
Este tipo de alimentos callejeros hace que surja la
pregunta: ¿y esto de dónde viene? En el caso del
tumbarrancho tenemos la fritura, algo bien africano, por
otro lado están las salsas que es un producto industrial,
típico de la cultura petrolera, se encuentra igualmente
el maíz como la sobrevivencia de una presencia
originaria, pero que se nos va desfigurando en nuestra
mente, en nuestro cuerpo y que nos hace pensar en los
problemas de salud que acarrea esa cultura de
consumir la comida de los puestos ubicados en la calle.
La costumbre de comer en la calle del zuliano trae
repercusiones a la salud, sobre todo en un clima como
el nuestro de 40 grados centígrados a la sombra. Se
requiere entonces, adecuar los hábitos alimentarios
para garantizar un equilibrio armonioso de nuestra
salud corporal, mental y espiritual. Este problema se
presenta en los zulianos desde niños, cuando se
acostumbran a resolver el desayuno en una cantina
escolar con un refresco y dos frituras, allí empieza a
desarrollarse un desorden que tiene que ver con esa
enajenación, transculturación e hibridación, a la cual
hemos estado sometidos como pueblo.
Cuando se piensa en platos tradicionales asociados a
fiestas populares lo primero que se viene a la mente
son esas parrillas humeantes, de no sabemos qué
animal, que se mantienen a disposición, desatando un
olor atrayente en cualquier feria o fiesta de pueblo, por
ejemplo, en las ferias de la Virgen de Chiquinquirá en el
mes de noviembre, y como en torno a la plazoleta de la
Basílica se instalan los parrilleros, creando una
humareda, provocando que se desate el hambre,
induciendo a agarrar un pincho de esa carne colorada
por el achote, con un pedacito de masa de maíz en la
punta para equilibrar el sabor de los aliños y de las
especies añadidas a la carne del animal de dudosa
procedencia.
Sin embargo, ese tipo de comida no es la única que se
ofrece en ese tipo de eventos, ya que en las fiestas
populares hay diversidad de experiencias, pero
básicamente durante Semana Santa se consiguen
platos diversos, como el pastel de polvorosa, preparada
en los Puertos de Altagracia con una masa que asemeja
a la textura de la galleta que llamamos polvorosa,
boronosa, mantecosa y un relleno de gallina o de pollo
o de pescado, o el postre que llaman chocho de vaca,
que se puede preparar en medio limonzón o media
lechosa verde, cuando en su concavidad se le agregan
los ingredientes de un quesillo, se decora con ciruelas,
y se hornea el quesillo en el cuenco del limonzón o de
la lechosa, está igualmente el manjar blanco
acompañando un dulce de lechosa y piña.
También existe una variedad de platos asociados no
solamente a fiestas tradicionales, sino a lo cotidiano, a
un desayuno, una merienda o una cena. Tal es el caso
de la fritura de mandoca. hecha de harina de maíz,
plátano maduro machacado y queso, para después ser
freídos esos aros en forma de gota. Se encuentra
igualmente el patacón, que se usa en otras partes del
país pero que en el Zulia se utiliza como soporte de un
relleno, que va de pernil a pollo o carne, lleva salsas, ensaladas, queso; sería como el equivalente a una
cachapa con una base de plátano verde en vez de maíz
tierno.
Figura 6. Galletas saladas de harinas integrales, suero de yogur y manteca de cochino
Fuente: Luis Adolfo Pérez (2024)
Del mismo modo, hay un guiso de bagre que se mezcla
con pasta en forma de caracolitos y se consume como
un asopado, o el pastel de macabí que es un pez de
lago que tiene pulpa, o las croquetas que se hacen del
mismo pez. Por otra parte, está el revuelto de pollo o
gallina, que consiste en piezas del animal guisadas, a
las cuales se les agrega pan rallado y huevo, y queda
como un revuelto, preparaciones provenientes de la
experticia de la cocinera, de la matriarca de la familia, y
compartidas en un ámbito doméstico.
También existen postres que se pueden considerar
típicos como los “huevos chimbos”, los cuales en la
actualidad ya prácticamente no se usan, solo se
preparan como un plato casero, pero como se
encuentra arraigado profundamente en el imaginario
popular, aun se pueden conseguir en algunas dulcerías especializadas de la ciudad de Maracaibo.
En el interior del Estado Zulia, hay festividades como el
Chimbánguele en el Sur del Lago, las cuales son las
fiestas de tambores en homenaje a San Benito, donde
en algún momento del recorrido de la procesión del
santo, los tamboreros, los participantes de la fiesta
pueden acceder a un hervido, principalmente de carne
de res, que se prepara como guarnición para que la
fiesta no pare, pues este tipo de platos aporta la energía
necesaria para participar en estas festividades
caracterizadas por su larga duración.
En Machiques de Perijá, diciembre es la época en la cual
el bocachico está “enhuevado”, entonces se agarran las
huevas, se exprimen en una gran cacerola y ahí se
aliñan con ají, ajo y cebolla al gusto, y se hacen unas
hallaquitas de hueva que se cocinan, entonces nos
podemos dar el gusto en esa temporada de comer una
hallaca de “caviar de bocachico”. Se trata de un plato
específico de una época que tiene que ver con el ciclo
de la pesca.
También en la zona de Perijá, existe una manera de
consumir el bocachico, al que se le sacan todas las
espinas con una técnica tradicional para sacarle el
espinazo, luego se echa a freír empanizado y eso es
como comer una galleta de soda de bocachico. En
ambos casos, son platos que están asociados al
territorio, al ciclo de pesca, a la temporada del año, pero
no particularmente vinculados a una fiesta en particular.
Durante el fin de año se encuentra el plato tradicional
venezolano de la navidad: la hallaca. Este plato en el
Zulia adquiere unas especificidades, pues aquí lleva
papa, no lleva tomate, no lleva huevo, se prepara un
guiso previamente el cual puede llevar gallina, puerco y
res. En el sur del lago tenemos una hallaca cuya masa
está hecha de plátano verde rellena con caraota, a la
que se le puede agregar picante puesto en la mesa para
quien lo desee, esta viene a ser una hallaca negra muy
propia del lugar, pero no se consume en diciembre, sino
para los días de Semana Santa.
Figura 7. Hallaca zuliana
Fuente: Luis Adolfo Pérez (2024)
Como se ha expresado, se trata de platos que siendo
tradicionales, no necesariamente se encuentran
asociados a festividades religiosas o populares, sino
que su característica de vinculación con una época o
temporada, los hacen afines a las fiestas o tradiciones
religiosas que se celebran durante las épocas propicias
para la preparación de dichos platos, creando una serie
de exquisiteces, siendo varias de ellas conocidas en
todo el territorio nacional.
En la ciudad de Maracaibo la institución que se encarga
de apoyar y visibilizar la comida tradicional zuliana, es
la Casa de la Diversidad Cultural, dependiente del
Viceministerio de la Diversidad Cultural, del Ministerio
de la Cultura, desde donde se han hecho actividades
para la recuperación y el reconocimiento del acervo
patrimonial gastronómico del Zulia, con énfasis en los
saberes ancestrales. Se trata entonces de la única
institución conocida que ha hecho esfuerzos de investigación y difusión de estos acervos patrimoniales.
Probablemente desde la Universidad del Zulia se han
realizado actividades de difusión, pero se han quedado
enclaustradas dentro del ámbito académico, contando
con poca difusión, causando por consiguiente poco
impacto, salvo la formación de profesionales para la
agroindustria, que nos avasalla con un estilo de vida
impuesto que nos obliga a un modo específico de
consumo.
Se puede ver que lo concerniente a la comida
tradicional zuliana no se difunde ampliamente, existe
un apoyo limitado en este sentido y sería necesario
revitalizar desde la institucionalidad existente en la
región, un programa orientado hacia el conocimiento y
la promoción de este tipo de gastronomía, de tal forma
que no solo pueda servir de alternativa en momentos
de apremio para el pueblo, sino que pueda ser
reconocida como parte de la culturalidad de esta región
del país.
La promoción de la gastronomía tradicional zuliana se
realiza generalmente de manera autogestionada, y a
veces de forma institucional. En el caso de la Feria de la
Chinita, en ocasiones se hacen exposiciones de dulcería
o se hace un recorrido por diferentes kioscos donde
distintas personas ofrecen diversidad de productos.
Existen también iniciativas tales como la Feria del
Mango, en el pueblo de Potreritos en el municipio de
Urdaneta. Allí se exploran y se presentan los diferentes
recursos y opciones gastronómicas que podemos tener
a partir de esta fruta en el ámbito de la dulcería, pero
también se ofrecen licores y otra variedad de bebidas.
Con el mango hay la posibilidad de hacer vinagre,
conserva, de hacer las llamadas telas y el disecado de
la pulpa del mango. Hay unos recursos que allí se
exponen, se consumen, se divulgan, en el ámbito de las fiestas patronales de la población. Es entonces el
mango un recurso altamente popular para la
preparación de diversos platos, por lo que se constituye
en uno de los ingredientes más demandados al
momento de realizar diversas preparaciones. Es una
fruta que se consume en todo el territorio nacional, y
que en el Zulia se prepara atendiendo a sus
particularidades.
Figura 8. El mango es una fruta de gran importancia en el Zulia y en toda Venezuela
Fuente: Luis Adolfo Pérez (2024)
Del mismo modo, el pueblo Yukpa, organiza en torno al
inicio de las vacaciones escolares, el cual se
corresponde con el solsticio de verano en el norte,
invierno en el sur, 21 de junio. Es la época en que se
cosecha el maíz cariaco. Toda la comunidad se prepara,
hacen una “tumba”, sacan un pedazo de la montaña y
hacen un gran conuco, lo trabajan de manera
comunitaria y hacen la siembra. Lo producido por ese
conuco se destina a la fiesta del maíz, a la fiesta del “kuge”, llamada así por los Yukpa. En esa fiesta hay
varios días para bailar, para cantar, para
emborracharse con una chicha fermentada de maíz
morado, que se prepara en el hueco de un tronco, que
funciona como batea.
Por otra parte, se encuentran los “guapitos” y los
bollitos de maíz morado, además del maíz sancochado
para comer. Es un momento de celebración de toda la
comunidad, donde se expone artesanía, sombreros,
collares, cestas, de tal manera que los participantes de
la fiesta y los invitados, al final regresan a su casa con
una canasta llena de guapitos, con un sombrero puesto
y collares, que son los regalos de la fiesta que prepara
la comunidad para sus invitados.
Figura 9. Guapitos de maíz, plato tradicional ancestral zuliano
Fuente: Luis Adolfo Pérez (2024)
Así mismo, tenemos una fiesta que se llama “La
Quirora”, donde toda la comunidad Barí en una época
de abundancia de peces sale a hacer una pesca
colectiva. Al final de la pesca hay una carrera, a ver quién llega primero subiendo la canasta con la mayor
cantidad de peces, eso es una “guachafa” entre el
“barrial” que se hace en el camino por el transitar de
todas las personas mojadas, con las canastas
chorreando agua, eso genera una actividad muy
divertida. Al final todos celebran con una buena
comilona de peces.
En el caso del Wayuu, existen los llamados “velorios de
resto”, que es algo como el segundo velorio, donde se
realiza la exhumación de los muertos, se prepara con
un año o más de anticipación de tal manera que todas
las personas que conocieron al difunto puedan estar
presentes y revivir los episodios, los momentos, la
historia de esa persona. Por supuesto hay reparto de
alimentos, siendo el evento cultural más importante de
los Wayuu.
Probablemente alguien ajeno a esa cultura, podría
catalogarlo como una fiesta, sin embargo se trata de
una ritualidad que reviste un carácter sagrado, pues
representa la reconexión con el espíritu, con la memoria
del difunto, y al mismo tiempo con todos los integrantes
de la familia para revitalizar los vínculos y las relaciones
entre sus miembros, quienes muchas veces se
encuentran distanciados y por eso la necesidad de
prepararlo con un año de anticipación.
Durante los “velorios de resto” se acostumbra el
consumo de la carne de res en diferentes formas, en
hervidos, en guisos, asados, con plátano, con yuca
asada, yuca cruda, pelada y lavada que se pone sobre
las brasas y se come como si fuese un plátano verde,
del mismo modo tenemos la preparación de la chicha,
el consumo del licor, el “chirrinchi” que es un destilado
de la caña de azúcar a través de la panela, produciendo
una caña blanca fuerte.
Del mismo modo se encuentran los granos, la auyama,
es decir, los frutos del conuco, el frijol guajirero llamado
quepechuna, prodigan entre las personas, entre los
invitados y las familias. Estos alimentos también se entregan como dones para ser distribuidos entre los
asistentes al evento, en un acto de repartir bendiciones.
A la familia del difunto le corresponde repartir carne,
animales vivos y productos alimenticios con la certeza
de que en un próximo evento de otra familia, ocurrirá
ese mismo reparto, lo cual garantiza que los bienes, los
animales y los alimentos estén circulando entre toda la
comunidad.
En estos momentos nos enfrentamos a una distracción
constante y no sólo de los jóvenes, sino de toda nuestra
población, debido al fácil acceso a pantallas que
difunden un acervo cultural planetario. En el caso de la
gastronomía, este elemento distractor no ha mermado
el interés de las nuevas generaciones por lo tradicional,
siendo lo más interesante la creación de
emprendimientos gastronómicos, mostrando interés por
investigar y preservar las formas gastronómicas de la
región.
En Maracaibo tenemos algunas ventas en la zona
Wayuu al noroeste de la ciudad. Desde el mercado
principal La Playita hacia la curva de Molina por la zona
del Marite, la zona del Mamón, la zona de Bomba
Caribe, existen puntos de concentración de población la
Wayuu donde es posible conseguir la chicha fresca de
maíz vital para mantenerse hidratado y alimentado en
las jornadas de calor que se viven en la ciudad
constantemente.
Así mismo, tenemos en la zona a las afueras de
Paraguaipoa sitios enfocados en productos de la
gastronomía Wayuu, allí además de la chicha fresca
tenemos el Kojosü que es una especie de yogurt, leche
cortada que se consume como desayuno principal,
igualmente la carne de ovejo asada (los vizos de ovejo).
Eso se consigue básicamente en la calle, del mismo
modo en la ciudad de Maracaibo existen restaurantes
formales que brindan servicios de alta calidad,
dedicados a la gastronomía Wayuu.
Figura 10. Corte de carne listo para ser preparado en una parrillera Wayuu
Fuente: Luis Adolfo Pérez (2024)
En estos restaurantes se ofrecen platos típicos zulianos
como el ovejo guisado en coco o la carne de ovejo
asada. Sin embargo, estas preparaciones distan mucho
de las tradicionales parrilleras Wayuu rumbo a Maicao.
Allí, la carne se aliña únicamente con sal, pues según
las cocineras, el ovejo ha adquirido ya los sabores del
monte, como el orégano, gracias a su alimentación
natural.
Actualmente los emprendimientos culinarios están
siendo llevados por jóvenes, lo que revela su interés por
esta actividad. Igualmente participan en actividades
tales como la elaboración, recolección de ingredientes,
en la caza y pesca, esto muestra que la juventud está
activa, aprendiendo y participando en la elaboración de
los platos típicos y tradicionales zulianos, tanto en la
ciudad capital, como en el ámbito rural.
El presente de la comida típica zuliana es dramático, porque existe un gusto, unos usos y costumbres que
están marcados por la industria de los alimentos. Ya ahí
tendremos que pensar en la presencia de los colorantes
en los refrescos, la presencia de la comida chatarra, la
cual se ha convertido en una especie de cultura
culinaria principalmente de la ciudad de Maracaibo,
definiendo con sus características los gustos de los
habitantes de la urbe.
Se nota por ejemplo, que algunos restaurantes han
cerrado sus puertas en la ciudad de Maracaibo, porque
no ha podido competir con las hamburguesas que se
consiguen en cualquier puesto callejero, pues están
mucho más guarnecidas, son más estimulantes, de
sabores muy variados, mucho más “groseras” como se
dice cuando lleva un buen tolete de queso, un par de
huevos fritos, ensalada, salsas, entre otros.
Esto sucede porque hay un paladar conquistado que no
se ve atraído por la homogeneidad y esa simplicidad de
sabores que un “emparedado” o un hamburguesa
norteamericana preparada en lugar aséptico e
higienizado, pulcro y bien iluminado, pueda ofrecer.
Entonces allí hay un combate, una confrontación entre
esa comida preparada formalmente, y los llamados
“pecados gastronómicos” que nos conseguimos en la
calle, por ejemplo las empanadas de diferentes
opciones, diferentes recursos, que están disponibles
desde primera hora de la mañana hasta altas horas de
la noche.
La disponibilidad amplia de platos callejeros significa –
por ejemplo – que los pastelitos y los tequeños no solo
son para la mañana, pues en algunos casos se prepara
un tequeño relleno con un pedazo de queso, una tajada
de plátano, una rebanada de jamón y en algunos casos
un poco de carne mechada, lo cual lo convierte en un
almuerzo para cualquier desprevenido, sorprendido por
el medio día sin mucho dinero y con mucha hambre.
Este acervo cultural patrimonial callejero o “pecado
gastronómico”, consistente en conseguirse con un
alimento integral, con las opciones que el trópico amazónico, caribeño y andino de nuestro país ofrece,
hace que muchas veces se prefiera por razones de
tiempo o sencillamente por no querer cocinar en casa,
constituyendo una cultura en todo el país, y con
particularidades muy conocidas en la ciudad de
Maracaibo. Recientemente, a esta oferta culinaria
callejera se ha sumado la comida italiana, árabe y
china, las cuales se han adecuado a los gustos
maracaiberos.
Es importante conocer que este tipo de ofertas se
adecúan a los gustos, pero no se corresponden con
nuestras condiciones calurosas, eso unido al uso del
aire acondicionado, sumado a comida artificial
hipercalórica, vivienda construida de manera
inapropiada para el clima, escasez de sombra, uso
sobrestimado del vehículo y las pocas posibilidades de
caminar bajo sombra configuran una situación caótica a
nivel de salud.
Esto se suma a una ciudad que le dio la espalda al lago,
entregado a la industria camaronera y a la pesca para
la exportación de alimentos, de la cual nadie se
pregunta de dónde viene el alimento para los alevines o
cómo se obtienen las grandes maquinarias para la
misma. Nos hemos convertido en unos ensambladores
de productos, por ejemplo el pollo, cuyo alimento y
medicinas para la cría son importados, los productos
agrícolas se siembran acá, pero dependen de un
paquete tecnológico de pesticidas y fertilizantes.
Todas estas situaciones nos hacen dudar de lo que
tenemos en nuestro plato, pero eso es parte de una
situación más amplia que tiene que ver con el colapso
civilizatorio al que nos enfrentamos, sería
recomendable que se volviese a las prácticas del
huerto, de la barbacoa tan propios del sur de
Maracaibo, sitio donde se cultivaban de manera
artesanal los vegetales para el consumo de las familias
marabinas, y que a través de las piraguas se
transportaban desde esa zona hacia toda la ciudad de
Maracaibo.
Hoy en día la pérdida de estas prácticas de cultivo y
transporte lacustre, nos ha dejado a merced del
camión, del combustible y de lo cultivado en Los Andes
venezolanos, desde donde llega a los mercados
principales de Maracaibo, y de allí se distribuye a los
mercados campesinos locales, por lo que debemos
volver a tener acceso a unos determinados recursos
vinculados al acervo patrimonial para darle una forma
nuestra, de tal manera que podamos acceder siempre a
preparaciones que nos satisfagan, que nos sean
apetitosas, gustosas y nutritivas, siendo un acervo que
se encuentra allí, latente y a la espera de salir al paso y
presentarse como una opción para la alimentación de
los zulianos en general.
Figura 11. Mercado de hortalizas en Maracaibo
Fuente: Luis Adolfo Pérez (2024)
Luis Adolfo Pérez Nava, nació en Machiques de Perijá,
en 1957. Sociólogo (LUZ), de la promoción Bicentenario
del Natalicio del Libertador Simón Bolívar, 1983.
Maestro en Ciencias de la Antropología Social y Cultural,
MSc. 2005, (LUZ). Docente Asistente, fundador en el
Zulia de la Universidad Bolivariana de Venezuela.
Desde el 2004 adscrito al Centro de Estudios Sociales y
Culturales (CESYC), dicta cursos del PFG en Psicología.
El área académica de interés humanístico y científico
que investiga es hábitat, ecodesarrollo y ordenamiento
territorial en la Cuenca del Lago Maracaibo.