Entrevista a: Iris Romero
Mujer afrovenezolana
Sanjuanera, cantora, curandera y dulcera
Por: Dionys Rivas Armas
“Aquí está presente el afecto, la franqueza y la hermandad entre quienes hablan
y quien escucha para escribir en cierto orden temporal.
No he querido más que retratar de modo fiel la valentía
y dignificación de un pueblo calificado de anónimo en este mundo (…)”
Benito Irady (2024)1
Figura 1. Vista desde el Malecón del Pueblo de Puerto Colombia - estado Aragua
Fuente: Dionys Rivas Armas (2022)
Luego de transcurridos más de 20 años y envuelta en mucha nostalgia, vuelvo a un lugar que desde hace mucho anhelaba andar, para que bañara mis ansias y
mis deseos en un gran impulso de reconexión con lo
etéreo de mi juventud y el despliegue de amor e
inocencia que en esa zona costera refleje en aquellos
años. Vuelvo a recorrer la inmensa bruma verde que
rodea el angosto camino serpenteante que me llevará a
respirar el soplo de las olas, a sentir el celaje de los ríos,
a saborear el relámpago de los cocoteros y a peregrinar
un sendero de brisas que caracterizan al inmarcesible
pueblo de Choroní.
Este recorrido lo hago en un gran autobús de colores,
como los matices de sus casas coloniales y la brillantez
de los tonos del atardecer en Playa Grande o los colores
de los vestidos de las mujeres que bailan junto al San
Juan, mientras yo las contemplo desde el malecón.
Sentada allí, este pueblo me regala un radiante tapiz,
con un horizonte azul y cristalino que me recuerda la
canción de Alí Primera: “Velero, será siempre el hombre
y el mar es la vida intensa y el hombre, navegando en
ella naufraga y se pierde si no tiene impulso”.
Según la historia, a Choroní se le conocía como “un
valle enamorado del sol”, pues la parroquia tiene una
superficie aproximada de 133 km2, la mayor anchura de
su valle alcanza 12 km y tiene 13,4 km de costas de los
45 km que posee todo el estado Aragua. Por tanto, forma parte del hilo de costas del estado Aragua,
ubicado en un estrecho valle de la cordillera,
circundada por el curso del río Choroní que nace en la
alta serranía del Sur y con la presencia de los
elementos naturales del Parque Nacional Henri Pittier,
abrigada en una zona de montaña nublada subtropical,
con una temperatura de 25,8 °C, que alberga una gran
variedad de especies y vegetación exótica.
Majestuosamente, la describe el escritor Escalona-
Escalona (1957)2:
Blanca tejedora de guirnaldas efímeras, sobre el casto verdor de las cumbres, pasa la niebla en vuelo silencioso. Traspuesta la montaña, y luego de un prolongado descenso, el camino llega al Valle. Bordean el curso del río y continúa a través de frondosos cacaotales. Entre las arboledas se filtra una luz irreal, de un verde fantástico que contrasta con el esmaltado brillo de los rojos frutos del cacao (…) Aunque mermado de caudal, sus aguas hablan todavía el mismo idioma de música y frescura con que canta en las estrofas del poeta agricultor (s. p.).
La palabra Choroní es de raíz indígena en relación a la
población originaria que ocupaba estas tierras, quienes
se dedicaban a labrar la tierra a través de conucos que
producían maíz, yuca y platanales, y de los árboles
silvestres recogían los cacaos. Sin embargo, esta
población fue diezmada a partir del despojo de sus
tierras durante el proceso de colonización y de
esclavización, a través de la instalación de haciendas,
principalmente de cacao, que se mantuvieron en la
zona durante muchos años. De hecho, para 1644, el
paisaje de este pueblo fue transformado a una gran
hacienda que albergaba aproximadamente 24.000
árboles de cacao, siendo más intensa la explotación a
finales del siglo XVIII, donde se comercializaba el cacao
principalmente con los holandeses de manera ilegal.
Choroní es un territorio de afrodescedientes, donde
crecían los cacaotales, bajo el manto del dolor y la
sangre de nuestras ancestras y ancestros africanos
esclavizados, que junto al sonido del tambor y los cantos de sirenas cuentan su historia.
Hoy les traigo una historia narrada desde los saberes,
sabores, sonidos, sentires, aromas y colores en la voz
de Iris Romero, una hermosa mujer afrovenezolana,
nacida en Chuspa y que hoy adorna con una alegría
inmensa y nos envuelve afablemente con su arrebol
festivo de sonrisas, ternura y belleza en el pueblo de
Choroní.
“Cada palabra, será una metáfora
que navegará por el mismo río, aguas abajo
y que cada quien interpretará a su manera,
independiente de lo que yo, en un momento quisiera.
Las palabras son semillas
que planto, día a día”.3
Iris nos regala parte de su historia y nos invita a
conocerla desde los diferentes lugares que han tejido su
vida, con los recuerdos vivos de su infancia en los
pueblos de La Guaira, acariciada con las enseñanzas de
su madre y de su abuela, quienes recrearon sus días
con cuentos, cantos, rezos y saberes mientras se
bañaban en el río y trabajaban la tierra. Nos relata de
como aprendió su oficio de dulcera a través de las
enseñanzas recibidas por su abuela desde la tradición
oral, hilo que teje olores y sabores que permanecen en
su memoria y la acompañan en los relatos que entrega
a sus hijas, nietas y nieto para su permanencia en los
fogones, patios, zaguanes y cocinas afrovenezolanas.
Dionys Rivas Armas: Deseamos conocerla, que nos
diga su nombre, donde nació, nos hable sobre su madre
y parte de su vida.
Iris Romero: Mi nombre es Iris Romero, nací en la
fundación de Chuspa exactamente, nací yo, Estado
Vargas, ahorita es municipio Vargas, que ya lo
cambiaron a Estado La Guaira. Claro yo no soy de aquí,
pero tengo unos años aquí, yo soy de otro pueblo, de
Chuspa, de allá de la costa de La Guaira, pero bueno aquí estoy (…) Si, aja, allí nací yo. Eh, después de eso,
en mucho tiempo, pues, mis hijas si nacieron en un
pueblito llamado La Sabana, porque ya estamos con un
poco de adelanto y de ahí nos pasábamos al Hospital
de La Sabana, cuando uno estaba y allí nacían los
niños, pero yo nací en Chuspa.
Figura 2. Sanjuanera de Chuspa Iris Romero
Fuente: Dionys Rivas Armas (2019)
Dionys Rivas Armas: ¿Cuántos hijos tienes?
Iris Romero: Yo tengo 5 hijos. Eh, cuatro niñas y un
niño, un niño que ya es un hombre y está fuera de
aquí…
Dionys Rivas Armas: Cuénteme ¿Cómo fue su
infancia?
Iris Romero: Ahhh, mi infancia fue divina, bueno para
mí fue maravillosa, porque claro mi mamá trabajaba, al
principio, tu sabes que lo que se trabajaba era el
campo, ir al campo, cosechaban. Mi mamá era una
mujer muy fuerte, mi mamá era una mujer, bueno, para mí maravillosa, muy fuerte, iba al conuco, nos íbamos
al río a lavar, ella iba y yo me iba con ella todo el día,
yo pasaba todo el día bañándome en el río, mientras
ella lavaba.
Dionys Rivas Armas: ¿Qué les enseñaba su madre,
que les contaba?
Iris Romero: Ella nos relataba muchos cuentos de
aquella época, sí. Aprendí con ella y con mi hermana
mayor hacer los dulces, que sé hacer, que ahorita yo lo
enseño en mi casa, pero claro, tengo el nieto, el mayor,
que es el que más le gusta, como preparo las conservas
de coco, el majarete, los besitos de coco, uno que le
llamamos nosotros mestiza, que es hecho con cambur
titiaro, que aquí le llaman titiaro y nosotros le llamamos
finito en nuestro pueblo, hecho con cambur titiaro o
finito, como les quieras llamar y coco y harina pan,
envuelto en hoja de plátano, eso es algo llamado
mestizo para nosotros y así. Hago también la panela,
que es hecha de yuca rallada y la leche de coco,
envuelto también en la hoja de plátano, todo eso lo
aprendí con mi madre y mis hermanas. Mi madre me lo
dio a mí y yo se los estoy dando a mis hijas y nietas,
pero lo está agarrando, es mi nieto, pues, que es el que
más le gusta, es un hombre ya (…)
Dionys Rivas Armas: ¿Y qué cuentos les narraba su
madre de esa época?
Iris Romero: Mi mamá nos contaba muchos cuentos, al
menos, ella no contaba cuentos así, esos cuenticos de
camino, ella contaba historias verdaderas, porque
cuando ella se sentaba conmigo, ella me contaba a mí,
era de cuando Gómez, por su mamá lo aprendía,
cuando me contaba de cuando Pérez Jiménez, de todas
esas cosas que ella hablaba, por eso yo, a veces me
siento, aunque yo no viví eso, y puedo decir, es porque
ella me transmitió eso a mí. Mi abuela que se llamaba
Juana Cristina Romero, crió a un muchacho, llamado
Alfredo, que fue Presidente del Nacional, en aquellos
tiempos que existía la Seguridad Nacional. Aja,
entonces, eso me lo contaba ella a mí, porque mi abuela se iba desde Chuspa, mi pueblo, caminando
hacia La Guaira, porque antes no había camino, ella
hacía su bastimento, como lo llamaban ellos, entonces,
se iba caminando con sus dos muchachitas, que eran
las tías mías.
Figura 3. Conversando con Iris Romero, sus hijas y nieta
Fuente: Dionys Rivas Armas (2019)
Dionys Rivas Armas: ¿Cuántas hermanas eran
ustedes?
Iris Romero: Nosotros, somos doce hermanas, de mi
mamá, pero mi abuela tenía dos hijas nada más, se iba
con ellas caminando hacia La Guaira, llevaba sus cosas,
eran dos, tres días de camino y ella no tenía miedo a
eso y ella pasaba a Caracas a ver ese hijo llamado
Alfredo, que fue Presidente del Nacional y por eso mi
abuela, ella me contaba. Mi abuela inclusive conoció a
José Gregorio Hernández, porque la familia a la que ella
le amamantó al hijo, el papá era amigo y compañero de
trabajo de José Gregorio Hernández. De los Conde
Flores era el apellido de ellos.
Dionys Rivas Armas: Entonces, ¿su abuela fue una
nodriza?
Iris Romero: Sí señor. Mi abuela…
Dionys Rivas Armas: ¿Su abuela vivía en esa casa,
con él?
Iris Romero: Ella si, después ella se venía y entonces
se volvía loca por regresar a Caracas a llevarle el dulce
de los cascos de lechosa, de guayaba, los cascos de
guayaba que se los hacía a Alfredo, ella hacía un dulce
muy bueno, que ese yo no lo pude hacer nunca, que
era la delicada de guayaba. La delicada de guayaba es
cuando tu cocinas el casco, como para después hacer la
jalea, tu sabes que tú cocinas primero la guayaba y
después lo pasas por un colador y sale la remeta, que
es la que tú le echas azúcar y lo mueves para hacer la
jalea de guayaba, ella ese agua que quedaba, ella
lavaba bien su guayaba, ella la hacía en una delicada,
que hoy en día la gente hace gelatina o la gelatina que
compras y ella le quedaba esa delicada como una
gelatina y eso nunca lo pude hacer, no lo pude hacer,
nunca me salió bien, pero mi abuela lo hacía.
Dionys Rivas Armas: ¿Y usted conoció a su abuela?
Iris Romero: ¡Claaaarooooo!
Dionys Rivas Armas: ¿Qué le contaba su abuela?
Iris Romero: No, mi abuela no era mucho de hablar,
cuando yo era más niña, con mi hermano sí, mi
hermano dormía con ella, iba y la cuidaba, le decía a mi
mamá, mi abuela si se quita trapos para dormir, porque
antes tu sabes que usaban uno y otro, y fondo sobre
fondo y no sé qué y todo eso y bueno el vivía todo eso.
Dionys Rivas Armas: ¿En qué trabajaba o a que se
dedicaba su abuela?
Iris Romero: A mi abuela le gustaba mucho rezar, ella
era rezandera. Leía mucho, porque antes en la época de
mi abuela no todas las señoras sabían leer, las que
leían eran las que tenían, las adineradas y entonces ella
sí sabía leer. Y resulta ser que su lectura eran las cartas de las gentes, que iba a mandar cartas, que como no
sabían escribir y leer, ella era quien hacía eso, les
hacía las cartas para mandarlas. Cuando iban al cine,
el cine se llamaba, era cine silente, le decían antes y
entonces ese cine, ella iba y cuando decían va Juana
para el cine, todo el mundo, -¡ay, yo voy hoy, porque
va Juana! y Juana va a leer lo que dice-, lo que ponen
abajo, la letra y nosotros vamos a saber qué es lo que
dice la película. Inclusive, los cancioneros que salían
antes, que ya no salen, los que llamaban cancioneros.
En la época de mi mamá, de jovencita le decían cuplé,
me contaba mi mamá y la hermana de ella. A mi tía
Enriqueta le gustaba cantar mucho, entonces ella se
emocionaba cuando iba alguien a La Guaira y ella le
pedía que le trajeran un cuplé, porque las canciones
salían escritas y entonces cantaba maravillosamente.
Dionys Rivas Armas: ¿Qué canción recuerda?
Iris Romero: Ella me cantaba una que decía, no de mi
abuela, mi mamá cantaba una que decía así: “Que
alegría mi barito canta, cantando así, diciendo así, por
el caminooo” esa, y también me cantaba una que
nunca la he oído más, que dice: “Una la paloma para
mi tranquila como sonido a la merced del cielo y un
cazador mirándola con suerte y eso le duele
poniéndola en el pecho”, esa me la cantaba mi mamá,
esas canciones así (y ríe alegremente)…
“Las mujeres, en su reino de agua,
se acercaban riendo
como buscando extrañas criaturas
en un raro silencio.
Venían, venían del mar y su canto ascendía
hacia sus frutos y sus cestas. Venían.
Las mujeres cantaban
al viento amigo, cargado de arenas,
cuando la pólvora se alzó
hasta la punta de los cometas”
Nancy Morejón (2014)4
Iris Romero, nos sigue cautivando con sus relatos y
experiencias personales de herencia familiar, donde nos
permite explorar el saber de la sanación corporal-
espiritual con el uso de las plantas y las hierbas. Nos
cuenta de cómo su abuela, curandera y matrona del
pueblo de Chuspa, le enseñó a preparar bebedizos,
guarapos, infusiones o pociones, que se acompañan de
rezos, oraciones y rituales, para la curación, para aliviar
dolores y malestares. Estos saberes han sido
transmitidos oralmente a sus nietas, como ellas los
recibió de su abuela, para seguir dando voz a sus
ancestras y seguir escuchando el resonar de su tierra
madre.
Es importante destacar, que muchos de estos encuentros sanadores en las comunidades afrovenezolanas se realizan en vínculo con la naturaleza;
en los ríos, en el mar y en la montaña con el permiso de los antepasados. Al respecto, el investigador afrovenezolano
Jorge Guerrero Veloz (2005)5
nos aporta:
En el campo de la medicina le dieron una respuesta a través de los elementos botánicos de la naturaleza, ya que eran conocedores y mantenían una estrecha relación armónica con la misma cosa que les permitió desarrollar la medicina tradicional a partir de hierbas y plantas medicinales para curarse ellos y curar a los demás que hasta nuestros días se mantienen (p. 9).
Dionys Rivas Armas: ¿Todos esos elementos que le
heredó su mamá, de donde cree usted que viene?
Iris Romero: De su casa, de su descendencia, de sus
costumbres.
Dionys Rivas Armas: ¿Cómo se siente Usted con todas
esas enseñanzas y saberes?
Iris Romero: Yo muy contenta, de mi abuela, me
encantaba, no estuve mucho con ella, porque yo estaba
niña todavía, pero si la recuerdo mucho, mucho y de mi mamá, bueno pues, para mí era una mujer maravillosa,
muy buena, muy buena, en aquel pueblo todo el mundo
le decía MAMA, porque así era como nosotros le
llamábamos, MAMA, nosotros le decíamos MAMA, MAMA
y ella era una persona tan maravillosa que todo el
mundo allá, las señoras en su vida, MAMA, MAMA, los
niños que iban naciendo, MAMA, MAMA.
Dionys Rivas Armas: ¿Era como una matrona para el
pueblo?
Iris Romero: Exacto, era muy querida.
Dionys Rivas Armas: ¿Recuerda, alguna actividad qué
trabajara su mamá con las plantas, con la medicina?
¿Su abuela era curandera?
Iris Romero: Bueno, ella toda su vida. Sí, mi abuela
trabajaba todo eso, pues, mi mamá siempre tomó la
hoja de guanábana para la tensión, que todavía lo
hago, lo aprendí de ella y ella tomaba mucho monte para los riñones y eso en verdad le hacía muy bien, mi
mamá murió de 75 años, y eso porque pasaron cosas
en mi casa, donde ella le daba ataque al corazón, sino
hubiese vivido muchos años más.
Dionys Rivas Armas: ¿Y eso como se le enseñó usted
a sus hijas?
Iris Romero: ¿Qué las tradiciones de las matas? Ah,
bueno pregúntale a esta que sabe más que yo de
matas, esta niña, pues, esa conoce mucho de matas,
mucho más que yo… (señala a su nieta que está a su
lado).
Dionys Rivas Armas: Le preguntó a su nieta.
Cuéntame ¿qué has aprendido de tu abuela?
Nieta: Que la abuela usa mucho las plantas para la
tensión y muchas enfermedades.
Figura 4. Nieta de Iris Romero
Fuente: Dionys Rivas Armas (2019)
“Me niego rotundamente
a negar mi voz,
mi sangre y mi piel.
y me niego rotundamente
a dejar de ser yo,
a dejar de sentirme bien
cuando miro mi rostro en el espejo
con mi boca
rotundamente grande,
y mi nariz
rotundamente hermosa,
y mis dientes
rotundamente blancos,
y mi piel valientemente negra”.
Shirley Campbell (2014)6
La familia se convierte en el espacio valorado,
privilegiado y cercano para el resguardo de las
tradiciones, lugar que fue rescatado en los cumbes,
palenques, quilombos y rochelas, para que hoy fluyan
historias, vivencias, cuentos y testimonios sostenidos
en un ejercicio de supervivencia y dignidad que permite darle reconocimiento a las generaciones pasadas y su
labor creadora desde un estímulo pedagógico y sensible
que propicia la conservación y transmisión de saberes y
valores, lo cual queda visibilizado en los relatos de Iris
Romero, quien ha expresado la herencia familiar de ser
Sanjuaneras y de participar en sus festividades de
diversas formas y espiritualidades gestadas en el seno
familiar y comunitario, incentivando la participación de
sus hijas, hijos, nietas y nietos en el aprendizaje del
toque de cumacos, el arreglo del santo, el canto de
sirenas y el baile en las cofradías como mariposas.
De esta manera, la familia es el principal lugar de
reunión y celebración para la sobrevivencia y
socialización que atesora las tradiciones y costumbres
que abrigan las voces sabias de las madres y abuelas,
portadoras de la vida que afectivamente extienden al
espacio comunitario para su prolongación en la cercanía
cotidiana y en el sentimiento de arraigo local para la
cohesión social que propicia el accionar de las
dinámicas socio-culturales aprendidas y heredadas para
crear el impostergable nexo entre el pasado, presente y
el futuro.
Este acercamiento espiritual y hacer tradicional, le
permite hoy a Iris Romero, autorreconocerse como una
mujer afrovenezolana, reafirmando: “¡Yo me siento
orgullosa de mi color! ¡Yo soy afrodescendiente!”. Este
proceso de autorreconocimiento étnico resignifica la
historia de una comunidad afrodiásporica que recrea
formas de construcción identitaria cultural, étnica y
política, lo cual permite mantener un puente
permanente de diálogo entre África y América, para
sanar el dolor, el sufrimiento y la sangre que objetivo a
seres humanos y al mismo tiempo sembró resistencia y
dignidad en sus descendientes que fueron creando un
universo social y cultural solidario, común, creativo y
festivo en territorio americano y caribeño.
Dionys Rivas Armas: ¿Cuál cree usted que es el rol de
la mujer en lo que es las tradiciones, en la cultura, en
transmitir esos elementos culturales?
Iris Romero: Transmitirlos precisamente en la familia,
enseñar, eso, y si hablamos de afrodescendiente,
transmitir y enseñarles a sus hijos, yo me siento
orgullosa de mi color.
Dionys Rivas Armas: Exacto ¿Cómo se siente usted?
¿Cómo se siente desde su corporalidad, sus
costumbres, como se identifica? Que yo le pregunte
¿Quién es usted?
Iris Romero: Yo me siento… yo soy una persona feliz
de mi color, contenta con todo lo que soy, yo porque
trabajo con los guardias y vienen los ojitos verdes,
blanquitos, lo que sea y ellos a veces están, y yo les
digo, no mi vida, te equivocas, yo cuando me siento
que me estoy aclarando, me pongo al sol, porque yo
adoro este color. Y yo hable con un Doctor llamado
Hernán Sosa, que es una eminencia y su mujer me
cuenta, no Iris el color que existía era este y después la
gente se fue yendo a ciertos sitios donde hacía frío ¿No
sé si eso es verdad o es mentira? pero es una
eminencia como médico y se tuvo que ir aclarando,
debido al clima y los ojos también. Cuando, antier yo
encontré una que decía, no mi cuñado era morenito,
pero era bonito, y yo le digo ¿y? ¿Qué tiene que ver
eso? ¿Que es lo que te pasa con los negros? le dije yo,
eso es primero, lo que se quiere, reconocerse.
Dionys Rivas Armas: ¿Usted ha escuchado el término
afrodescendiente?
Iris Romero: Si, claro, porque Nirva es de mi pueblo y
Nirva se crió conmigo, claro, por supuesto.
Dionys Rivas Armas: ¿Qué le comentaba Nirva
Camacho?
Iris Romero: De eso no hablábamos mucho, porque
ella después se vino a la ciudad, a La Guaira y yo me
quede en mi pueblo. Después cosas que pasaron, yo
me vine para acá y nosotros dejamos de vernos, pero
he sabido mucho de ella y de la afrodescendencia y de
todas estas cosas y que pertenecemos a la misma familia. Porque las Camachos son de raza negra
también.
Dionys Rivas Armas: ¿Usted se siente afrodescendiente o negra?
Iris Romero: Por supuesto, yo soy afrodescendiente (y
se ríe gozosamente).
Dionys Rivas Armas: Cuénteme ¿Usted participa en
las festividades de San Juan Bautista?
Iris Romero: Mira, si estoy aquí es por eso, mija, yo
soy parte de la Iglesia, ya yo vengo de cantar en el coro
de la misa de San Juan, porque pertenezco a eso y
ahora me quedo aquí, casi todo el día. El tambor lo sé
bailar, porque yo si sé bailar, lo único es que como ya
me cansa, ellas si son unas artistas bailando tambor (se
refiere a su hija y nietas).
Figura 5. Iris Romero con sus hijas y nietas
Fuente: Dionys Rivas Armas (2019)
Dionys Rivas Armas: ¿Cuándo llegó a Choroní?
Iris Romero: Yo llegue a Choroní, hace 23 años.
Dionys Rivas Armas: ¿Y desde ese momento se
celebraba aquí el San Juan?
Iris Romero: Mucho antes mija, San Juan se celebraba
en casi toda Venezuela. Umm, porque en mi pueblo lo
han celebrado toda una vida.
Dionys Rivas Armas: ¿Cómo se celebra? ¿Cuál es la
diferencia?
Iris Romero: ¿Entre Choroní y mi pueblo?… Ah, no
porque es que Vargas, el San Juan lo meten dentro de la
iglesia, el día 24 meten el tambor allí y el San Juan
dentro de la iglesia y cuando hacen la misa, ellos salen
desde la iglesia tocando ese tambor con San Juan y lo
pasean todo el tiempo, en toda la calle, tiran caramelo,
chosgui, todo esto. Aquí San Juan es más religioso, esa
parte, el San Juan de la iglesia es religioso, el que está
en la calle, es de la calle.
Dionys Rivas Armas: ¿Cuántos hay en la calle?
Iris Romero: En la calle hay, uno, dos, tres, que yo
sepa de verdad, seriamente cuatro.
Figura 6. San Juan Bautista de la Iglesia de Puerto Colombia
Fuente: Dionys Rivas Armas (2024)
Dionys Rivas Armas: ¿Cuatro cofradías?
Iris Romero: Si, las serias, pueden haber cualquier
otra que se esté colando por ahí, que traen un San
Juan, pero no, y el de la iglesia es para la procesión y su
misa, nada más.
Dionys Rivas Armas: ¿Y la mujer participa en la
celebración del San Juan? ¿Qué hace?
Iris Romero: Por supuesto, claro, bailarlo, es
sanguearlo, cantar. Osneida es una de las mujeres que
le canta a San Juan.
Dionys Rivas Armas: ¿Hacen los cantos de sirena?
Iris Romero: Exacto, aquí cuando entra el mes de junio
se viene y se les cantan las sirenas a las 12 de la
noche, pues, es la entrada de mes.
Figura 7. Cofradía de San Juan Bautista de Choroní conformada por madres e hijas
Fuente: Dionys Rivas Armas (2021)
Dionys Rivas Armas: ¿Conoce alguna canción?
¿Alguna sirena?
Iris Romero: Ríe. Yo sé, le canta, esta: “Mira las horas
que son y no aparece San Juan”, le cantan esa canción.
Y allí uno puede inventarse, el verso que quiera
improvisar, pues.
Dionys Rivas Armas: Cuéntenos un poco de la
celebración del San Juan acá en Choroní. Anoche a las
12 vimos que al inicio de la cofradía de los pescadores,
sale una mujer muy colorida, con mucho ornamento de
colores y salieron atrás las niñas como mariposas.
Iris Romero: Ahhhh, pero eso es algo nuevo, no,
porque aquí el 23 de Junio se descubrió, que se hacía
era un desembarque en Ocumare, se iban los tambores
de aquí, los de Chuao, los de Cuyagua, de todos esos
pueblos a desembarcar en Ocumare, y yo recuerdo, que
yo era una que me quedaba, pero haciendo un grannnn
sancocho en la casa de diablo, que es la casa donde sé
que nació el San Juan prácticamente, bueno aunque
San Juan nació en la casa de la suegra de Miriairys (su
hija), que era San Polo. No, el de San Juan. El primero
que existió, eso nació con un tal San Polo, en la casa del
esposo de Miriairys, que eran los que celebraban el San
Polo, pero después pasaron a San Juan y ahí en esa
casa de diablo, es donde, es la primera cofradía (…) Ya
vienen saliendo ahorita. Ahorita van a salir...
Dionys Rivas Armas: ¿Dónde y cómo celebra usted el
San Juan?
Iris Romero: Yo siempre he estado dentro de la iglesia,
pero sobre todo ahí, con ellos, cuando ellos se iban al
desembarque, yo los esperaba, porque a ellos les
encantaba que yo estuviera allí. Y yo los esperaba con
un gran sancocho, que yo hacía pá todo el mundo.
Dionys Rivas Armas: ¿Usted es Sanjuanera?
Iris Romero: Bueno, dentro de lo que cabe, si soy
Sanjuanera, me encanta. Sí, claro y a quien no le
gustan los tambores. A ti te gustan ¿verdad? Aunque tú
no lo bailes, tú te mueves sola, cuando estas allí (ríe).
Dionys Rivas Armas: ¿Qué otra fiesta se celebra, aquí
además del San Juan?
Iris Romero: No, aquí es Santa Clara. Ahí si yo he
estado de lleno, he estado yo de lleno allí.
Figura 8. Virgen de Santa Clara, Iglesia Santa Clara de Asís del Pueblo de Choroní
Fuente: Dionys Rivas Armas (2023)
Dionys Rivas Armas: ¿De dónde viene Santa Clara?
¿Quién la trajo?
Iris Romero: Santa Clara, no es de aquí. Tu, sabes, que
ella es de otro pueblo. Ella, supuestamente la historia,
lo que cuentan, es que venía ella y el de Ocumare, San
Sebastián, eran los que venían, entonces, son cuentos,
a lo mejor son cuentos de camino, son realidades, no
sé. Entonces, que si San Sebastián era para acá, Santa
Clara era para allá. Y, entonces hubo un cambio,
cuando abrieron aquí, ay, es Santa Clara y allá, ay, es
San Sebastián, bueno y así se quedó. Fueron traídas de
fuera del país, tu sabes, era donde verdaderamente
fabricaban eso. La mayoría de ellos si son de España,
porque Hernán tiene a los santos y son de España.
Dionys Rivas Armas: Un mensaje final… De lo Afro y de
¿Cómo se siente?
Iris Romero: De lo afrodescendiente, bueno, miren que
conservemos y que nos sintamos orgullosos de nuestra raza,
como esa no hay otra… (ríe placenteramente).
“Hoy canto la memoria de quien ya calló,
Y cuyo silencio amarró mi voz;
hoy recuerdo el salmo de quien en silencio,
y amparado por sombras y truenos,
narra la triste partida de ritos y verbos negros”
Justo Bolekia Boleká (2015)7
Indudablemente, Iris Romero es la representación de la
mujer afrovenezolana, aferrada a sus creencias y apego a su
territorio desde los conocimientos tradicionales heredados
de su abuela rezandera, curandera y su mamá cantora-
matrona de Chuspa, que ha transmitido oralmente a sus
hijas y nietas para dar continuidad a muchas tradiciones
culturales afro desde los diversos procesos de recreación y
apropiación, pero el sentido colectivo permanece en la
crianza, en la devoción y agradecimiento a San Juan Bautista
a través del toque de tambor, los bailes y los cantos de
sirenas. Además, ha preservado este legado cultural a través
de los saberes y sabores expresados en la dulcería afro, el
uso de plantas medicinales y la conexión con los elementos
de la naturaleza que le permiten sentirse orgullosa de sus
raíces étnicas, ser Sanjuanera y autorreconocerse como
afrodescendiente.
Iris Romero, mujer afrovenezolana de 66 años, nacida en la
costa este de La Guaira, en el pueblo pesquero de Chuspa
(Parroquia Caruao). Actualmente vive con sus hijas y nietas
en el pueblo de Choroní (estado Aragua). Es cantora,
dulcera, cocinera y sabedora del cuidado y uso de las
plantas para la sanación corporal-espiritual. Como ferviente
Sanjuanera participa en la organización de las fiestas de San
Juan en la iglesia del pueblo de Puerto Colombia. Es
reconocida por las calles de Choroní y Puerto Colombia, que
recorre día a día con su pañoleta colorida y su excelsa
alegría.
1Yrady, Benito (2024). La caja de los truenos. Caracas: Monte Ávila Editores Latinoamericana.
2Escalona-Escalona, J. (1957). Viaje en tres tiempos al delicioso Valle de Santa Clara de Choroní. Revista El Farol, CLXXII.
3Grueso Romero, Mary (2019). Negra Soy. Antología poética. Colombia: Talleres de Formas Printed..
4Morejón, Nancy (2014). Cantares. Cuba: Ediciones Matanzas.
5Guerrero, Jorge. (2005). Afrovenezolanidad y Subjetividad. Caracas: Red de Organizaciones Afrovenezolanas.
6Campbell, Shirley (2014). Rotundamente Negra y otros poemas. Madrid: Ediciones Torremozas.
7Bolekia Boleká, Justo (2015). Ombligos y raíces. Poesía Africana. Madrid: Biblioteca virtual Miguel de Cervantes.