En el mapa global de la energía renovable,
Venezuela ocupa una posición de privilegio.
Nuestra ubicación en la zona intertropical, apenas
unos grados por encima del ecuador, no es solo
un dato geográfico; es una ventaja competitiva
extraordinaria para la seguridad alimentaria y
el emprendimiento sostenible. Mientras en otras
latitudes el invierno apaga las posibilidades de
producción, en Venezuela el sol es un recurso
constante, disponible, democrático y vibrante.
En un rincón donde el sol parece dictar el
ritmo de la vida, surge un proyecto que desafía la
inmediatez de la era industrial, no se trata solo
de quitarle el agua a una fruta, sino de concentrar
su alma. El emprendimiento de Natalie Rugeles:
Productos AN, utiliza la energía radiante para
transformar la cosecha local en un bocado eterno.
En esta entrevista, Natalie nos explica por qué
su labor es, en esencia, una conversación entre la
tecnología limpia y la paciencia de la naturaleza.
Más allá de la técnica, aprovechar las bondades
climáticas de Venezuela para este proyecto es
enviar un mensaje de resiliencia. En un contexto
donde la soberanía alimentaria es clave, convertir
el excedente de nuestras frutas en productos de
larga vida útil mediante energía limpia es trazar
una ruta hacia un futuro verde. No necesitamos
importar soluciones energéticas complejas para el
campo; basta con mirar hacia arriba y reconocer
que el mayor aliado siempre ha estado allí,
brillando con una intensidad que es la envidia
del mundo.
Emprender en deshidratados solares en suelo
venezolano es un acto de coherencia. Representa
utilizar el recurso más abundante que tenemos, la
luz solar, para dar valor agregado a lo que nuestra
tierra produciría de todos modos. Deshidratar no
es solo conservar; es concentrar la identidad de
nuestra geografía en un bocado. Lejos de ser un
simple método de secado, esta técnica artesanal
representa una de las innovaciones más disruptivas
y humanas en la conservación de alimentos. Al
prescindir de químicos y conservantes industriales,
el deshidratado solar logra algo que la industria
moderna suele olvidar: capturar la esencia viva del
producto en su punto máximo de madurez.
Este proceso es una declaración de principios,
al utilizar el flujo constante de energía y la
convección natural del aire, reduce a cero la
huella de carbono de la producción y resulta
profundamente amigable con el ambiente. Es,
además, un ejercicio de maestría artesanal, donde
el ojo del productor y el ritmo del clima sustituyen
a los botones de una fábrica. Pero el verdadero
tesoro reside en su valor nutricional. Al extraer el
agua de forma lenta y controlada, se concentran
las vitaminas, minerales y azúcares naturales de
nuestras tierras, para entregar un producto denso
en energía y honesto en sabor. En las siguientes
páginas, exploramos cómo este emprendimiento
convierte el excedente de nuestras frutas en un
alimento eterno, saludable y cargado de futuro.
En un viaje de paseo por el estado Mérida,
probé unos tomates deshidratados a la hierba, esa
experiencia me pareció exquisita. ¡Me encantó! y
dije: ¡tengo que hacerlo!. Sin embargo, por muchos
años viví en piloto automático, sin prestarle
atención a lo que quería hacer, sino concentrada
en lo que creía se debía hacer.
En su momento, realicé una receta en casa y la
compartí con mis compañeros de trabajo, quienes
afirmaban que estaban buenísimos – risas –. Años
después, sequé unas piñas en una bandeja con
mosquitero en el patio de la casa. Fue un éxito
entre mi familia, que las devoró, pero nunca más
volví a hacer más nada, ahí quedó todo.
Con el tiempo, abrumada por la rutina del
trabajo dependiente, comencé a estudiar Ingeniería
en Producción Industrial para terminar una
carrera técnica que tenía pendiente. Luego de
un accidente que me enseñó mucho, empecé
a pensar en lo que realmente quería y me
plantee interrogantes como: ¿Qué me gustaría
hacer? ¿Qué podría hacer por mi cuenta? ¿Cómo
producir ingresos por mí misma? ¿Qué hacer para
aprovechar los recursos disponibles y no afectar el
ambiente?.
Quería crear algo saludable y rico a la vez,
un producto que gustara a la gente y quisieran
comprar. Y recordé: ¡los deshidratados con energía
solar!. A partir de ahí, enfoqué todo mi esfuerzo,
mis estudios y mi carrera en ello, hasta realicé mi
tesis de grado relacionada con el desarrollo de una
empresa de deshidratado solar.
Gracias a esa investigación, pude entender el
uso de las diferentes fuentes de energía para llevar
a cabo el proceso productivo. La deshidratación
de alimentos no está exenta del uso de energía,
bien sea a través de hornos eléctricos, de gas,
de leña, de microondas, solares o sencillamente
expuestos al sol. En este caso, la energía solar es la
que representa la mayor cantidad de ventajas: sin
usar electricidad ni combustibles fósiles, es posible
llevar a cabo el proceso con una energía renovable e
inagotable que no contamina el ambiente y permite
la independencia energética.
Sin embargo, influyen varios factores a
considerar para garantizar la cantidad y calidad
del producto final, como la temperatura, la
radiación solar, el espacio disponible, el tiempo
de exposición al secado, el tipo de alimento, la
velocidad del aire, el contenido de agua e, inclusive,
el tamaño y el corte que se le dé al fruto.
Al mismo tiempo, quedé fascinada con las
técnicas y ventajas de la deshidratación, una de
las formas más antiguas de procesar alimentos.
Consiste en eliminar una buena parte de la
humedad para que no se deterioren, se conserven
por más tiempo y puedan almacenarse y
trasladarse con mayor facilidad. A partir de ahí,
surgieron muchas ideas sobre cómo vender el
producto.
Figura 1: Detalle de caja deshidratadora solar “Modelo AN”.
Fuente: Ángel González (2026).
Bueno, comencé con la inquietud de pasar a
la acción. Esta vez no quería que quedara solo en
una idea, sino materializar lo que deseaba hacer
con mi vida y organizar esa actividad de manera
productiva. Me preguntaba: ¿Realmente puedo
desarrollar esto como una empresa? Descubrí
que no se necesitaban equipos sofisticados, sino
construir un deshidratador con materiales como
vidrio o plástico transparente, permitiendo que los
frutos reciban los rayos solares directamente sin
estar expuestos a la intemperie, como la lluvia, el
polvo o los insectos.
Gracias al apoyo de mi compañero de vida,
conseguimos unas cajas de cartón reciclado e
hicimos los primeros deshidratadores con vidrio y
malla mosquitero. En ellos tendimos tomates con
sal marina. Con el paso de los días, comenzamos a
medir los tiempos de preparación, elaboración,
secado y macerado, y a probar recetas hasta
encontrar la definitiva: la que comercializamos
actualmente. Al principio, le dimos a probar a
familiares y amigos para recibir sus críticas.
Ahora, ellos se han convertido en los mejores
aliados y embajadores de nuestros productos, junto
con las redes sociales. Hoy, cada nuevo cliente llega
recomendado por alguien, y a su vez, se convierte
en otro promotor de la marca. Esto sucede porque
la gente prueba nuestros productos, le gustan y los
recomiendan.
Figura 2: Tendido de tomates en el deshidratador
solar directo “Modelo AN”.
Fuente: Ángel González (2026).
¿Cómo ha cambiado tu percepción del clima y la energía ahora que dependes directamente del sol para tu producción?
Es algo mágico que tenemos disponible todos los días y que siempre damos por sentado. Al secar los tomates y comenzar con el proceso de macerado y pruebas, nos gustó mucho; fue el primer producto que creamos para la venta y vimos que sí podía ser una fuente de ingresos rentable. Hasta el segundo trimestre estuvimos ahorrando para mandar a hacer las cajas de madera, vidrio y malla. Nos dimos cuenta de que es una actividad que nos apasiona y relaja; disfrutamos todo el proceso de selección, preparación, comercialización y postventa. Siempre les pedimos a nuestros clientes su retroalimentación sobre qué les parecen nuestros productos; ese feedback nos ayuda a tener mejoras continuas.
Figura 3: Mix de frutas deshidratadas “AN”.
Fuente: Ángel González (2026).
Sin embargo, no solo dependemos del clima, sino también de la variedad. La capacidad instalada actual de deshidratación con las cajas, sumada al comportamiento climático del año y al tiempo de macerado de los tomates ya procesados para la venta, nos ha enseñado a desarrollar la paciencia. ¡Amamos el sol! —risas—. Siempre quiero que salga el sol para secar y doy gracias por la ubicación geográfica que tenemos y por la disponibilidad de productos agrícolas prácticamente todo el año. Eso nos llevó a pensar en desarrollar otro producto deshidratado que fuera accesible, de venta rápida y con un tiempo de secado más corto. Al recordar experiencias con frutas deshidratadas, trajimos a la mente el sabor intenso de aquella piña del patio. Pero no quería solo piña (sé que a muchos les gusta y se vende bien, pero buscaba algo más), así que diseñamos el mix de frutas tropicales que lleva piña, coco, lechosa y pasas. Es un snack de 35 gramos, ideal para llevar en el bolsillo.
Me gusta mucho la idea de hacer las cosas
de la manera más respetuosa posible con el
ambiente, o más bien, de minimizar el impacto
que ya causamos en él. Crear un producto que, al
consumirlo, te aporte la energía que necesitas con
un sabor intenso, y que además puedas conservar
por muchísimo tiempo, ya es lo máximo. Nuestros
productos son sanos; no implican el consumo
de conservantes, aditivos ni azúcares añadidos,
componentes a los que hoy en día estamos tan
expuestos. Los Productos AN son la alternativa
ideal para consumir, almacenar y conservar en
el tiempo, además de ser snacks deliciosos que
pueden elevar tus preparaciones y hacerlas lucir
súper diferentes y sofisticadas. Son un milagro que
desarrollamos con nuestras propias manos y con
todo lo que la naturaleza nos brinda, sin presiones,
sin grandes maquinarias, sin complicaciones y con
alta calidad.
¿Qué valor le atribuyes a la “espera” y al ritmo natural que impone el deshidratado solar?
Excelente pregunta, porque nuestros productos
no son un simple “snack ” y justo invertimos
tiempo para ofrecer la calidad organoléptica que
caracteriza nuestros productos, esa paciencia, esa
espera es el ingrediente invisible que la industria
con procesos rápidos no puede replicar, el secado
solar, con aire puro y suave concentra los azúcares
naturales caramelizando el alimento de forma
progresiva, preservando su esencia más pura,
intensificando su sabor, olor, color vibrante y vivo,
dando la textura ideal para una nutrición real. Lográndolo, sin necesidad de azúcares añadidos ni conservantes químicos.
Valoramos la espera porque significa respeto:
respeto por la energía limpia del sol y respeto por
el tiempo que cada fruta necesita para alcanzar
su punto óptimo de sabor. No forzamos el proceso;
dejamos que el clima dicte la pauta. El resultado es
un producto 100 % honesto, donde la transparencia
es el reflejo de un proceso sin prisas y sin secretos,
en cada gramo de nuestros productos hay horas de
luz solar, aire puro, pura energía que te nutre.
Figura 4: Coco, piña, lechosa y tomate en Deshidratador Solar.
Fuente: Ángel González (2026).
¿De qué manera tu emprendimiento refleja o rescata la riqueza agrícola de nuestra región?
Por supuesto, este emprendimiento es una
sinergia directa entre el sol, el aire y la tierra
de nuestra región. Al estar ubicados en el
centro del país, conseguimos productos frescos
prácticamente todo el año que llegan al Mercado
Mayorista del estado Aragua, el corazón de la
distribución agrícola regional. Estar tan cerca de
este mercado nos da una ventaja competitiva
en frescura y reduce nuestra huella de carbono,
ya que el abastecimiento está muy cercano a
nuestra comunidad. No traemos materia prima
de lejos; trabajamos con lo que nuestra tierra y
sus canales de distribución nos ofrecen cada día.
Aprovechamos esa fortaleza para transformar los
frutos agrícolas mediante un proceso artesanal que
respeta su ritmo natural al deshidratarlos al sol.
Nos negamos a usar químicos que enmascaren el
sabor auténtico de la cosecha y aprovechamos
el clima privilegiado de Aragua para nuestro
deshidratado 100 % solar. Esto no es solo técnica,
es identidad: utilizamos el recurso natural más
potente de nuestra región para concentrar los
sabores de lo que produce nuestra tierra.
Por otro lado, hemos aprovechado el auge
y el reimpulso que el Gobierno Nacional le ha
dado a los emprendedores. Estamos registrados
en el programa Emprender Juntos, una iniciativa
que nos cayó como anillo al dedo. De ahí que
el proyecto se llame Emprendimiento Natalie
Rugeles; por eso lleva mi nombre. Sin embargo,
queremos dar el siguiente paso, seguir creciendo e
ir aumentando nuestra capacidad instalada actual.
Figura 5: Tendido del tomate en el deshidratador
solar.
Fuente: Ángel González (2026).
¿Cuál ha sido el reto más grande que te ha planteado la naturaleza en este proceso y qué aprendiste de él?
El reto más grande fue entender que el sol de Aragua no es constante ni predecible. Recuerdo que comenzamos a finales de marzo y principios de abril. Al principio, el error fue confiar ciegamente en el pronóstico. Hubo días de calor blanco intenso que sobrecocinaban el tomate y lo oscurecían, o tardes de lluvia repentina que elevaban la humedad y hacían que se perdieran lotes enteros. Un pequeño error en el tiempo de exposición convertía un producto “Premium” en uno que no cumplía con nuestro estándar de calidad. Aprendimos que la naturaleza impone su ritmo: si una nube se interpone, el proceso se alarga, y eso está bien. Forzar el secado con calor artificial dañaría los nutrientes; respetar la espera protege la calidad, y es lo que preferimos.
Figura 6. Presentación de los productos. Conserva de tomate seco a la hierba y Mix de snack de frutas deshidratadas. Abril, 2025
Fuente: Angel González (2026).
Pero ese aprendizaje nos hizo expertos. Hoy conocemos el mejor horario para tender los productos y sabemos que cada fruta tiene su propio punto de secado. Debido al sol tan intenso que tenemos, implementamos cambios, como rotar e inclinar ligeramente las cajas, lo que nos permitió perfeccionar el deshidratado. Hoy sabemos, por ejemplo, exactamente cuándo retirar la piña para que mantenga ese amarillo traslúcido que se ve tan bien y luzca en su empaque transparente que lo muestra todo, tanto en los tomates como en el resto de las frutas.
Si alguien viera tu proyecto dentro de 10 años, ¿Cuál es el principal sentimiento o valor que te gustaría que asociaran con tu marca?
Si alguien viera este proyecto dentro de 10 años, me gustaría que lo asociaran sobre todo a la calidad y a la coherencia entre tres pilares: el sol, la sostenibilidad y la sinceridad. Quisiera que sintieran respeto por un proceso que eligió la naturaleza sobre la industrialización, demostrando que el sol de Aragua es el mejor combustible del mundo: un recurso infinito que no solo deshidrata, sino que eleva la calidad nutricional y sensorial de cada tomate y cada fruta.
Figura 7: Demostración del proceso y degustación de tomates deshidratados.
Fuente: Ángel González (2026).
Quiero que nuestra marca sea vista como el
estándar de cómo la tecnología artesanal solar
puede alimentar al mundo con total transparencia
y respeto ambiental. Aspiro a que los clientes
aprecien y valoren el tiempo de espera invertido
en la elaboración de cada producto, que se
elaboran sin aditivos ni conservantes; reconocidos
por utilizar la energía del entorno para crear valor,
reducir nuestra huella de carbono y respetar el
ritmo de la tierra.
El proyecto Emprendimiento Natalie Rugeles:
Productos AN es un recordatorio de que la
tecnología más avanzada no siempre es la que
consume más vatios, sino la que mejor entiende
su entorno. Al elegir el deshidratado solar, no solo
estamos conservando fruta; estamos preservando
el futuro. Nuestra meta es seguir creciendo hasta
tener una granja solar con más cajas de secado
y diferentes líneas de producción: desde frutas,
vegetales y harinas, hasta proteínas.
También queremos forjar alianzas comerciales
basadas en la armonía y el beneficio mutuo; un
ganar-ganar que genere mayores ingresos para
nosotros y para quienes se nos unan. Todo esto,
a su vez,Contribuirá al dinamismo de la economía
local sin afectar el ambiente.
Hoy en día, ante un mercado saturado de
productos ultraprocesados y cadenas de suministro
kilométricas que resultan difíciles de sostener,
nosotros ofrecemos calidad, sabor, salud, energía y
respeto por la naturaleza en cada bocado. Nuestro
trabajo es la prueba de que se puede generar
desarrollo económico sin herir al planeta, honrando
los ciclos de la tierra y la generosidad del sol.
Al final del día, cuando el sol se oculta y
las cámaras de secado descansan, queda algo más
que un producto empaquetado: la satisfacción de
saber que el sabor de nuestra tierra puede viajar
lejos, llevando consigo la energía más limpia del
universo y el compromiso de manos que creen en
la sostenibilidad como el único camino posible.
Natalie Rugeles:emprendedora aragüeña, es
ingeniera en Producción Industrial egresada de
la Universidad Tecnológica del Centro (UNITEC)
y TSU en Turismo egresada de la UNEFA. Su
trabajo y empeño la llevó a consolidar sus estudios
en el área de producción industrial y el turismo.
Su pasión por la naturaleza, los viajes, la cocina
y la conservación ambiental, la llevo a crear un
producto natural, sin aditivos, amigable con el
ambiente, de alto valor nutricional y muy sencillo
de producir.
Correo electrónico: nata.puente@gmail.com
Instagram: @hatolalata