Galipán: El aroma desde las cumbres

Galipán: El aroma desde las cumbres


Entrevista a: Adelaida Viana

Floricultora y Caficultora

Por: Dionys Cecilia Rivas Armas

José Gregorio Aguiar López


Figura 1: Adelaida Viana en el sector Manzanares de Galipán.
Fuente: Rivas y Aguiar (2025).



En las empinadas tierras, donde el viento es caricia fría, el café artesanal aprende a esperar, o mejor, a obviar al tiempo para narrarlo. Allí, muy lejos del nivel del mar, las horas se miden en neblina densa. Las raíces de cada planta sembrada cumplen la instrucción dada: aferrarse a su espacio, nutriéndose de la historia que Galipán encarna.

Leemos la poesía roja del alba, moldeamos las semillas en chapolas, como si fueran unas niñas que estamos criando y les susurramos que la altura que les ha sido dada para vivir es una bendición, que dará acento a su futuro sabor en boca, como un Kairós perpetuo. Así, el pique hace de lo industrial una dinámica artesanal, diluye sus diferencias en un breve espacio de planchas de zinc que es tocado por las brisas.

Es entonces, cuando los granos de grado óptimo de madurez alzan la mano, transformados en cerezos de lentitud sagrada que viajarán en el cesto de mimbre, dejando que su miel profunda y lentamente devele su sabor por venir. Luego de un minucioso viaje, pasa a ser molido y es una exclamación imponente que hace de sí su rúbrica.

Cada sorbo de ese café es un viaje de regreso a Galipán, es como aire limpio y bonito, es tierra empinada con ese aroma a humedad característico y a rocío, que es paz profunda y silencio de las cayenas, donde solamente existe en ese pequeño cuarto de zinc con nubes que descansan dentro.

Es, sin dudas, un sorbo de la montaña hecha aroma. . .

Galipán: Tierra de ser y estar para la poética de la existencia

“Galipán es bello, es un paraíso”

El volver a los recuerdos es la naturaleza profunda de nuestro encuentro en el mundo entre realidades y sueños, es reflexión e imaginación que da permanencia a las palabras y al poder que en sí mismas emanan: “Con esos significados que van de lo humano a lo divino, de los hechos tangibles a los sueños, las palabras reciben cierta densidad de significado” (Bachelard, 2011, p.59). Las palabras como instrumento para nombrar han sido definidas y redefinidas múltiples veces desde quienes la usan para delinear un pensamiento o como frenesí para develar la sabiduría de los pueblos.

Así, nos encontramos con la feminidad de la palabra entre el día y la noche, el cielo y la tierra, la montaña y el mar, en un ir y venir del pasado y el presente que armónicamente se acompañan para avivar el mundo que se vive, siente y sueña en palabras, donde: “De lo familiar amado a lo sagrado personal no hay más que un paso” (Bachelard, 2011, p.60).

Caminemos con las motivaciones afectivas, imágenes y pensamientos de Adelaida, para juntos comprender el vínculo entre la imaginación y la memoria, para dibujar su pasado como poética de la infancia que alimenta su vida hoy, el tiempo que cuenta “recuerdos puros” estacionados y andados en las florecidas tierras de Galipán.


Dionys: Buenos días Adelaida ¿Cómo estás? Hoy 12 de junio del 2025, estamos acá en la comunidad de Manzanares, haciendo ese diálogo necesario con las mujeres de Galipán. Un trabajo que venimos haciendo desde el año pasado desde San Francisco hasta San José. Y queremos desde las voces de las mujeres, escuchar sus experiencias, sus vivencias y ¿Cómo ha sido su vida acá en Galipán?, la historia, que la conecta este pueblo, ¿Cuáles son las costumbres o tradiciones de la gente aquí en Galipán? Pero, primero queremos que te presentes, tú nombre, ¿Cuántos años tienes?

Adelaida: Mi nombre es Adelaida Viana, tengo 65 años, he vivido toda mi vida aquí en Galipán y bueno espero vivir muchísimos años más todavía aquí.

Dionys: ¿Cómo ha sido tú tránsito en diferentes zonas de Galipán?

Adelaida: Bueno desde muy pequeños con mi papá, primero vivíamos en San Isidro, después en San Antonio, Manzanares. Otra vez en San Antonio y ahora en Manzanares otra vez.

Dionys: ¿Cómo fue que llegaste aquí a este lugar?

Adelaida: Después de la tragedia de Vargas. Eh, yo tenía mi casa en San Antonio y bueno el agua, la broma se la llevó, quedamos damnificadas y entonces nos dieron estos terrenitos.

Dionys: ¿Recuerdas ese momento?

Adelaida: No, no quiero, pero es horrible. Pero sí. Yo perdí un hermano ahí, él de la foto.

Dionys: Pero ¿Decidiste quedarte aquí?

Adelaida: Si, me gusta mucho Galipán, bueno siempre me ha gustado y nací aquí arriba en Galipán.

Dionys: ¿Por qué te gusta tanto Galipán?

Adelaida: Por su clima, por su gente, porque bueno aquí tengo a casi toda mi familia. Y es que no hay nada como Galipán. La tranquilidad, este es un sitio muy tranquilo. Las personas son muy unidas, nos ayudamos pues entre todos. Y bueno es bello, Galipán es bello. Es un paraíso, como no me va a gustar vivir aquí, aquí me quedo.

Dionys: ¿Cómo fue tu infancia Adelaida? ¿Tú papá y tú mama son de aquí de Galipán?

Adelaida: No, mi mamá es de Guarenas. Ellos llegaron aquí pequeños pues. Mi abuela los trajo pequeños. Y mi papá, mi papá si era de aquí de Galipán.

Dionys: Recuerdas sobre las primeras personas que poblaron Galipán. Algún cuento que te dijera tu abuela. ¿Quiénes poblaron este espacio?

Adelaida: Bueno, los españoles, casi todos eran españoles que empezaron a poblar Galipán. Después empezaron a llegar otras personas. Somos descendientes de españoles también. Porque tenemos mucha familia que es descendiente española.

Dionys: ¿Cuáles son las costumbres o las tradiciones más arraigadas de Galipán?

Adelaida: Las tradiciones, bueno los juegos de papagayos, juegos de bolas criollas, canicas, metras. ¿Qué otra cosa? perinolas, esos son los juegos tradicionales. Los dulces tradicionales de Galipán: cabello de ángel, durazno e higo.

Dionys: Y sobre las comidas tradicionales, emblemáticas de Galipán. Cuando uno dice voy a Galipán. ¿Qué debo comer en Galipán?

Adelaida: Bueno, aquí mayormente el galipanero, galipanero, así de más atrás de mí. La gente bueno come cochino. De los platos tradicionales pabellón, eso ha sido en todas partes y aquí en Galipán más.

Dionys: En San Francisco nos hablaron de las caraotas.

Adelaida: Caraotas, si, arroz, plátano y carne mechada. Y cochino, que siempre mataban en diciembre y eso, era una tradición.


Tierra y territorio: Árbol de la vida en Galipán

“Lo que más uno tiene que querer es la tierra”


Figura 2: Adelaida Viana en su sembradío de café - Galipán.
Fuente: Fuente: Rivas y Aguiar (2025).


Cuando el tiempo nos brinda la plenitud de lo hermoso y lo tranquilo, se viven los detalles del lugar como testimonio de la sencillez del paisaje. La imaginación impregna movimiento al fruto de la tierra, esta se hace crepúsculo, luz, neblina, belleza, aire y alimento para la vida.

Nuestro ser se impregna y estremece en el movimiento vivo de la florescencia y el valor del árbol y la vida vegetal. El espectáculo de la existencia subyace en el espectáculo natural que se fragua en la tierra, en la penetración de la semilla, las raíces que germinarán, las hojas que brotarán, las flores que nacerán y el fruto que nos alimentarán en una fiesta de placer y belleza que arde en las montañas y en la calma de la imaginación que renueva el brote del bosque y su sabiduría: “La vida vegetal, si está en nosotros, nos da la tranquilidad del ritmo lento, de su gran ritmo tranquilo. El árbol es el ser del gran ritmo, el verdadero ser del ritmo anual (. . . ) el más seguro, el más rico, el más exuberante en sus manifestaciones rítmicas” (Bachelard, 2012, p.276).

Estacionarse en el tiempo de la naturaleza, es el tiempo apacible en la montaña de Galipán que permite la renovación constante de las raíces, la sonoridad del viento y el aroma de las flores en el silencio lírico de la imaginación que siembra el árbol de la vida. Vamos a dejarnos llevar por estos parajes, mientras conversamos a la sombra del tiempo y el aroma a café como compañía:

Dionys: Adelaida cuéntanos ¿A qué te dedicas ahora?

Adelaida: Ahorita, bueno al cultivo del café. Cultivo y proceso café.

Dionys: ¿Nos puedes contar un poco cómo desarrollas esta actividad?

Adelaida: Bueno, empecé con un muchacho del Guárico que me motivó pues. Y pensando qué bueno que uno va envejeciendo y ya el trabajo de campo es muy pesado para uno. Porque yo sembraba anteriormente caraota, maíz, todas esas cosas pues. Pero, quería una siembra así permanente, que durará muchísimo más. Y él me motivó, me dijo que el café. Y bueno me trajo un kilo de café de allá del Guárico y yo hice mi semillero, arreglé mis maticas, acomodé mi terreno y empecé a sembrar mis maticas.

Dionys: ¿Y si se dio la tierra para sembrar el café?

Adelaida: Y si, bien bueno se ha dado el café. Cultivo café, recojo café. Lo recojo, lo proceso hasta llevarlo a la tacita.

José Gregorio: Adelaida mi nombre es José Gregorio, no me presente cuando llegamos. Te di la mano, pero no te dije mi nombre. Y quiero volver de niña. ¿Con quién tenías afinidad con tu mamá o con tu abuela?

Adelaida: Con las dos. Pero, más con mi abuela.

José Gregorio: ¿Y ellas también sembraban?

Adelaida: Si.

José Gregorio: ¿Y tú sembrabas con ellas de niña?

Adelaida: Sembraba con ellas.

José Gregorio: ¿Era como un juego para ti?

Adelaida: Si

José Gregorio: ¿Y todavía sigues jugando?

Adelaida: Ay, si todavía, y mientras pueda lo sigo haciendo. Yo también tuve unas siembras de fresa, también aquí bien bonita. Pero, eso, el problema de las fresas es que lleva mucho químico, mucho fertilizante y eso, porque ahorita siembras una matica y se la come la plaga y eso.

José Gregorio: Fíjate lo que hablamos allá afuera, cuando me mostraste el sembradío de café, de repente esa es la respuesta, que como de niña la siembra era un juego, permaneces sembrando, y el tiempo no pasa, la edad no pasa, porque es el juego de niños, no será esa la respuesta.

Adelaida: Eso en parte sí. En parte, porque bueno lo que acostumbran. Eso lo mantiene a uno, como se dice energético, vivo y es la tierra, es la tierra la que uno sabe que de la tierra vivimos, porque lo que nos comemos lo produce la tierra y bueno eso es lo que más uno tiene que querer, la tierra y la producción, lo que uno puede hacer en ella y con amor. Porque yo soy una enamorada no solamente del café, de esas plantas así, de las flores. Me gustaba más Galipán antes que ahora, ¿Por qué? Porque antes era, tu te parabas en cualquier sitio de Galipán y veías esos sembradíos llenos de flores bellísimos, claveles, girasoles. Ahorita hay, pero muy poco. Y que esto se ha convertido como en una selva entre pinos y eucaliptos y esas cosas, que la gente ha ido sembrando pues. Y siento como que los jóvenes, no tienen ese apego hacia la tierra pues, no siembran, no les importa si está feo o está bonito. El pino y el eucalipto es una planta que tu sembraste y solamente tienes que eliminarle el monte dos veces al año, tres veces y la gente lo ve más cómodo.

Dionys: ¿No es de aquí el pino y el eucalipto?

Adelaida: No (contesta moviendo la cabeza), el pino sí, pero el eucalipto no es de aquí. Ese vino ya después con el tiempo.

Dionys: Y fíjate, que la tierra es tan fértil que acepta todo.

José Gregorio: Adelaida, si yo te pido que me definas Galipán ¿Qué me dirías?

Adelaida: Bueno, lo definiría como un paraíso, o sea, una bendición de Dios o algo así, demasiado grande. Yo amo a Galipán.

José Gregorio: Nosotros también. ¿Cuál es su cualidad? Si, yo te digo con que se identifica Galipán ¿Qué me dirías?

Adelaida: Bueno, primero con su naturaleza, su frío hermoso, rico que hay, porque de verdad es lo mejor que tiene, el clima, la altura, lejos de la ciudad. Sano, es un sitio sano, un sitio tranquilo, todos nos conocemos. A pesar de estar distantes, somos prácticamente una sola familia, porque si uno tiene un problema, es como de todos pues, todos nos ayudamos.

Dionys: Si, es que nos sorprende como se conecta la gente de Galipán desde allá arriba hasta acá abajo.

Adelaida: Si, es que en cada sector tenemos familia y todos somos familia de alguna manera.

José Gregorio: Fíjate, eso es lo que define el amor. El amor es eso que tu problema sea mi problema y que tu alegría sea mi alegría y eso es lo que define el amor. Y tu acabas de decir que Galipán es amor, porque el problema del que está en San José es el problema del que está en Manzanares y la alegría del que está en San Isidro, es la alegría del que está en San Francisco.

Adelaida: Es cierto, así yo veo mi Galipán, ese Galipán hermoso.

José Gregorio: Y si yo te pido que te definas a ti misma. ¿Cómo te definirías?

Adelaida: Me defino como la persona más afortunada de esta tierra, gracias a dios por vivir en Galipán.

José Gregorio: ¿Cuál es tu cualidad más hermosa?

Adelaida: Mi cualidad más hermosa ¿Me la definiría yo misma? No creo. Bueno, mi cualidad más hermosa es que yo soy muy, como se dice, yo soy el alma por ejemplo de mi sector. Ayudo a muchas personas, como se dice, no económicamente, sino solidaria, las ayudo si tienen algún problema, si tienen algún, como se llama, si están en una situación que no saben qué hacer, siempre me piden consejos a mí, entonces yo soy como la consejera de ellas.

Dionys: Adelaida ¿Por qué tu escogiste este lugar para vivir? Nos contabas que tu sembraste toda esta zona.

Adelaida: Escogí este sitio, primero porque estaba cerca de mis hermanos. Y porque esta zona se veía como una isla, ahorita es que está un poco más poblada, se veía como una isla, donde yo tenía tantas ilusiones de hacer mi casita, el terreno, sembrar, ósea una isla donde no tenía ese monto de gente montada así al lado, que eso lo que trae es problema, porque realmente uno vive amontonado. Pero, me gusta eso, lo vi así, muy lindo este sitio.

Dionys: ¿Y lo sembraste?

Adelaida: Y lo sembré. Yo he sembrado por muchísimos años, ya tengo años sembrando, pero ahora tengo la nueva siembra que es de café desde hacen como seis años para acá, seis o siete años.


Traspaso de la memoria: “Conocimiento sensible”

“Yo les veo a ellos amor hacia la tierra también a los nietos, a mis hijos”


Figura 3: Adelaida Viana con sus flores - Galipán.
Fuente: Fuente: Rivas y Aguiar (2025).


La entrega de la memoria es la expresión más pura del esfuerzo de restaurar el “conocimiento sensible”, que capta la realidad de manera inmediata a través de la intuición, para aprehender la sabiduría humana en la gran aspiración de la noción de comunidad o en la noción del bien común, la cual responde: “a una doble dimensión espiritual y social que viene a constituir un todo con respecto al cual se halla el bien particular de los grupos y de los individuos (. . . ) cuyo cuadro de valores específicos del bien común se encuentra coronado por el Amor” (Rodríguez, 1980, p.51-52).

Estos relatos, consagran la entrega del amor a la tierra y los saberes para acariciarla en el afán de que sostenga la vida propia, la vida de la familia, la vida de la comunidad y como legado recibido a otorgar para existir en comunión y en diálogo recíproco para constituir un “nosotros” que honre la memoria heredada: “se produce una totalidad espiritual en la cual las personas se desarrollan hasta su plenitud” (Rodríguez, 1980, p.61). Disfrutemos de esta experiencia narrativa:

Dionys: Adelaida nos decías, que tú traes la tradición de la siembra de la enseñanza de tu abuela, tu mamá, a pesar de tu edad sigues haciéndola. ¿Qué pasará con esa tradición en un futuro? ¿A quién se le hereda?

Adelaida: Bueno, a los hijos míos no les gusta, para ellos dicen que eso es un trabajo de esclavos, trabajar la tierra, no le tienen ese amor a la tierra. ¿Qué va a pasar? Bueno, eso se va agotando. Son muy pocas las personas que trabajan la tierra.

Dionys: ¿A quién les dejas tú esos saberes?

Adelaida: Bueno, yo tengo un nieto que le gusta, que le encanta eso. Pero, no se sabe cuándo crezca, cuando este grande y mis nietas.

Dionys: Por ejemplo, esos secretos de la siembra, a quien se los dejas, porque eso tiene sus secretos, sus formas. La idea es que saber pueda ser entregado a las nuevas generaciones.

Adelaida: Si, enseñárselos a ellos. Bueno, a mi hijo menor él trabaja conmigo con la broma del café. Él es el que tiene toda la máquina. A él si le gusta eso, pero trabajar, trabajar como tal la tierra como tal no. Él es el que me ayuda económicamente para pagar a la persona que limpia el café, que hace ese trabajo pues.

Dionys: ¿Y lo vendes? ¿El café lo vendes?

Adelaida: Si, por aquí mismo.

José Gregorio: Adelaida, como te imaginas el Galipán de mañana. Tú nos decías que quieres vivir muchísimos años y ojalá así sea. ¿Cómo te imaginas el Galipán de mañana? ¿Cómo te imaginas a tus nietos? ¿Cómo te imaginas el parque completo? ¿Cómo te imaginas a tus hijos? Cuéntanos todo eso.

Adelaida: Gracias. Bueno mira, yo sé que mis nietos, mis hijos, los sobrinos y todos ellos, el futuro, ellos directamente no van a trabajar tierra, ni nada, porque bueno la mayoría están estudiando y son profesionales algunos y bueno tienen otra forma de vida. Pero, yo sé que a ellos siempre le queda que la tierra es la que realmente dá, la tierra es la que hay que querer, tenerle ese amor. Y ellos a través así sea como se dice pagándole a alguien que haga lo que ellos quieren hacer, pero no lo hacen pues, porque tienen otras ocupaciones, pero si yo les veo a ellos amor hacia la tierra también a los nietos, a mis hijos.



Figura 4: Adelaida Viana procesando café - Galipán.
Fuente: Fuente: Rivas y Aguiar (2025).


Dionys: Y eso es porque tú se los ha enseñado, ¿verdad?

Adelaida: Si, en específico a mi nieto varón más pequeño.

Dionys: ¿Qué le has enseñado a él?

Adelaida: Sembrar, como sembrar unas maticas de café. Él ha sembrado conmigo, él siempre se pone a sembrar maticas conmigo, le encanta las maticas de fresa que se las siembre y yo se las riego y las cuido para que él vea cómo van creciendo. Él me dice que esa es su herencia.

Dionys: ¿Qué te dice tu nieto Adelaida?

Adelaida: Él me dice, yo quiero que mi herencia sea una mata de fresa tuyas, me dice que todas, las quieres todas. Esas son mías, esa es mi herencia que tu me vas a dejar, porque eso es lo que me gusta.

José Gregorio: Oye que bonito, hay está garantizado que se mantenga el cultivo.

Adelaida: A él si le encanta eso. Y, bueno, el otro, que él está estudiando ahorita medicina, a él también le encanta desde pequeño ha estado más conmigo, Jorman se llama él, es de mi hijo mayor, a él también le gusta el trabajo del campo y lo ha hecho también y aquí me ayudaba mucho, porque a él si le gusta también. Yo tengo nietos que le fascina, que le encanta ese trabajo de la tierra y le encanta los animalitos, que si tener conejos, conseguir y cuidar animales pues.

José Gregorio: Y estamos seguros que el Galipán de mañana con la mano tuya está garantizado.

Adelaida: Siempre van a tener, por lo menos de mi parte el apoyo ellos, y sé que también lo van transmitir. Y tengo sobrinos que también les gusta. Yo tengo sobrinos que viven en Antímano y ellos están sembrando café también y todas esas cosas en Antímano.


Germinancia del patrimonio

La germinancia del patrimonio emerge como un nuevo valor patrimonial que identifica las cualidades propias de la herencia para trascender su origen geográfico y temporal. Más allá de la concepción estática de la conservación, la germinancia concibe al patrimonio inmaterial como un movimiento, como un verbo que se pronuncia en gerundio, aludiendo así, a la mujer y al hombre que, al desplazarse a nuevos territorios, no se degrada ni se pierde, ni cambia, sino que brota con una identidad renovada. Es la esencia de lo heredado actuando como una semilla resiliente que, al entrar en contacto con nuevas realidades, se adapta y florece, integrando la savia del presente para mantenerse joven, relevante y sobre todo, profundamente vivo.

La germinancia del patrimonio, entonces, es un patrimonio vivo y en desplazamiento, rompiendo así, con la idea de aquel patrimonio que alude a la memoria. Aquí es un ejercicio de vida. Tal y como lo señala Smith (2006), “el patrimonio no es una cosa o un sitio, sino una práctica cultural” (p. 162). Adicionalmente, hace referencia a que el patrimonio es lo que hacemos, no lo que tenemos. Develando la propiedad de la semilla de ser cambio permanentemente, a la vez que no es estática, sino que se mueve por todas las tierras donde pueda hacer lo propio. Finalmente, la germinancia es una manifestación viva del individuo y su hacer, sea cual fuere el lugar donde esté.

Y como las semillas que viajan en las mujeres y hombres de todos los tiempos, continuemos leyendo la entrevista conversacional de estos amigos de las montañas:

José Gregorio: Ese es otro valor patrimonial emergente que hay que darle un nombre, ver la continuidad, la herencia.

Adelaida: Si señor, porque mi hermana es galipanera y a ella le fascina la tierra también y ella se llevó su cultura para allá, su obra de siembra y eso pá Antímano y ella siembra. Antímano eso es un barrio prácticamente donde ellos viven y el terreno donde ellos viven es bellísimo porque tienen siembra, tienen café, tienen plátano, cambur, bueno yo aquí también. Eh, siembran maíz y mi sobrino yo lo veo a él yo lo veo como un genio, porque es que se las inventa, él hace las trilladoras esas de café, las hace él, compra todas las bromas, no sé si las ve por internet, pieza por pieza y esa unas bellezas y él también tiene amor a eso.

José Gregorio: ¿Las trilladoras que hace?, lo que lo muele.

Adelaida: La que le saca la conchita esta, la segunda conchita. Déjame ver para enseñarte lo que se llama trillar, pero tengo que hacerlo con uno solo. Mira, es quitarle esta otra conchita. Eso es lo que queda. Esto es el café.

Eso tiene como cinco procesos. Porque primero recogerlo, después expulparlo, después ponerlo a secar durante varias semanas, después trillarlo que es quitarle esta conchita, después de esto tostarlo, después yo lo envaso y después lo voy moliendo.

El amor suele definirse como un ejercicio o experiencia emocional individual, centrada en el vínculo afectivo hacia otro ser individual. En lo alto de las montañas o donde la mar hace orilla, la palabra se expresa en el arraigo a la tierra, el amor surge en la mirada de lo colectivo, de una red de acciones donde el lenguaje descansa en la voz compartida, en la cascada de sueños que se funden en un “nosotros”, en la fuerza y el equilibrio que ejercemos para fortalecer la comunidad y el apoyo mutuo en el espacio familiar que trasciende las dimensiones del tiempo y el espacio.

Este conocimiento sensible que emana de los mitos en torno a la tierra, el amor es el vestigio evidente y observable de la unidad originario del ser humano con la memoria de la tierra:

Los mitos surgían de la tierra, abriéndola para que con el ojo de sus lagos mirara el cielo (. . . ) Los mitos encontraban así de inmediato las voces de los hombres (. . . ) El hombre expresaba la tierra, el cielo, las aguas. El hombre era la palabra de ese macro – antropo que es el cuerpo monstruoso de la tierra (. . . ) el mundo es cuerpo humano, mirada humana, voz humana (Bachelard, 2011, p.282).

Aquí, convocamos al amor para despedirnos de Galipán y su gente:

Dionys: Adelaida, danos un mensaje final, un mensaje bonito sobre Galipán, sobre tu vida. Un mensaje que quedé para la posteridad. Un mensaje que les quedé a tus nietos, a los que puedan ver este vídeo.

Adelaida: Que mensaje le pueda dar yo a Galipán. Bueno, el mensaje que yo le doy, sobre todo a mi gente aquí de Galipán, es que no se pierdan las tradiciones, las costumbres, que eso tiene mucho valor, el valor más grande “el amor”, el amor hacia esta tierra tan bella que de verdad Dios nos premió, por darnos este lugar para vivir. De verdad que es demasiado hermoso. Yo por ejemplo lo amo, lo amo de verdad y todo en él es bonito, el viento, el agua, el sol, todo lo que venga es bello, porque es en Galipán. De verdad que sí, dígame cuando hay esos días así nublados, que uno no ve nada de aquí para allá, bien bello. Entonces, bueno que no pierdan las costumbres, las tradiciones. Ahora sí, voy a mostrarles.


Resonancias sentidas

Nosotros, no queremos que esta narrativa sea solamente leída, sino que sea sentida, que trascienda en la tradición y la oralidad. Que no sea un recuerdo de algo que se aloje en una memoria breve de una lectura fugaz, sino que toque el alma de todas las voces que hemos conocido en estos lugares.

Las huellas de la mujer galipanera no solo habitan en la montaña que se observa desde Caracas, la entroniza. Es por ello que la herencia deja de ser una transferencia de símbolos, se transfigura en un proceso vivo, que se hace un hoy, momento a momento (Aguiar, 2023, p.29). Aquí, la tierra donde se siembre el café y la flor de cayena que delinea un lindero, dejan de ser aquello, para transfigurarse en lenguaje, resistencia, arraigo, aromas y amor.



Figura 5: Adelaida, Dionys Cecilia Rivas Armas y José Gregorio Aguiar López.
Fuente: Fuente: Rivas y Aguiar (2025).


Descifrar Galipán desde esta perspectiva es reconocerla como esencia viva (Aguiar, 2018, parr. 111), tiene cuerpo y a la vez, tiene aliento. Es flor y a la vez perfume que se confunde en la niebla, quedando suspendido en el aire para que todos la perciban. El paisaje está allí, sin embargo, es tu compañero cuando caminas desde Manzanares, visitando a Judith Guevara, hasta San Isidro, para buscar un carro de montaña que sirva de transporte de regreso a casa. Es identidad, es sentimiento y es altura: Un hogar donde todos queremos vivir. Y cuando nos referimos a “reconocerla”, es porque consideramos que Galipán es mujer.

Gracias a la mujer galipanera, hemos sido tocados, a su vez, por nuevos valores, por valores emergentes, que se tejen, destejen y entretejen (Cadenas, 2014, p.65), a partir de una geografía que se hace diluble, un tiempo que se abstrae y de un amor que se saborea, cual, si fuera un café humeante, cuyo escenario es la niebla. Estas resonancias sentidas aluden a los ecos de estas praderas y a las subjetividades de nuestras emociones: sus espectadoras son las mujeres galipaneras. Sin haberlo tenido planteado, hemos sido testigos de la humanización de las flores, de los sembradíos de café, de los senderos y de los recuerdos de las mujeres en la montaña de Galipán. Ellas les dan vida y las sienten presentes en los lugares preferidos de su casa. Allí estuvimos nosotros, junto a ella, junto a ellos, todas esas entidades que le acompañan en cada momento.

Así, la palabra “amor” está dentro de la palabra “aroma”, o más bien, se acompañan mutuamente, perennemente, haciéndose transmaterialidad, como la mujer, como Galipán.



Biografía

Sesenta y cinco años han transcurrido para que Adelaida Viana, mujer galipanera, floricultora y caficultora, haya erigido una historia maravillosa y trascendente. En ese transitar Adelaida nos cuenta su historia, se materializa en tres hijos: una hembra y dos varones, los cuales hacen de sus vidas el reflejo de lo que su tierra inspira. Ella se trenza en las cayenas, mira al mar y cuida del sembradío de flores y café. En su acogedora casa transcurren sus días y vive sin tiempo, siendo caricias, como las brisas frescas de Galipán.



Referencias bibliográficas

Aguiar López, J. G. (2018). Nuevos valores del patrimonio. Epistemes emergentes. Revista Caribeña de Ciencias Sociales, (julio). https://www.eumed.net/rev/caribe/2018/07/patrimonio-epistemes-emergentes.html

Aguiar, F. (2023).Sistematización de experiencias y método de proyectos de aprendizaje: vidas historiadas como metodología investigativa. Fondo Editorial CEIPA. https://hdl.handle.net/20.500.13018/396.

Bachelard, G. (2011). La poética del espacio. Fondo de Cultura Económica.

Bachelard, G. (2012). El aire y los sueños. Fondo de Cultura Económica.

Cadenas, R. (2014). Naiguatá. Un espacio histórico y cultural para tejer y destejer las tradiciones. [Tesis de doctorado]. Universidad Pedagógica Experimental Libertador, Instituto Pedagógico de Caracas.

Rodríguez, A. (1980). Jacques Maritain y la sociedad comunitaria. Monte Ávila Editores.

Smith, J. (2006). Uses of Heritage. Routledge. https://books.google.co.ve/books?id=bYx_AgAAQBAJ